Según estadísticas entre cinco y siete minutos es el tiempo estimado que debe durar el sexo para que resulte satisfactorio para ambas partes, pero ¿Ese tiempo realmente el adecuado? Lo cierto es que el placer no tiene nada que ver con lo que se tarden en llegar a meta, sino lo que ocurre en el camino, es decir, se podría decir que el tiempo es un cliché.

El cliché más popular y que más afecta a la población masculina es el de “dura poco”, pues con eso se llegan a sentir menos viril. Y es que la andrología tiende a considerar un problema el que la descarga ocurra entre un minuto y dos después de comenzar la penetración, ya que sería sintomático de un caso de eyaculación precoz. Cualquier otra duración es “aceptable”.

La sexóloga Tracy Cox, fue la que observó este “inseguridad colectiva” durante un trabajo que realizó en una clínica de salud sexual para hombres. Durante las consultas anónimas que recibió, la mayoría de los pacientes iban por la misma razón: querían saber cómo evitar eyacular demasiado pronto. Cox manejó por entonces el consejo tradicional, “al sentir que se está alcanzando el orgasmo, hay que “desactivarlo” con una tarea mental aburrida como contar de 500 hacia atrás, o imaginando situaciones relajantes”, comentó.

Sin embargo, la especialista identificó otro problema de sentido común: apartar la mente del placer no contribuye a una relación sexual más satisfactoria. Y tampoco había evidencias de que funcionase. “Es el viejo síndrome del elefante rosa: si te planteas no pensar en elefantes rosas, tu cerebro hará que no imagines otra cosa”, expresó la sexóloga. De ahí surge la idea del “peaking”, que no es más que “entrenar al hombre para controlar su ‘subida a la cima’”.

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Son cuatro las fases del orgasmo

En la sexología tradicional cuatro fases que se encuentran dentro del orgasmo: excitación, meseta, orgasmo propiamente dicho y resolución. Esta definición es más relevante en el caso de la mujer, ya que en el hombre las tres últimas fases tienden a ‘liquidarse’ de golpe en el momento de eyacular. Cox se planteó que los hombres también podían mantenerse en la fase de meseta, prolongando el placer previo a clímax. Esto también tendría un beneficio para sus parejas femeninas, para las que el problema tiende a ser el inverso, “alcanzar la meseta con la penetración pero no culminar”, explicó.

Es por ello, que la sexóloga sugirió una escala extra de excitación, “de cero, el aburrimiento total, a diez, el orgasmo más espectacular que haya tenido jamás su paciente”. El reto pasa ahora por que el sujeto sea capaz de identificar cuándo ha alcanzado la meseta, “sería el punto siete dentro de esa lista. Por lo que Cox invita a ponerse manos a la obra y practicar con ánimo científico. Dicho de otro modo, a masturbarse regularmente durante un mes para ir comprobando las mejoras de rendimiento.

Lo primero es, cronometrar cuánto se tarda en eyacular en una sesión. Y, a partir de ahí, trabajar en identificar el punto de placer de meseta y mantenerse ahí, sin prisas ni ansiedades, controlando los ritmos y estímulos. Pasado el mes de entrenamiento en solitario, la técnica se puede poner en práctica en la cama. “El sexo habrá mejorado, habrá mayor excitación, durará más y podrás controlar el momento en el que tu pareja alcanza también en orgasmo”, afirmó la experta.

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No obstante hay una objeción en todo esto y es que perpetuar el estereotipo de que el sexo se circunscribe únicamente a la penetración. La estadística también dice que la mayoría de las mujeres consideran imprescindibles los “preliminares” y otras formas de estimulación no penetrativa para alcanzar el orgasmo. Y ahí se puede tardar todo lo que se quiera, es decir la  media es de unos 15 minutos aproximadamente.

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Con Información de: www.elespanol.com

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