Periodista al fin, soy fiel defensora de la innovación en medios de comunicación. Desde que existen las redes sociales siempre he tratado de sacarles el mayor jugo a beneficio del ejercicio del periodismo y también como pasatiempo, pero siempre procurando exaltar su lado positivo sobre el negativo.

Si bien, creo que hoy día las mamás tenemos un camino un poco más fácil con respecto a nuestras madres y abuelas gracias al acceso a redes sociales y buscadores de información en internet, también se ha abierto una especie de grupos de “mamás nazis” que se escudan a través de un teclado para criticar y juzgar a sus pares.

 ¡Basta! Eso no está bien. La intención de cada una de las mamás de hoy de compartir su experiencia día a día a decenas, centenas o miles de seguidores estoy segura –en una gran mayoría– que no es más que aconsejar, servir de “amiga” de otras mujeres y también de recibir consejos sin intromisiones ni órdenes y muchísimo menos juicios de valor.

Para quienes somos mamás primerizas, las redes sociales han sido grandes aliadas para entender los procesos de nuestros bebés porque no es un secreto que con cada generación que nace llegan avances y teorías que van mejorando el desarrollo de nuestros hijos y poco a poco se han ido distanciando de prácticas de épocas anteriores que ya han quedado obsoletas.

madres y redes sociales

Foto Cortesía

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El banquillo de las acusadas

 Pero, quién dijo que por el hecho de publicar mi experiencia en internet, tú tienes el derecho de juzgarme o criticarme cómo estoy educando a mi bebé. Gracias a Dios yo no he sido víctima de esas mamás en redes sociales que se creen dueñas de la verdad y tienen el dedo acusador listo para señalar. Quizá no tengo los suficientes seguidores para ganarme ese privilegiado puesto del banquillo de las mamás acusadas.

 Sin embargo, sí he sido testigo de cómo otras mujeres parece que no tienen nada más que hacer sino juzgar. Un caso reciente y que impactó a este mundo de mamás digitales ha sido las críticas que recibió Sascha Barboza, personal trainer venezolana mejor conocida como @SaschaFitness, porque dejó de amamantar a su bebé más pequeña a los ocho meses.

 Una lluvia de “mamás perfectas” cayeron sobre las publicaciones de esta influencer defendiendo a capa y espada la lactancia materna hasta los dos años e incluso sugiriendo que quienes, como Sascha, no lo hicimos casi podemos ser catalogadas como malas madres.

 ¡Por Dios! Lo que uno tiene que ver, leer y oír. Les confieso que yo sí he tenido que vivir en carne propia comentarios no solo imprudentes, sino incoherentes, pero curiosamente han venido de personas allegadas que aún hoy no entiendo el objetivo de los mismos.

Pero, alcanza a ser espeluznante este eslabón de señalamientos que se abre en redes sociales y sobre todo con el mundo de la maternidad.

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Foto Referencial

Ninguna mamá es mejor que otra

Como siempre digo, en la maternidad nada está escrito. Lo que funciona para un bebé probablemente no funcione para el otro, lo que funciona para una mamá, quizá no sea lo mejor para la otra. ¿Por qué mejor no dejamos de juzgarnos, criticarnos y señalarnos como mujeres y madres y nos apoyamos más? ¿Por qué no dejamos de estar tan pendientes de otros y más pendientes de nosotros mismos, al menos que sea para ayudar o colaborar?

Creo que la maternidad es bastante complicada como para añadirnos dolores de cabeza que ahora vienen encabezados por una lucha en redes sociales y en la vida real de cuál mamá es mejor.

No es mejor mamá aquella que deja a su hijo de tres meses en guardería porque tiene que salir que aquella que se queda en casa y se da un año sabático para atender a su bebé o decide ser ama de casa por siempre. No es mejor mamá la que amamante dos meses, cuatro o dos años. No es mejor mamá la que da dulce a su bebé o la que decide no hacerlo. No es mejor mamá ni mejor mujer la que recupera su figura en plena cuarentena o la que tarda cinco años en hacerlo.

Tampoco es mejor la que hace colecho por años que quien decide pasar a su bebé solo a su cuarto a los dos meses de nacido. No es mejor mamá la que cría a su hijo sola que la que tiene a su esposo al lado. Ninguna mamá es mejor que otra. ¡Basta de compararnos! ¡Basta de competir unas con otras! ¡No más! Cada mamá es única y lo único que importa es que sea feliz y su hijo esté feliz y saludable; es lo único que debe valer.

 Recuerda, una mamá feliz cría a un bebé feliz.

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