Lo que para nosotros no pasa de ser una aspiración convertida en tendencia, en Oriente es una filosofía milenaria. Los japoneses llaman Wabi Sabi al disfrute de las cosas imperfectas en cualquier contexto de la vida: el cuerpo, la pareja, los amigos, la salud, el trabajo… Su filosofía la resumió el monje budista Daisetz T. Suzuki, quien impulsó este proverbio: “Nada es perfecto, nada es permanente y nada está completo”. Dicho esto, Wabi Sabi, plantea aceptar la decadencia como parte natural del ciclo de la vida y buscar la belleza que brota en ese desgaste: el césped que asoma entre las grietas de los viejos adoquines o la huella de los años en nuestro rostro.

La palabra Wabi hace referencia a la quietud y la frescura de lo simple, mientras que Sabi habla de la serenidad que aparece con la edad.

Wabi Sabi

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Honrar la belleza desde el defecto

Muchas escuelas artísticas y corrientes psicológicas han empezado a tomar el Wabi Sabi como principio rector. En Japón está presente en la artesanía, la ceremonia del té, la jardinería, la poesía y el diseño de interiores. El observatorio de tendencias Etsy considera que esta expresión marcará este año el estilo en la decoración. Mientras que el diseñador belga Axel Vervoordt, uno de sus grandes maestros, respalda la idea de que, más allá de un estilo o tendencia, es un pensamiento atemporal que realza la armonía con la naturaleza y el valor de lo humilde e influye en el ánimo de las personas.

Por su parte, la ilustradora española Amaia Arrazola, autora de Wabi Sabi, cuenta que descubrió esta filosofía en un viaje a Tokio que realizó hace algunos años y decidió darle forma con sus dibujos. La intención era crear un diario visual que reflejase la vida cotidiana de la ciudad, su gastronomía, sus trasiego y el carácter de la gente.

El resultado fue una completa exposición Wabi Sabi, donde cada dibujo expresa un matiz de esa belleza de la imperfección y de la fugacidad de la vida. “Me enamoró el amor a la grieta, a lo usado, al objeto lamido por el tiempo como si fuera una cerámica usada”, aseguró Arrazola.

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Este modo de entender la vida va ligado a otro sorprenderte arte japonés, el Kintsukuroi, que consiste en reparar objetos rotos con un barniz de resina espolvoreado con oro, plata y platino. En la cultura nipona sirve como metáfora para recomponer cualquier herida emocional o los estragos del tiempo saliendo favorecido y embelleciendo cada fisura del alma o surco en la piel en lugar de ocultarlos. Así define Wabi Sabi, la escritora mexicana Gaby Vargas, una de sus máximas exponentes en el mundo occidental: “Cuando cualquier cosa logra recordarnos de manera dulce y melancólica que nada es perfecto, que nada dura y que nada está terminado, merece llamarse Wabi Sabi O sea, cualquier ser humano puede llamarse así”.

El impacto de Wabi Sabi en nuestras vidas

Comprender este concepto puede cambiar nuestra percepción del mundo al permitirnos encontrar la belleza en las arrugas de la cara, en las grietas de la madera, en las manchas de la piel que aparecen por la edad o en la imperfección de nuestra personalidad. Podríamos decir que eres una persona Wabi Sabi cuando aceptas la sencillez, tu imperfección y la de la vida misma. Cuando aprecias los instantes de cada día, vives plenamente y te conectas con la naturaleza y con la gente que te rodea de manera consciente y gentil”. Tadao Ando añade una enseñanza más: “Es un invite a llevar la carga de los años con dignidad y gracia”.

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Con Información de El Mundo.es

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