Al sentarme a escribir, sinceramente no sabía sobre qué, porque en mi cabeza lo único que hay es un gran desconcierto e incertidumbre… es como si no encontrara razones lógicas para sentir que puedo seguir viviendo, trabajando o haciendo lo que me gusta en este país. Y lo peor, es que sé que no soy la única, lamentablemente.

Cuando el lunes y martes no encontraba foco para hacer nada de lo que estaba pendiente en mi agenda de trabajo más personal, a lo único que me aferraba era a mi profunda FE, a esa creencia que EL, en que ese ser superior estaba en control, y me relajaba.  Meditaba y le pedía dirección sobre qué pasos dar, uno a uno para poder continuar, si esa era su voluntad. Meditaba, oraba, en fin como quieran denominarlo, según sean su credo, para ir encontrando cómo resolver ese rompecabezas rojo y nefasto que nos ha tocado involuntariamente armar.

La intuición iba y va determinando el fluir y el accionar; mas solo les puedo decir que aquí voy, pasito a pasito, avanzando en “el sobrevivir” que ha determinado un esquema que no decidí yo, ni ustedes, que no voté yo, pero que Dios permite que lamentablemente nos subyugue.

Hasta hoy el saldo es positivo, milagrosamente, y estoy segura que es porque le creo, es por la FE. El ve nuestro corazón y en función de ello, si le damos cabida con humildad y sinceridad, nos carga, nos lleva en sus brazos.

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¿Qué hacer ante la incertidumbre?

Como ya sabemos, la situación de crisis económica y social en la que se encuentra sumergida Venezuela, viene generando cada vez con más intensidad, un estado general de angustia e inseguridad, es decir, una desconfianza de la ocurrencia de un resultado determinado. Esta falta de certeza, tan lesiva para la motivación direccionada al logro de metas, viene influyendo sobre el comportamiento de todos paralizándonos, a unos más y a otros menos, y precisamente eso es lo que deseo evitar que les suceda. ¿Cómo? Buscando que crean en “aquello que no se ve, que no se toca”, que no es otra cosa que tener FE.

Además no se trata de evitar solo la “inacción” inherente a la incertidumbre, que lo único que nos puede traer es más problemas y carencias económicas, sino también muchos problemas de salud: trastornos del sueño, problemas gastrointestinales, cefaleas, cambios de humor, tristeza, ansiedad, depresión, y muchas otras enfermedades muy serias, etc…

 No todos reaccionamos igual…

Algunas se paralizarán por el estrés y éste será detonante de los trastornos físicos y psicológicos como los enumerados, para otros, la falta de seguridad puede representar el desencadenante para reaccionar y afrontar los obstáculos con el propósito de vencerlos. Los que suelen ser resilientes van a desarrollar mejores estrategias reguladoras del estrés: sentido de autoeficacia, proposición de metas, esfuerzo y persistencia, lo que sin duda y, en definitiva, les permitirá tener un mayor rendimiento a largo plazo.

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Por el contrario, aquellas personas que orientan su accionar únicamente a la evasión, van a elegir con mayor probabilidad situaciones que conlleven un menor riesgo, pero también menor posibilidad de aprender y continuar desarrollándose como seres humanos. Debemos obligarnos a crear ese callo para poder persistir ante el fracaso y tener las herramientas para garantizarnos un adecuado nivel de esfuerzo en situaciones tan complejas como las actuales más las que se avecinan.

Rumiar, nuestro peor enemigo…

La mayoría de nosotros ante situaciones extremas nos dejamos envolver por los pensamientos recurrentes, es decir, ¡Rumiamos, rumiamos y rumiamos…!  Por favor, evadan a toda costa esos pensamientos catastróficos y negativos que simplemente nos enferman. Hagan como yo “piérdanse en el hacer”, entreténganse lo mas que puedan. Este mi humilde consejo, pues algo bueno saldrá de que se hace con el corazón y con buena intención.

Aceptar, palabra clave…

Aceptar la incertidumbre, es esencial, ya que se trata de una compañera intrínseca de nuestra vida, Los cambios son lo único seguro en la existencia humana. Aceptando de antemano que es inevitable podremos reaccionar con menos alarma y angustia. Ahora bien, ¡cuidado!, aceptar no significa resignarse, aceptar es una elección individual de buscarle el lado positivo a las circunstancias o emplearlas como un impulso para conducirnos a un mejor puerto.

Analizar con detalle y objetividad lo que está sucediendo a nuestro alrededor nos permitirá saber qué cosas podemos cambiar dentro de nuestra área de acción.

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La salud, el bien a preservar…

Cuidar de nuestro sueño y alimentación, así como buscar momentos para el descanso y el ocio son hábitos esenciales que debemos mantener en momentos como los actuales, en los que la incertidumbre y los cambios nos embargan.  Algo esencial, busquen la compañía de sus seres queridos y amigos.

“La resignación nos convierte en víctimas de las circunstancias y de las personas”.

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María Laura Garcia

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