Muchos somos víctimas emocionales  de compartimientos tóxicos de otros porque, o no tenemos claros cuáles son esas actitudes y tratos hostiles que tanto pueden perturbar nuestro espíritu o porque no hayamos las herramientas para poder responder adecuadamente a estas situaciones para marcar un alto y salir ilesos.

Un escenario inicial para episodios tóxicos o nocivos puede ser la familia, pero de igual manera el trabajo, un chat de whatsapp que nos relacione con esos círculos sociales a los cuales estamos unidos por diversas razones, y más. Los comportamientos tóxicos pueden provenir de padres, hermanos, pareja, hijos, hermanos, tíos, abuelos, amigos compañeros de trabajo, de estudio, vecinos, etc.

Las personas con comportamientos hostiles, por lo general, ponen de manifiesto sus deseos de control directamente o de manera encubierta, entre otras cosas, dictaminando cómo deben comportarse los otros y abusando de su poder en el caso de tenerlo. Se valen del chantaje, la vejación verbal, la crítica o la culpa, lo que, seguramente, provoca graves heridas emocionales a los que conforman su entorno cercano.

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Muchos pueden ser los ejemplos…

El de un hermano que expresa sin filtro lo que piensa, sin medir que ofende o hiere a sus padres, o a ti mismo, por celos o cualquier otro motivo. Esos hermanos que se creen con la autoridad moral de cuestionarlo todo. Una pareja que vive resaltando tus defectos o errores permanentemente, sin mencionar o labrar lo bueno, tratando de compensar quizás inconscientemente sus inseguridades y frustraciones; o simplemente trata de mermar tu seguridad para cortar tus alas o someterte. Una suegra que cuestiona a su yerno o nuera porque quiere mantener cerca a sus hijos y compite de forma desleal por su amor. Un compañero de trabajo que por celo profesional vive confiriendo ataques por la vía de la burla o el sarcasmo (bullying). Aquellos que por no manejar su depresión o falta de tolerancia al estrés intentan matar, en los demás, el optimismo tratando de justificar con argumentos y actitudes que no vale la pena ni respirar, que todo está perdido, que Venezuela ya no es opción.

¿Qué hacer?

Lo importante en estos casos es estar claros y tener identificados a estos “enemigos no declarados”, para que este tipo de conductas nocivas, no nos afecten. Conocer al agresor y analizar el porqué de estos comportamientos es esencial. Para luego a través de una comunicación natural comenzar a fijar límites. Pidan que no les traten de esa manera porque de igual forma aunque el deseo oculto sea dañar u ofender, igual no lo van a lograr por decisión propia. Háganlo sin enojo, ni deseos de venganza, pero con firmeza.

Debemos permanentemente fortalecernos en cuanto a la valoración de nosotros mismos. Céntrense en retomar el poder y no otórgaselo a los demás, pues somos merecedores de respeto y de un trato digno. Ahora bien, si a pesar del esfuerzo no mejora la relación, quizás sea necesario tomar distancia. La decisión debe resultar una profunda reflexión y no de un impulso, de la frustración o la molestia. Cuando se toman este tipo determinaciones siempre habrá quien los invalide y culpe, pero no se enfrasquen en explicar o convencer, simplemente fluyan y avancen.

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Por último…

Tengan en cuenta que seguramente no son los únicos en pasar por relaciones toxicas, no les de pena o temor buscar apoyo en otros, incluso en un profesional, ya que la idea es iniciar un proceso de sanación emocional concreto y amoroso; considerando y sopesando que este tipo de experiencias, emocionalmente hablado, suelen ser agotadoras y traumáticas lo que nos puede enfermar psíquica y físicamente por la rabia más la culpa que nos hacen experimentar.

En síntesis, tomen las riendas de su vida y su bienestar, hagan gala del autocuidado y la prevención, dándole valor y cultivando solo aquellas relaciones que son saludables o enriquecedoras para ustedes.

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María Laura Garcia

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