Oscar Wilde escribió: “amarse a uno mismo es el principio de una historia de amor eterno”. Aprender a estar contigo mismo y a quererte como nadie lo ha hecho es el significado destacable del amor propio, comenzando por no tomarte nada personal, ni lo que digan otras personas sobre ti, tu personalidad o carácter. Toma en cuenta que casi siempre las críticas son un reflejo de su realidad no de la tuya.

Cuando el amor propio no está bien nutrido y cuidado, las personas se sienten pérdidas, y cuando lo alimentan de forma positiva es como si creciera todo un jardín lleno de hermosas flores desde adentro hacia afuera.

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¿Qué hacer para cultivar ese jardín?

No cambies para que la gente te ame, la premisa del amor propio es ser uno mismo para atraer a las personas idóneas a nuestra vida, esas que vibran en la misma sintonía que nosotros.

Suelta todo lo que te estanca y no te deja ser feliz, sean lugares, personas o cosas materiales. Quítate ese peso para que puedas elevarte en tus propias alas.

No esperes que todo el mundo te quiera. Recuerda que siempre cuando se trata del amor propio tú eres la prioridad, y eso no es egoísmo, es salud y bienestar emocional. Nunca debemos cuestionar nuestro valor como personas, así como tampoco podemos permitir que otro nos menosprecie o ponga en duda nuestras virtudes. Eres tú quien conoce tu verdadero valor y lo que verdaderamente mereces.

El amor propio florece cuando te aceptas tal cual eres y comprendes que cada día es una oportunidad para crear una mejor versión de ti, feliz y fuerte ante las complicaciones.

Enlaza el amor propio con la gratitud, y verás la paz y la armonía llegar a cada momento de tu vida. Conecta con esa fuerza dentro de ti y aprende a reconocerte con confianza y verdadero valor.

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