Muchos piensan que la regla o paradigma para que haya libertad es el poder expresarse, más hacerlo cómo, cuándo y de la manera que nos plazca. Pero esto sin duda puede ser una gran mentira porque en diversas ocasiones, significaría pasar por encima o atropellar los derechos de los otros. ¿De qué nos sirve la libertad de expresión si lo que hablo son calumnias, o agresiones a la libertad de los otros? O si… ¿Esa libertad, simplemente se trata de pensamientos egoístas sin beneficio excepto para nosotros mismos?

La libertad de expresarnos es esencial, pero más importante aún es la libertad de pensamiento y de conciencia. Pensar lo que deseamos nos  permite elegir, más ser quienes somos. La conciencia que es nuestra intimidad, nuestro auténtico yo, que nadie debe manipular, ni siquiera nosotros con el autoengaño, es necesaria para ser realmente libres.

En la medida que evolucionamos espiritualmente fluimos en el libre albedrío, para tomar decisiones de manera más confiada definiendo así nuestro destino. Incluso, a más evolución emocional más respeto deberíamos tener con respecto a nuestra libertad y sobre todo la de los demás. Ahora bien, para ello es infaltable, la elevación moral del individuo. No existe verdadera y honesta libertad sin principios éticos y sin hacernos responsables de nuestros propios actos.

Por otra parte, al ser responsables ante las “leyes divinas” (para mí Dios) de nuestro accionar, tenemos que crecer aceptando nuestros errores y saldando los mismos mediante la rectificación oportuna. Debemos internalizar, sin excepción, la ley de la causa y el efecto. Esta ley no es represiva o punitiva, no limita la libertad, pero sí nos obliga a resarcir aquello que debemos. ¿Por qué? Sencillamente porque existen dos maneras de enfrentar las deudas, con amor o mediante el dolor.

Libertad de pensamiento

Foto Referencial

Si decidimos no rectificar, el dolor o la aflicción pueden aparecer hasta que devolvemos bien por el mal cometido. Muchos se preguntan ¿para qué es mi libertad si no puedo hacer lo que me place, bueno o malo? Pues precisamente esa libertad viene limitada por el entendimiento que con nuestros actos podemos causar dolor a otros y que el libre albedrío nos da oportunidades diversas, para que, voluntariamente, elijamos el camino del amor o lo positivo.

Sólo en aquellos casos en los cuales insistimos en comportarnos de forma descuidada, egoísta y contraria a la ética es cuando esta libertad se puede ver limitada temporalmente hasta que saldemos nuestras deudas, es mi parecer muy personal, ojo con esto. La vida, aunque no lo creamos, suele ser justa. Con base en nuestras actuaciones, construimos un futuro feliz o desdichado.

Otro dato a considerar, ya para finalizar, es que si deseamos que respeten nuestra libertad debemos aceptar y entender la de los demás. Es más, si acaso observamos a otro “equivocado” lo ideal es limitarnos a aconsejarlo prudentemente, para que la persona adopte la decisión que su propia libertad le indique.

Las experiencias dolorosas no son gratuitas, ya que son producto de nuestras “decisiones libres”, son pruebas que debemos enfrentar para crecer espiritualmente y salir fortalecidos de las mismas. Debemos asumir que mientras vamos pagando las deudas espirituales, crecemos emocionalmente y ampliamos nuestra libertad emocional. La libertad de pensamiento nadie nos la debería poder robar, si ponemos en práctica nuestra capacidad de análisis y raciocinio. Pero lamentablemente, son muchos los que se dejan llevar por otros o que son manipulados o dirigidos por creencias, modas, o circunstancias materiales que sus propios deseos les imponen, exigiéndoles  a cambio la renuncia a su libertad personal y de conciencia.

Cuando se hace esto, las personas se convierten en esclavas de sus propios deseos.

¿Son ustedes esclavos de sus deseos o de las tendencias, o de otros? Lo lamento mucho, no son libres y les quedan muchas experiencias dolorosas por vivir.

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María Laura Garcia

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