El autismo, es un trastorno que actualmente es conocido entre los profesionales de la salud como: Trastornos del espectro autista (TEA), los cuales son un grupo de trastornos del desarrollo, que incluyen: el trastorno autista, el síndrome de asperger y el trastorno generalizado del desarrollo no especificado.

Se denomina espectro ya que cada niño que padece TEA manifestará de manera particular los síntomas y la severidad de los mismos. El autismo se caracteriza por presentar alteraciones principalmente en las siguientes áreas: las interacciones sociales, el comportamiento y la comunicación.

Es importante aclarar que el autismo se trata, más no se cura, es decir, es un trastorno que acompañará a quien lo padece por siempre. El pronóstico será mejor siempre que la detección e intervención se inicien lo antes posible, por este motivo se presentarán algunos indicadores de autismo que pueden notarse muy temprano en el desarrollo de los niños; existen niños que no muestran signos de desarrollo normal desde un inicio, mientras que otros dejan de mostrar signos de desarrollo normal o se muestran regresivos (se deterioran o pierden capacidades ya adquiridas). Con la edad los signos se hacen más evidentes.

Autismo

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Indicadores tempranos de los trastornos del espectro autista

La falta de habilidades de comunicación verbal y no verbal

  • Escaso o nulo contacto visual, ausencia de sonrisa social, no responde ni reacciona al llamarlo por su nombre: Usualmente, a partir de los 10 meses los bebes responden al llamarlos por su nombre, sonríen y mantienen contacto visual.
  • Retraso en el desarrollo del lenguaje: generalmente se pretende que a los cinco meses inicie el balbuceo, que a los dos años ya sea capaz de decir frases de por lo menos dos palabras.
  • Ecolalia: repetición de palabras o frases que ha escuchado.
  • Comunicación no verbal alterada: las expresiones faciales, los movimientos y gestos pueden resultar vagos o no corresponden con lo que están diciendo; dificultad para expresar y reconocer las emociones o el lenguaje no verbal. No imita los movimientos y expresiones faciales de otros. No emplea gestos comunes: no señala, no saluda con la mano, etc. El tono de voz puede resultar monótono, inusual, al estilo “robot”.

Falta de interacción social recíproca

  • No muestra interés en relacionarse, evita o ignora a la gente de su alrededor. Este indicador se hace evidente con otros signos ya nombrados, si el niño no hace contacto visual, no sonríe, no imita ni juega involucrando a otros…
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 Comportamientos y / o intereses repetitivos e inusuales

Las alteraciones en esta área son las que más tardan en hacerse evidentes en comparación con las anteriores.

  • Comportamientos, intereses y actividades repetitivos, restringidos y estereotipados: conductas persistentes (Aleteos de manos, balancearse o mesarse, autoagresión, golpearse o morderse) que tienen como función aparentemente otorgarle al niño de una retroalimentación sensorial.
  • Sensibilidad a sonidos: (aspiradora, secadora de cabello, licuadora), a la textura de ciertos alimentos y al tacto (irritables al intentar abrazarlos o tocarlos).
  • Juego no simbólico: los niños con un desarrollo sano evidencian un juego simbólico, es decir, pueden jugar a pretender, a imitar lo que sucede en la realidad, a darle significado y sentido a los juguetes, por ejemplo: el juego de la cocinita, del teléfono, etc. El niño con autismo muestra interés inusual e intenso por ciertos objetos o partes de objetos, empleándolos de manera diferente (se puede concentrar en las ruedas de un carrito de juguete, clasifica los juguetes, etc.) y no involucra a otros en el juego.
  • Resistencia a cambios: los cambios les generan molestia y ansiedad (este signo tardará más en hacerse evidente), como por ejemplo el cambio de actividades, de ambiente, etc.

La edad media de diagnóstico de TEA es de 4 años, sin embargo, puede ser detectado más tempranamente.

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Usted como padre está en la mejor posición para identificar los signos de alarma, ya que es el que más conoce a su hijo, por lo tanto, si nota alguno de los indicadores recién comentados, mantenga la calma y acuda a consulta con su pediatra, él se encargará de referirlo de ser necesario para diagnosticar y realizar un tratamiento con un equipo multidisciplinario (neurólogo, psicólogo y psiquiatra), no espere ni considere que su hijo es “muy pequeño”, no se guie solo por comentarios de familiares o amigos. Es preferible prevenir que lamentar.

No se trata de alarmarse, pero tampoco de evadir o negar la situación por más dolorosa que pueda resultar. Mientras más temprano se diagnostique el trastorno, más rápidamente pueden comenzar las intervenciones.

Finalmente, para aquellos padres que están inmersos en esta situación, ya sea en fases iniciales: sospechan que su hijo tenga algún TEA, si su hijo aún está siendo evaluado o si ya está diagnosticado, e incluso si usted no encaja en ninguna de estas opciones, diríjase al siguiente link y lea el siguiente corto poema escrito por unos padres que explican la experiencia de tener un hijo “especial o diferente”.

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Lic. Daniela Saad.

Psicóloga.

Corporación ATIEMPO

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