Los perros, los canes o los peludos, como también se les llama a estas mascotas de compañía, pueden prestarnos más apoyo del que crees. Recientemente la Organización Mundial de la Salud (OMS), dio a conocer que los  perros pueden detectar niveles bajos de azúcar en la sangre de sus amos, a través del ladrido poniendo en aviso a los familiares ante un ataque de hipoglucemia.

Según estima la OMS, una de cada 11 personas en el mundo padece de diabetes, cifra que alarma a la organización y que podría aumentar en los últimos años.

Se conoce que la diabetes es una enfermedad originada por la incapacidad del organismo de producir cantidades suficientes de insulina, lo que provoca exceso de glucosa en la sangre, y que a la larga, empiecen a dañarse los órganos de todos, sobre todo si no se toman los correctivos necesarios una vez sea diagnosticada.

De acuerdo a los años de estudios, esta afección crónica se puede controlar con tratamiento médico y hábitos saludables como ejercicio físico y una alimentación balanceada, pero también existen unos aliados, como lo perros, que pueden anticipar un inminente descenso de azúcar en la sangre y, evitar un ataque de hipoglucemia (bajo nivel de glucosa o de azúcar en la sangre).

Gracias al increíble y desarrollado olfato de los perros, ellos pueden alertar incluso hasta 20 minutos antes, si su compañero humano tiene los niveles de azúcar por debajo de lo estimado, así lo aseguró Alba Dorda, responsable de la Fundación Bocalán (www.bocalan.eu), una escuela de formación de profesionales caninos, quien además explicó cuáles son las increíbles habilidades de los perros detectores, cómo es su formación y entrenamiento y qué labor realizan junto a los usuarios.

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Un buen olfato

Los perros que apoyan y mejoran la autonomía personal de las personas con diabetes están entrenados para detectar un shock insulínico de su dueño a través de señales olfativas. Sin embargo, no todos los animales son válidos para esta misión. “Buscamos perros que tengan un buen nivel de olfato para la detección”, señaló la responsable de la Fundación Bocalán, que aseguró que no importa la raza del can, sino sus habilidades y disposición. “Las razas más habituales entre los perros de asistencia son el labrador retriever y el golden retriever por su carácter afable, dócil y apacible. También es muy común el springer spaniel inglés por su buena capacidad olfativa”, comentó la experta.

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El entrenamiento canino

No obstante, que estos animales consigan detectar los niveles bajos de concentración glicémica en sangre del usuario requiere de un riguroso entrenamiento, que realizan conjuntamente los dueños y la fundación junto al can. “Entrenamos al perro en nuestras instalaciones gracias a las muestras que nos envían los futuros usuarios. Se trata de muestras de sudor o de saliva que se recogen en el momento que el paciente está sufriendo una bajada de azúcar en sangre”, apuntó Dorda, que matizó que la formación de los perros se realiza con reforzadores positivos o premios, normalmente comida. “Buscamos que cuando el perro huela la hipoglucemia, ladre o ponga sobre aviso a la familia de alguna manera. Los animales detectan un shock insulínico que puede suceder en los próximos minutos e incluso horas, consiguiendo evitar aquellos daños neurológicos que pueda tener el usuario por esa bajada de azúcar”, y aseguró que, a pesar de que es un servicio muy solicitado por parte de los enfermos de diabetes, es muy difícil encontrar gente comprometida que esté dispuesta a mandar muestras de forma periódica para la adecuada formación de los perros de asistencia.

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Convivencia con los pacientes diabéticos

A pesar de que se hace un contrato de cesión del animal al usuario, la responsabilidad final del perro es de la fundación. Así, en caso de maltrato o cualquier tipo de problema, la organización puede tener capacidad de decisión sobre el futuro de ese animal. No obstante, una vez que el can se aloja con su nuevo dueño, este se encarga su alimentación y citas periódicas con el veterinario. “Cuando entregamos el perro al usuario, estamos unos días enseñándole qué necesidades y cuidados requiere el animal. Además, trabajamos el traspaso de esas muestras al usuario real. Así, cuando se produce una hipoglucemia durante el acoplamiento, trabajamos conjuntamente con el perro hasta que se acostumbran a su nuevo dueño”, expresó Alba, que incide en que “no son máquinas”, sino seres vivos que pueden detectar la hipoglucemia perfectamente, pero también puede suceder que estén distraídos en un ambiente con muchos olores o estar dormidos profundamente y no percatarse del incidente.

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Con Información de: www.hola.com

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