Desde mi experiencia, mi respuesta es un rotundo “no”. Les comparto lo que he vivido con respecto a la rutina del sueño de mi bebé desde sus cuatro meses hasta hoy, cuando ya tiene once meses y medio de vida.

Cuando Lucas cumplió cuatro meses comenzamos mi esposo y yo a entrenarlo para que se durmiera solo tanto en sus siestas como en la noche. Luego de leer mucho, infinidades de teorías, consultar no solo con mi mamá, mi suegra, tías, amigas también mamás decidí que no lo dejaría llorar porque me di cuenta de que se le generaba más ansiedad y angustia que un resultado positivo.

Probamos de todo

Dejarlo llorar primero un minuto, luego tres, luego diez incluso hubo una madrugada que lo dejamos llorar media hora. ¿Cuál fue el resultado? Mi esposo y yo terminamos llorando con él, nos sentimos los peores padres del mundo. Lucas se durmió solo, sí, pero jadeaba con angustia dormido, al otro día despertó disfónico con todo lo que lloró y tenía los ojos hinchados.

Ese día decidimos que más nunca volveríamos a esa crueldad de técnica. No critico a quien lo haga, pero definitivamente eso de “déjalo llorar hasta que se duerma” no va con nosotros.

Poco a poco, fuimos enseñándole que estábamos ahí para protegerlo, educarlo, acompañarlo pero que dormirse solito y que durmiera toda la noche era un regalo para él y nosotros. Pues mientras más descansara él, más descansaríamos nosotros.

dejar llorar a mi bebé

Foto Cortesía

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¿Qué hicimos?

Implementamos una rutina diaria: bajar la intensidad de los juegos buscando una actividad más tranquila, leerle un cuento, colocarle una canción todas las noches que asociara con el sueño, bañarlo, darle pecho o luego tetero y acostarlo en su cuna. Hoy día agregamos la cena, más tetero pero el resto continúa igual.

En el momento en que comenzaba a llorar ahí estábamos, lo calmábamos primero en la cuna, luego lo cargábamos un momentico para que se sintiera protegido, lo regresábamos a la cuna y así repetirlo tantas veces fuera necesario hasta que se durmiera por su propia cuenta. Todo este ritual lo acompañamos con frases como: “Dios te bendiga, hijo. Todo está bien, papi y mami estamos aquí. Duerme toda la noche, tranquilo”. Lo mismo todas las noches.

Al cabo de una semana lo habíamos logrado. No solo se aprendió a dormir solito sino dormía once horas seguidas. Ahora que Lucas cumplió once meses todo se fue por la borda y tuvimos un retroceso enorme en su rutina. Noches de terror, llorando a los gritos sin calmarse, dejándolo en su cuna sin dormirse solo. Al consultar con el pediatra, nos explicó que hay varias etapas en las que los bebés tienen regresiones del sueño y por lo general suceden cuando alcanzan un nuevo logro como caminar o cuando se acerca un nuevo cumpleaños.

Entonces nos explicó que debíamos comenzar desde cero nuevamente la rutina. Así lo hemos hecho, ya se duerme solito nuevamente en su cuna pero se está despertando todas las noches en la madrugada, entre dos y tres de la mañana.

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Foto Referencial

Sobre este detalle, también consulté con una gran amiga quien también es madre y además psicopedagoga y me explicaba que a medida que los niños van creciendo descubren sus temores, miedos y el apego se va haciendo mayor con sus padres pues es con quienes encuentran refugio y protección.

Que dejarlo llorar en un error pues se les va desarrollando más angustia y el mensaje que estamos enviando como padres es “no estamos ahí”, “resuelve”, “llorar hasta que te canses porque yo no voy a atender tu llamado”. Así, se va afectando la autoconfianza, la seguridad y hasta el temperamento del bebé.

Nuestra solución

Lucas se duerme en su cuna toda las noches, solito luego de tomarse el tetero. Si duerme corrido hasta la mañana, fabuloso, pero si se despierta y no vuelve a dormirse en su cuna, simplemente lo cargamos y lo acostamos con nosotros en la cama. Los tres dormimos profundo, descansamos y amanecemos como unas lechugas a las siete de la mañana.

No hay nada más hermoso que despertarnos con un beso de trompa de nuestro bebé o ver su cara con su preciosa sonrisa de oreja a oreja. Esa es nuestra mayor vitamina del día a día.

Probablemente, recibiremos críticas, pero como siempre les digo: una mamá feliz, cría un bebé feliz y esto aplica también para el papá. Por ahora, disfrutamos este arrunche mañana y lo disfrutamos mientras podamos. Ya llegará el día en el que se irá de casa y hará su vida y estos momentos quedarán atesorados en nuestros recuerdos.

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