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La disciplina, obediencia y autonomia en el niño, es una triangulación ideal para convertir niños en hombres exitosos, minimizando sus frustraciones e impulsando cumplimiento de objetivos. Es un proceso gradual que debe ser enseñado a los niños poco a poco con amor, paciencia y firmeza.  Consiste básicamente en  guiar a los hijos para que sepan qué está bien o mal, pero requiere una inversión importante de tiempo expresada en criterios de calidad y cantidad.  Requiere hacerlo con consistencia, congruencia (practicar lo que se exige) y persistencia.

El papel de la disciplina

Es comprensible, e incluso saludable, que muchos padres muestren preocupación por la disciplina de sus hijos.  Desafortunadamente cuando se trata este tema, la mayor parte de las inquietudes giran en torno a los castigos: cuándo es el momento y cuál es la forma de castigar a los niños; si es menos nocivo el castigo físico o el llamado castigo psicológico y otras inquietudes semejantes.

Ser disciplinado no consiste en renunciar de manera permanente a disfrutar y a buscar satisfacción, ni tampoco vivir sometido a unas normas rígidas; implica renunciar a la actuación caprichosa y arbitraria aceptando leyes que trascienden a todos y permiten tener una mejor vida en familia, la cual no puede lograrse sin una adecuada comunicación.

Hay que tener presente que establecer autoridad en casa no es ser inflexible y estricto. Los niños deben reconocer  el poder de los padres como un proceso que se construye con una relación amorosa y firme. Es importante hacer exigencias razonables y tener cuidado de no pedir más de lo debido, tener expectativas muy altas puede llevar a los  niños a la  frustración por no responder a lo que los padres esperan.

El niño que es abandonado a su propia voluntad tendrá problemas más adelante cuando enfrente pruebas y frustraciones, porque puede llegar a demostrar el hábito de actuar por impulso. La impulsividad es uno de los grandes males que resultan de la falta de disciplina o límites.

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Con las reglas

  • Al fijar las normas, recuerde que sean razonables. Es decir, pocas y que el niño pueda cumplir.
  • Defina claramente las conductas permitidas y aquellas que no tolerará. Comuníquelas en términos claros y sencillos, de tal forma que resulten comprensibles para su hijo. Hágalo todas las veces que sea necesario
  • Determine las sanciones que ocasiona  el incumplimiento de las normas establecidas. Si lo considera necesario, discuta con el niño este punto. Así habrá menos posibilidades de que las considere injustas o arbitrarias.
  • Explique el porqué de los límites y déjelo dar sus propias ideas. Esto le permitirá al niño desarrollar la autodisciplina y el autocontrol, y no solo la obediencia
  • Cuando el niño cometa una falta, muéstrele las consecuencias de su acción y ayúdelo a realizar un acto reparador.
  • Revise periódicamente su plan de disciplina para determinar si en realidad el niño está cambiando sus conductas en forma consciente o si algo está pasando.

La Sanción

  • Es aconsejable usar la  sanción solo en aquellas conductas que no pueden manejarse de otra manera. Para hacerlo suprímale al niño algunas de sus actividades preferidas como ver televisión o jugar.
  • Tenga en cuenta aplicar castigos moderados. La crueldad, además de atentar contra la dignidad del niño, fomenta sentimientos de rencor y origina conductas agresivas y de excesiva rebeldía
  • Es clave que el castigo sea  inmediato especialmente para los niños más pequeños, pues así entienden mejor la relación entre esa mala acción y las consecuencias que ella trae.
  • Castigar unas veces sí y otras no el mismo comportamiento, desorienta al niño y hace que desconfíe de sus padres.
  • Sancionar con justicia permite que el niño reflexione sobre su actitud e intente modificarla. Vale la pena aclarar  que los niños responden muy poco a las reprimendas, a los gritos y a los insultos. La colaboración y el respeto son eficaces para  educar.
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Para que funcione la disciplina…

  • Hágale saber al niño qué es lo que espera de él y la forma como puede cumplir con ello. Si cree que es importante que se encargue de tender su cama, enséñele cómo hacerlo más fácilmente.
  • Sea constante y consecuente con las exigencias disciplinarias. Si le prohíbe salir a jugar antes de hacer tareas, no ceda en esto sí ha llegado una visita o si no está de ánimo para supervisarlas.
  • Establezca acuerdos previos con su pareja acerca de la educación de sus hijos para evitar desautorizarse en presencia de ellos.
  • Acuda lo menos que pueda a los regaños, las amenazas o los castigos físicos. Aunque estos controlan los comportamientos negativos, pocas veces los corrigen realmente.
  • Tenga en cuenta la edad del niño para establecer los límites, las reglas o las restricciones.
  • Los discursos largos y los sermones no son efectivos. Mejor estimule las conversaciones francas y abiertas.
  • Sea firme en la negativa a ceder ante las demandas sin razón de los niños o a complacerlos en cada uno de sus caprichos; es importante que aprendan que no siempre pueden hacer su voluntad o satisfacer  todo lo que se les ocurra.
  • Para ser un buen padre, acuda al sentido común. Esfuércese por conocer a cada uno de sus hijos y con seguridad encontrará la forma más acertada de educarlos.
  • Sea un buen ejemplo y testimonio de aquellos valores que usted desea promover en sus hijos.

La obediencia

La acción  de obedecer es aquella en la que  se acatan normas, órdenes, reglas  y comportamientos.  Es necesario enseñar al niño a obedecer a los adultos, porque esta obediencia forma parte del aprendizaje del control y regulación de la conducta, de la asimilación las reglas, las cuales irá asimilando primero en el plano externo, haciendo las cosas como el adulto le dice para agradarlo, y ganarse su aprobación y elogio; y posteriormente, si el niño es debidamente estimulado por el adulto, por propio deseo, aprendiendo a controlar su conducta y cumplir las reglas de manera consciente, ya no para agradar a nadie sino por la satisfacción que esto le produzca.

Desde bien pequeñito al niño se le enseñará a cumplir sencillas órdenes, que irán complicándose después, en la medida que su desarrollo así lo permita, pues el proceso de socialización es largo y complejo. Si bien es preciso enseñar al niño a ser obediente, esto no quiere decir que sea una obediencia ciega, siempre se le debe explicar el porqué es necesario que haga las cosas que se le pidan.

En el libro ¨El Arte de Criar Hijos Felices: Equilibrio Entre Disciplina y Afecto¨ el autor hace una recomendación para ayudar a los criadores a reforzar la obediencia en los niños, son atención, reforzamiento y desarrollo de una tabla de puntos.

Atendiendo este tipo de atención se refiere a describir al niño su conducta; en este caso toda conducta buena y aceptable. Es como si el padre estuviera narrando un evento deportivo; realizando un comentario constante de lo que el niño está haciendo. Cuando el niño emite una conducta negativa el padre deja de dar atención, es decir no describe lo que el niño está haciendo.

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Las metas de Atender, son desarrollar en los padres destrezas de prestar atención al niño cuando este se está comportando en una forma adecuada, y así comenzar a desarrollar asociaciones entre conductas positivas y consecuencias positivas.  Adicionalmente, se trata de ofrecerle al niño un tiempo para obtener atención solo para él. De esta forma el niño va a prendiendo que no necesita portarse mal, para obtener atención de sus padres.

  •  Refuerzos o Recompensas: luego que los padres han adquirido la destreza de “atender”, se incluye una nueva destreza que es la de reforzar.  Se plantea  que una de las cosas más importantes para aprender es como ofrecer una recompensa. Así como prestar atención, las recompensas pueden aumentar cualquier conducta. Cualquier conducta (buena o mala) a la cual sigue una recompensa probablemente ocurrirá con más frecuencia.  Los padres pueden usar recompensas en conjunto con prestar atención.

Las recompensas que suceden inmediatamente después de una conducta son las mejores, mientras más tiempo transcurra entre la aparición de una conducta y su recompensa, la recompensa será menos efectiva.

Una de las cosas más importantes acerca de dar una recompensa es decirle al niño porque él está recibiéndola. Si no se le dice que fue lo que le gusto, él no va a saber que hacer la próxima vez para ser recompensado.

  • Establecimiento de una Tabla de Puntos: una tabla de puntos es un contrato que desglosa los acuerdos negociados entre padres y niños. Es un tipo de documento que justifica las expectativas parentales, y los derechos otorgados al niño por su conducta apropiada. Para lograr esto los padres deben definir las conductas con las que quieren trabajar. Luego se debe establecer el criterio por el cual el niño obtendrá el premio, esto es, qué debe hacer el niño para obtener el premio o los puntos. Se debe hacer una lista de los premios, y estar seguros que estos premios son importantes para el niño, y lo suficiente para motivar su buena conducta. Es importante que los padres tengan disponibles los premios ofrecidos. Sería muy frustrante y contraproducente que el niño cumpliera su parte y el padre no.

Y la autonomía… 

La autonomía es la base del aprendizaje durante toda la vida. Se fortalece a medida que los niños se dan cuenta de que la responsabilidad por sus acciones les pertenece a ellos mismos. Ser autónomo permite al niño crecer seguro, capaz, responsable, inteligente, disciplinado, tranquilo y feliz.

Si en cada etapa de la vida enseñamos a los niños todo aquello que están preparados para aprender, se sentirán dispuestos y encantados de hacerlo. DISFRUTARAN APRENDIENDO. 

El cometido de los padres y madres consiste en enseñar, permitir y animar a sus hijos a valerse por sí mismos. Si queremos que nuestro hijo se convierta en una persona autónoma, tenemos que enseñarle, en las primeras etapas de su vida, todo aquello que está preparado y dispuesto a aprender. Debemos armarnos de paciencia y mantener una actitud positiva. De lo contrario, retrasar sus aprendizajes porque tenemos prisa y no hay tiempo para comer o vestirse sin ayuda, para que recoja solo sus juguetes, etc., los dificulta y complica, tendríamos que prepararnos para que dependan de nosotros o para depender nosotros de ellos, realizando las tareas que ellos podrían hacer.

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A lo largo de la infancia, pasar de una etapa a otra supone un esfuerzo, debido a que para ello es necesario desprenderse de lo conocido y afrontar lo desconocido; sin embargo desprenderse no requiere sólo esfuerzo, implica también la satisfacción de lograr algo que solamente podrá alcanzar si asume el esfuerzo. Esto es crecer y es un proceso crucial que requiere de la ayuda de los padres y madres. Puede suceder que cuando comprueban que a sus hijos les cuesta tanto dar pasos hacia la autonomía, evitan que se esfuercen, evitando también el disfrute de los nuevos aprendizajes. “Yo solo”, “ya puedo”. El esfuerzo del desprendimiento es fundamental para poder crecer.

Autonomía, disciplina y obediencia, la autonomía está relacionada  con el desarrollo de la disciplina interna y con la disciplina externa u obediencia. La disciplina interna supone la autodisciplina, el autocontrol, el equilibrio interno, que los niños van adquiriendo cuando sienten seguridad. Es la capacidad para controlar su mundo.

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Padres, educar es una tarea compleja que requiere esfuerzo y sentido común para actuar de la mejor manera ante las distintas situaciones de la vida cotidiana. Enseñar supone un gran esfuerzo por parte de todas las personas implicadas, las personas adultas y los niños. Pero es un esfuerzo que merece la pena realizar, pues el objetivo final es el desarrollo integral de la infancia, para que crezcan en las mejores condiciones, en un ambiente tranquilo, que fomente el desarrollo de personas autónomas, seguras de sí mismas y a gusto con los demás.

Dra. Mariangel González Medina

Pediatra – Puericultor 

Otorrinolaringólogo

Corporación ATIEMPO

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