La psicóloga y una de las autoras del libro ¡Ayúdame a despegar! Acín Rivera comentó que los padres sí pueden transmitir sus experiencias traumáticas a sus hijos, y acotó que existen dos tipos de traumas: la primera por experiencias aversivas “que sobrevienen por un suceso concreto como un accidente o una intervención quirúrgica repentina”,  como también  por casas pequeñas como “atragantarse, secuestros, o temor por eventos naturales”.

Expresó que son traumas transmisibles, sobre todo por cómo nos comportamos. “Un niño muy pequeño, un bebé, podría reaccionar con pánico a cosas que a la mamá le dan pánico sin haber tenido experiencias en ese sentido. Los niños aprenden a tener miedo en función de los modelos que les transmiten los padres. El cerebro emocional de los niños hasta algo más de los tres años es literalmente de las madres. Si tenemos una mamá muy asustada, vamos a construir un cerebro de un niño muy asustado también”.

Para la psicóloga y el segundo tipo de trauma son los relacionales, que es cuando el apego aparece en nuestras relaciones, es decir, cuando recibimos abandono o violencia de quien en teoría debe hacerse cargo de nuestro desarrollo. Y aseguró que estos traumas también son transmisibles.

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Foto Referencial

“A través de las relaciones vinculares, de apego, aprendemos cómo es el mundo, qué esperar de la gente, dónde esperar peligro y cómo manejarlo… Eso construye nuestro cerebro y lo transmitimos transgeneracionalmente, a menos que lo hayamos trabajado conscientemente. Es decir, si en una familia de los años 50 era aceptable cierto grado de violencia contra los niños y no se toma conciencia de eso y se repara, esa misma violencia será aceptable en las mentes de los padres y madres de las siguientes generaciones”.

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¿Cómo evitar transmitir nuestros traumas a los niños?

A pesar de poder trasmitir de manera inconsciente estos traumas o miedos, también se pueden evitar, y la forma de hacer es valorando cada caso y entendiendo cómo fueron las circunstancias en que se dieron. “Si de repente te ataca un perro y está tu hijo delante, es una cosa. Si te encuentra con la venda es otra”, señaló Rivera, pero la experta destacó como fundamental “que los adultos trabajen sobre esa vivencia y que puedan integrarla, que llegue un punto en el que obviamente lo identifiquen con una experiencia negativa, pero que no sea desrreguladora·

Pero qué es exactamente un trauma: “La pérdida mayor que uno tiene cuando surge un trauma de cualquier tipo es la pérdida de la creencia de que las cosas van a ir bien, de que el mundo es un lugar seguro aunque pueda pasar alguna cosa mala circunstancialmente”, comentó la psicóloga. “Uno sabe que una persona está traumatizada cuando ha habido una ruptura de esa creencia. Eso es lo que se trabaja y lo que hay que procurar que los niños no adquieran”.

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El segundo paso, es hablar con los niños para y hacerles ver que en efecto ha sido una experiencia negativa, pero que “estamos bien, que ya ha pasado, que se ha hecho lo necesario para poner solución, que cada vez estamos mejor, que ha sido una cosa puntual para que no se produzca un trauma vicario”.

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Con Información de: www.20minutos.es

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