Este artículo lo escribo desde lo más profundo de mi corazón, desde ese lugar remoto donde he aprendido a encapsular el dolor, la nostalgia, la impotencia e incluso la rabia por la realidad que nos ha tocado vivir a muchas mamás hoy día, más si somos venezolanas.

También dedico este texto a todas las mujeres que por alguna razón han emigrado de su tierra natal para hacerse un futuro mejor en otro lugar lejos de su familia.

Esta vez no les tengo muchos consejos…

Les tengo mi vivencia, con la que solo espero desahogarme y que sientan que no están solas, que somos muchas mamás las que lidiamos cada día con un mar de sentimientos encontrados y tenemos que hacer de tripas corazón para salir adelante.

En enero de 2019 cumplo ocho años que dejé mi país. No todo ha sido color de rosas pero siempre trato de ver el lado positivo a todo, de mantener el vaso medio lleno. No sabía si me casaría algún día (les confieso que no estaba en mis planes), pero conocí a quien hoy es mi esposo y todo ha resultado extraordinario. Siempre supe que sería mamá. Eso sí siempre estuvo en mis planes.

Pero nunca imaginé que un hijo mío nacería fuera de Venezuela y lejos de mi familia. Eso no solo no estaba en mis planes, jamás me pasó por la mente. El tiempo fue pasando y yo quería ser mamá para los 30. Comenzamos a buscar a nuestro bebé, se demoró un poquito en llegar pero al final todo salió como lo esperábamos.

Sin embargo, en esta melodía apareció un bemol muy grande. Mi familia no podría estar para el nacimiento de mi bebé; el tercer nieto pero el primer varón. No porque no quisiéramos, sino porque la situación país no lo permitió. Para el momento de la llegada de Lucas mi familia no pudo viajar y aunque analizamos una y mil veces la posibilidad de tenerlo en Venezuela, al final esa opción se fue diluyendo más y más.

mamá migrante

Foto Referencial

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Las razones son obvias, por eso admiro sobre manera a cada una de las mujeres que en medio de las adversidades que atraviesa Venezuela deciden formar una familia allá. Yo no me considero, a estas alturas, capaz. Mis respetos para todas ustedes.

Pero tener a mi bebé en otro país ha traído un costo emocional muy grande. Tal vez estoy susceptible porque en dos meses cumple un año y me duele pensar que no ha podido conocer a sus tíos maternos, a sus primas, a su “Abu”. Más me duele pensar que Lucas pudo conocer a su “Aba” solo hasta los seis meses.

Nuestros bebés también son venezolanos

Sentirse “sola” es duro. Y eso que en mi caso cuento con mis suegros, pero con todo el respeto y el amor que ellos se merecen, no es lo mismo y sé que muchas de ustedes me entenderán. No es fácil saber que las visitas a casa de la “aba” se limitan a los momentos que nos podemos conectar por FaceTime, Skype, Whatsapp, que nos ha tocado vivir nuestros encuentros en aeropuertos, donde las bienvenidas y despedidas son nuestra realidad.

Enseñarles a nuestros bebés que Venezuela está pasando por un momento muy oscuro pero que una vez fue un país hermoso, lleno de bondades y que recibió a personas de todo el mundo con los brazos abiertos para que construyeran su futuro ahí es una tarea de historia diaria que tenemos que agregar a nuestra agenda.

Tenemos una carga doble sobre nuestros hombros, que como mamás decidimos aceptar una misión y es decirle a nuestro bebé colombiano, estadounidense, chileno, alemán, francés, canadiense, que su corazón y sus raíces también son venezolanas.

mamá migrante

Foto Referencial

Nos ha tocado sacar el máximo provecho a ese mes o par de meses que nuestros papás pueden pasar con nosotros y hacer que disfruten hasta las trasnochadas porque no sabemos cuándo podremos volver a compartir.

Abarrotamos nuestros celulares y cámaras con fotos de cada movimiento pues son los recuerdos que luego nos quedan para mostrarles cada día a nuestros bebés su otra familia.

Pero como de todo hay que ver lo más y no lo menos. Agradezco la tecnología. Que podemos estar al alcance de nuestras familia con un clic y así mismo nuestro bebé. Que podemos pedir las recetas fabulosas a nuestras mamás a través de un chat o videollamada. Que, como un día me sucedió, Lucas no se calmaba con nada. Llamé a mi mamá y con sus cantos milagrosos lo logró dormir a través del celular.

Agradezco la riqueza cultural de la que hoy son protagonistas nuestros bebés. Eso es maravilloso. Recuerden que no están solas, apóyense en otras mamás. Como siempre les digo, una mamá feliz cría a un bebé feliz.

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