Un accidente cerebrovascular (ACV o apoplejía) es una lesión que sucede cuando el flujo de sangre de una parte del cerebro se detiene. Si el flujo sanguíneo se paraliza por pocos segundos, el cerebro no puede recibir nutrientes y oxígeno. Lo que desencadena en la muerte de células cerebrales y a su vez causa un daño permanente.

Las secuelas que deja un ACV pueden ser físicas y psicológicas. Actividades como caminar, comer, el aseo personal o la autonomía se verán mermadas. De la misma manera, también pueden ver afectadas capacidades tales como hablar, comprender y expresarse.

El ACV es la primera causa de discapacidad en el mundo. Generalmente sólo se presta atención a las secuelas más conocidas, como la hemiplejía (parálisis de la mitad del cuerpo) y los problemas del habla. Sin embargo, hay otras consecuencias que a veces son menos evidentes, como la depresión y los trastornos conductuales, que se ignoran y no se diagnostican.

Hasta 50% de las personas que sobreviven a su ataque cerebral sufren depresión durante los primeros años, también se pueden presentar trastornos del ánimo, ansiedad, apatía, falta de motivación o desinterés, psicosis, cambios en la personalidad, desinhibición y/o la combinación de varios síntomas psiquiátricos y cognitivos de diversa gravedad.

ACV

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El apoyo familiar es fundamental

Una adecuada atención médica y el apoyo familiar son indispensables para que el paciente supere esta patología.

La doctora Patrice Lindsay Directora Canadian Stroke Network, asegura que tanto los pacientes como los familiares deben recibir la información adecuada del médico que lleva el caso para hacerle frente a la situación.

Otro punto clave es cuando el familiar vuelve a casa y todo el engranaje familiar tiene que adaptarse a la nueva situación. Las emociones, los lazos familiares, el cuidador y sobre todo el paciente necesitarán ayuda de distintos profesionales para que la recuperación sea más exitosa.

La especialista también recomienda que la medicación recetada debe cumplirse a cabalidad, así como llevar una alimentación adecuada para evitar riesgos, y guardar los exámenes de sangre para llevar un control en la evolución del tratamiento.

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El tratamiento no solo debe incluir fármacos también es importante que el paciente reciba ayuda de Fisioterapia y la Rehabilitación que se integran de manera conjunta y armoniosa con profesionales de la salud, esto con el único fin de rehabilitar al paciente, mejorar su salud física, psíquica y social y así aumentar la calidad de vida de la familia.

Algunos pacientes experimentarán la recuperación más rápida en los primeros pocos días pero muchos seguirán mejorando durante cerca de seis meses o más. Un ACV no debe considerarse como una enfermedad terminal, puesto que sus manifestaciones y síntomas varían en cada paciente de acuerdo a su tratamiento y rehabilitación.

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