Hoy día mucho se habla de cómo introducir la alimentación complementaria en la dieta de los bebés. Siempre he tratado en todos los aspectos de mi vida de no guiarme por modas sino investigar bastante sobre el tema en cuestión y una vez tenga todos los ángulos cubiertos tomar una decisión.

Desde que soy madre, esta filosofía la aplico aún más y sobre todo no creo en los extremos, por el contrario, les huyo. En ese sentido, quiero hablarles de mi experiencia a la hora de darle comida diferente a la leche a mi bebé.

Lucas, desde que nació, ha sido como decimos en mi tierra muy buena muela. Cuando cumplió cuatro meses, su pediatra nos autorizó a comenzar a darle comida en forma de papillas. Ya había investigado muchísimo sobre el Baby Led Weaning (BLW) –técnica que hoy está en auge–, sobre sus beneficios, ventajas, desventajas y decidí que no era una técnica para mí. No me funcionaba. Lo que no quiere decir que a otras mamás no les funcione ni que esté en contra de ella.

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¿Por qué no me funciona?

La razón principal porque no me gusta que se bote la comida y aún menos sabiendo la cantidad de personas que en mi país no tienen qué comer, para mí dejar que mi bebé juegue con algo tan preciado como la comida no es viable.

No me gustan los regueros extremos. Soy una mamá de 24/7 con mi bebé, trabajo desde casa, no tengo niñera, entre mi esposo y yo hacemos todo por lo que agregar un desastre más que conlleva el BLW para mí no es una opción.

Además, Lucas no estaba quedando satisfecho solo con la leche y darle a probar otra comida desde chiquito fue lo máximo para él. En el BLW hay que esperar hasta los seis meses.

alimentación tradicional

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Mi propia técnica: un poco de todo

Sin embargo, como dije al principio, yo no soy de extremos. Entonces, decidí tomar lo que los expertos en BLW mencionan como sus principales ventajas y aplicarlas a mi manera con mi bebé.

Por ejemplo, algunos nutricionistas que apoyan este tipo de alimentación complementaria aseguran que ayuda al desarrollo de la motricidad fina del bebé, pues permitirle que tome con las manos la comida favorece el movimiento de sus deditos y el agarre.

Nosotros, desde los tres meses de edad le íbamos haciendo ejercicios a nuestro bebé para este tema y su motricidad siempre ha sido perfecta, incluso respondiendo a movimientos más avanzados que los propios de su edad.

Siempre, o casi siempre, procuramos que Lucas coma al mismo tiempo que nosotros, desayuno, almuerzo y cena; él sentado en su sillita a la mesa con todos. Para mí no hay ningún problema en irle dando sus cucharadas de comida a medida que yo como la mía. Las meriendas sí varían dependiendo de tiempo y lugar donde estemos.

A veces mete la mano en su plato –es normal, todos los bebés lo hacen– o ya quiere comer solito, entonces en ocasiones lo dejo agarrar la cuchara y lo dirijo.

Que el bebé se alimente a demanda, es decir, que coma lo que quiere y no se le obligue. Afortunadamente, Lucas nunca, o casi nunca tiene problemas para comerse todo lo que le sirvo, pero cuando tiene poco apetito lo dejo comer hasta que quiera, nunca lo obligo.

alimentación tradicional

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Entre los cuatro y seis meses le di todo en forma de papilla, a partir de que se sentó perfectamente le comencé a introducir cada vez más los sólidos y hoy día con sus nueve meses de vida y sus dos únicos dienticos come hasta granos sin necesidad de licuar.

No le disfrazo los alimentos, salvo el arroz que no es de sus favoritos, entonces se lo mezclo con la proteína o los vegetales. Cada vez que le sirvo se diferencia bastante bien cada alimento y trato de hacerle platos coloridos para que le llamen la atención.

Por lo menos un día a la semana (si tengo tiempo suficiente) dejo a mi bebé que coma con las manos, pero trato de asegurarme que sea algo que le guste mucho para que no deje nada, como por ejemplo el brócoli, el celery, arepa o panquecas de avena con banano.

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Creo que así como está sucediendo con la lucha de la fórmula versus la lactancia materna exclusiva, no podemos satanizar ninguna práctica frente a la maternidad.

Ambas técnicas son buenas dependiendo del estilo de vida que lleve la mamá, su paciencia, su capacidad de tiempo y en últimas lo que mejor le parezca para su bebé. Siempre obtener el lado positivo de todo en lo que a nuestros hijos se refiere será una ganancia.

Recuerda, una mamá feliz cría a un bebé feliz.

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