Cuando estamos esperando un bebé son muchas las medidas que tomamos para cuidarnos físicamente. Hacer ejercicios, comer balanceadamente, seguir las indicaciones del médico, entre otras.

Yo las hice todas. Mi embarazo se puede decir que fue perfecto, ni náuseas o mareos tuve. Mi parto, natural. Mi recuperación también marchó excelente. Pero, hoy, un año después una molestia me acompaña desde hace dos semanas en la región pélvica que no sabía definir con exactitud.

Al principio pensé que era cansancio, luego exceso de ejercicio, ovulación, ciclo premenstrual y un sinfín de cosas me pasaron por la cabeza. Incluso, que tal vez no hice suficientes ejercicios para recuperar mi suelo pélvico. Pero, para mi fortuna –y también infortuna– no era nada de esto.

Un día el dolor se apoderó de mí. No era una simple molestia, era físico y real dolor que no me permitía estar tranquila ni sentada, ni de pie, solo encontraba algo de descanso acostada de lado. Llamé a mi ginecóloga, quien me mandó a hacer una serie de exámenes para descartar múltiples males.

Tenía el cuello uterino inflamado –aún lo tengo, es una inflamación que va cediendo lentamente–. Sin embargo, aún no se encontraba una razón clara de mi afección. No hay infección, las trompas están perfectas, los ovarios están perfectos, resultados de los análisis sanguíneos, perfectos.

Una ecografía doppler dio con el diagnóstico: várices pélvicas. “¿Qué? ¿Cómo así? ¿Eso puede pasar?” fueron las primeras preguntas que se me vinieron a la cabeza. Pues sí, puede pasar y pasa. Según algunas estadísticas a cerca del 15% de las mujeres e incluso a hombres también les puede suceder, siendo múltiples las causas.

Sin embargo, signos de una insuficiencia venosa manifestada de cualquier otra manera puede afectar a aproximadamente un 30% de las mujeres en su primer embarazo.

Las várices uterinas también son conocidas como el Síndrome de Congestión Pélvica. Mi médica me explicaba que las razones de su aparición son varias, entre las cuales destacan como principales:

  • Tener dos o más embarazos
  • Uso de anticonceptivos hormonales
  • Frecuentes infecciones en esta área
  • Herencia o predisposición genética y cambios hormonales
  • Sobrepeso
várices pélvicas

Foto cortesía

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Mi caso específico

 De todas estas razones la predisposición genética fue la que cobró fuerza en mi historial médico, pues mi madre así como la gran parte de mi familia materna padece de várices en las piernas.

Soy una mujer de contextura delgada, mi barriga fue relativamente grande –mi bebé pesó 3.540 gramos y midió 51 cm– y a pesar de haber hecho todos los ejercicios, cuidarme con la alimentación, no haber engordado mucho en este período, así como me pudieron haber salido várices en las piernas, mi cuerpo decidió que saldrían en el útero.

Al ser una herencia genética, me pudieron haber salido antes del embarazo, después (como fue el caso) o simplemente tras varios meses de gimnasio levantando pesas. No necesariamente por haber estado embarazada me salieron las várices pero sí el embarazo contribuyó a su aparición.

Esto ocurre porque durante la gestación existe un aumento del flujo venoso, las venas tienden a dilatarse por el incremento de la progesterona y estrógenos. Además, en el último trimestre de embarazo la compresión del útero sobre la vena cava dificulta un poco el retorno de la sangre al corazón quedando un tanto dilatada.

Este proceso les ocurre a todas las mujeres, pero hay quienes cuyas venas permanecen dilatadas y fue mi caso. Entonces, la congestión pélvica se puede manifestar inmediatamente después del parto, meses después o incluso en un segundo o tercer embarazo.

várices pélvicas

Foto Referencial

 Tratamiento para las várices pélvicas

Afortunadamente, mi cuerpo se manifestó rápido y de una manera tan contundente que fui a tiempo al médico. Mis várices no son graves. No obstante, es una condición con la que tendré que lidiar toda la vida, así como quienes tienen várices en las piernas.

Cuidarme siempre del peso, hacer ejercicios pero no de alto impacto mientras se regulan las venas nuevamente, tomar castaño de indias son algunas de las indicaciones de mi doctora.

Para las primeras dos semanas de tratamiento debo ser bastante rigurosa en estos cuidados ya que el cuello uterino lo tengo inflamado y atajar esta afección desde el inicio es lo que garantizará la pronta mejoría y descongestión del útero.

Todo lo que les cuento es basado en los diversos resultados de los exámenes que me realizó mi doctora así como la detallada explicación de mi caso. Existe muchas más causas para la aparición de estas várices. Pero mi invitación es a que se cuiden antes, durante y después del embarazo. Estén atentas a las señales de su cuerpo pues mientras mejor lo escuchemos, más rápido podemos tomar cartas en el asunto frente a cualquier afección.

Recuerda, una mamá feliz cría a un bebé feliz.

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