Las vacunas son productos biológicos utilizados para obtener  protección contra alguna enfermedad a través de una inmunización activa artificial.

La Inmunización activa consiste en la administración de un microorganismo  entero o parte de él o de un producto modificado de ese microorganismo  para inducir una respuesta inmunológica similar  a la producida por la infección natural, pero que habitualmente implica pocos o ausentes  síntomas  para el receptor.  Es decir, que a través de ellas inducimos la producción de anticuerpos específicos para una enfermedad, con lo que el individuo queda inmunizado contra ella, presentando síntomas mínimos o ningunos al ser expuesto a dicha enfermedad.

La historia de las vacunas se remonta a la antigua China, donde existen escritos del siglo XI en los que se hace referencia a una forma primitiva de vacunación, concretamente la conocida como «variolización». La variolización es la inoculación del pus de la viruela para provocar esta enfermedad en una forma atenuada e inmunizar así al paciente. Esta práctica no estaba exenta de riesgos, pues un cierto número de vacunados contraían la viruela en una forma grave y morían. La variolización fue introducida en Europa, concretamente en Gran Bretaña, en 1721 por Lady Mary Wortley Montagu.

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Sin embargo, la primera vacuna, concretamente  frente a la viruela, fue descubierta por Jenner, un médico rural inglés que en 1796 llevó a cabo su experimento de inmunización con linfa de viruela vacuna; es decir, de una forma de viruela propia de las vacas (de ahí el nombre de vacuna).

Después de Jenner, fue Louis Pasteur el que dio un gran paso adelante en la historia de las vacunas, al demostrar que, al administrar una forma debilitada o atenuada del microorganismo que produce la infección se consiguen unas defensas más puras.

Son muchos años e innumerables y brillantes estudiosos quienes han desarrollado en el tiempo lo que actualmente conocemos como Vacunas.

Cada país tiene su propio esquema adaptado a su realidad geográfica y epidemiológica, pero en esencia  hay consenso para la aplicación de aquellas que protegen de enfermedades a las cuales son más  vulnerables los niños.

A continuación se muestra el esquema recomendado por la Sociedad Venezolana de Pediatría para 2017.

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No debe haber temor ante la administración de las vacunas siempre que ellas sean de procedencia certificada, administradas en centros diseñados para ello y por  personal calificado.

Los sitios de administración varían de acuerdo a la vacuna, el más utilizado es en la cara anterolateral del muslo,  intramuscular como la Pentavalente, pero otras se administran vía oral (Polio y Rotavirus); también pueden ser administradas en forma simultánea en una misma visita.

Todas las vacunas autorizadas son seguras y eficaces pero ninguna es absolutamente segura ni completamente eficaz. Algunos vacunados presentan una reacción adversa y siempre habrá uno que no esté completamente protegido.  El objetivo del desarrollo de las vacunas es lograr el grado más alto de protección con la tasa más baja de efectos colaterales. Al elaborar las recomendaciones sobre el uso de una vacuna  se ponderan los beneficios y la seguridad de la vacuna contra los riesgos de la enfermedad natural para el individuo y su comunidad.

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Los efectos colaterales habituales de las vacunas son leves y transitorios, incluyen desde reacciones locales como enrojecimiento y abultamiento, generales como fiebre, disconfort o malestar que pueden ser tratados en el hogar de forma sencilla por lo cual no debe haber rechazo al cumplimiento del esquema de Inmunización y en todo caso su médico está en la disposición de responder a cada duda al respecto.

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Dra. Evir Sifontes Lara.

Pediatra-Puericultor.

Corporación ATIEMPO

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