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Así como durante mi embarazo y en estos diez meses que llevo como mamá, he tratado de documentarme bastante para cada etapa de este nuevo rol en mi vida. Ya les había escrito acerca de las crisis de crecimiento pero quería esperar pasar la de los ocho meses para contarles mi experiencia.

Desde mi vivencia esta ha sido la crisis más fuerte que hemos atravesado, pues a partir de esta edad el bebé comienza a crear conciencia de que es una personita aparte de nosotros y eso les genera angustia. De allí el término de “angustia a la separación”. Esta no es una crisis de crecimiento, como a veces se tiende a confundir.

Para esta etapa, de acuerdo con lo que nos explicaba nuestra pediatra, los bebés también comienzan a definir aún más su personalidad, probablemente dejen de ser tan simpáticos con todo el mundo para empezar a rechazar a los extraños o a quienes no les generan muy buena energía.

La “mamitis” se agudiza. No se quieren despegar de su mamá y esto puede afectar su rutina de sueño nocturno ya que les angustia separarse de ella.

Algunos pediatras y psicopedagogos aseguran que esta crisis es más fuerte en niños que para esta edad están todo el tiempo en casa que para aquellos que ya van a guardería o maternal.

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 Algunos signos para reconocer esta crisis

Tu bebé puede manifestar algunos comportamientos que pueden avisarte que ha entrado a esta etapa, como por ejemplo, llora cuando no está en tus brazos o cuando te pierde de vista. Está serio o también llora cuando desconocidos se acercan.

Posiblemente se sienta incómodo en sitios que no ha frecuentado o frecuenta muy poco. Se despierta varias veces en la noche.

Nuestra experiencia

Creo que leí tanto sobre el tema y tenía tan presente los relatos de algunas mamás que ya pasaron por esta etapa que no me pareció tan terrible. O tal vez no nos fue tan mal como esperábamos.

Mi bebé sí tuvo regresión en su rutina del sueño. Comenzó a despertarse nuevamente en la noche hasta dos o tres veces –ya esto lo superamos–. Frente a esta situación, cuando vi que era todas las noches decidí no desgastarme tratando de mantenerlo en su rutina sino llevármelo a dormir con mi esposo y conmigo.

¿La mejor o peor decisión? No sé si fue la mejor decisión, porque ahorita pide que lo pasemos a nuestra cama a las 5:30 a.m., pero sí fue lo que nos funcionó en esas semanas para no enloquecernos de cansancio.

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El miedo o rechazo a los extraños con Lucas no nos ha pasado. Él es, como decimos coloquialmente, un “regalado”. Se da con todo el mundo. Han sido muy pocas las ocasiones en las que genera algún tipo de resistencia con alguien que lo quiere cargar o lo saluda –claramente, no dejamos que cualquiera se le acerque– sin embargo, él no ha cambiado su estado natural que es “puras risas” con todos.

Lo cual agradecemos mucho, pues nos facilita muchísimo el compartir en sitios públicos.

Como siempre les aconsejo, paciencia y mucho amor que todo pasa. Pero también les puedo recomendar, si son mamás 24/7 como yo, que están todo el tiempo con sus bebés traten de salir a la calle, sitios públicos, reunirse con otras mamás, o con sus amigos así no tengan hijos para que se mantengan familiarizados con entornos en los que no son solo mamá y bebé.

Déjense ayudar y no carguen todo el peso sobre sus hombros porque el peor enemigo de las mamás es el cansancio. Este no nos permite pensar con claridad, mantener el control y menos la paciencia. Sean creativas y recursivas. Busquen en internet diferentes actividades que puedan realizar con su bebé para mantenerlo ocupado y distraído.

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Traten, en la medida de sus posibilidades, seguir las rutinas que han creado, así habrá un menor descontrol durante este proceso y podrán superar esta crisis sin tanta angustia.

Recuerda, una mamá feliz cría a un bebé feliz.

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