La presión arterial es la fuerza necesaria para que la sangre circule a través de los vasos arteriales. Cuando esta fuerza ejercida por el corazón a las arterias de forma sostenida es excesiva o más alta de lo recomendable, se habla de hipertensión arterial o tensión alta.

La tensión arterial normal en adultos es de 120 mm Hg, cuando el corazón late (tensión sistólica) y de 80 mm Hg cuando el corazón se relaja (tensión diastólica). En el caso de la tensión sistólica debe ser igual o superior a 140 mm Hg y/o la tensión diastólica es igual o superior a 90 mm Hg, la tensión arterial se considera alta o elevada.

La mayoría de las personas con hipertensión no muestra ningún síntoma; por ello se le conoce como el “enemigo silencioso”. En ocasiones, la hipertensión causa síntomas como dolor de cabeza, dificultad respiratoria, vértigos, dolor torácico, palpitaciones del corazón y hemorragias nasales, pero no siempre.

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Causas de la Hipertensión

Cuanta más alta es la tensión arterial, mayor es el riesgo de daños al corazón y a los vasos sanguíneos de órganos principales como el cerebro y los riñones. La hipertensión es la causa prevenible más importante de enfermedades cardiovasculares y ACV del mundo.

Si no se controla, esta enfermedad puede provocar un infarto de miocardio, un ensanchamiento del corazón y, a la larga, una insuficiencia cardíaca. Los vasos sanguíneos pueden desarrollar protuberancias (aneurismas) y zonas débiles que los hacen más susceptibles de obstruirse y romperse. La tensión arterial puede ocasionar que la sangre se filtre en el cerebro y provocar un accidente cerebrovascular. La hipertensión también puede provocar deficiencia renal, ceguera y deterioro cognitivo.

El consumo de tabaco, una alimentación poco saludable, el uso nocivo del alcohol, la inactividad física y la exposición a un estrés permanente, así como la obesidad, el colesterol alto y la diabetes mellitus, son los principales factores que inciden en una elevación de la tensión, es por eso que diagnosticarla y tratarla a tiempo evita complicaciones mayores, ya que el control de la enfermedad desmorona un 40% el riesgo de accidentes cardiovasculares y reduce un 20% la probabilidad de un infarto.

Campañas de prevención

Según la Organización Mundial de la Salud, la enfermedad cobra más de 7 millones de vidas anuales en todo el mundo y afecta a personas cada vez más jóvenes. Especialistas indican que esta patología perjudica a casi la mitad de los hombres y a cuatro de cada diez mujeres.

Por falta de campañas de educación para la salud, la sociedad suele desconocer los alcances y riesgos de la hipertensión. Por ejemplo, que la relación entre presión alta y ACV es, por lo menos, estrecha.

Otro riesgo cerebral derivado de la hipertensión es la demencia ya que afecta las funciones intelectuales que nos permiten memorizar, razonar, resolver problemas, programar actividades complejas, interpretar metáforas, etc.

El estrés emocional crónico también eleva la presión porque altera los mecanismos que la regulan, se observa que las personas con hipertensión tienden a responder de manera exagerada frente a estímulos cotidianos considerados estresantes por el sujeto.

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Ocúpate y no te preocupes

Tomar conciencia, consultar al médico y tomar un tratamiento que permita controlarla son fundamentales una vez detectada la patología. Incluso desde la juventud debe ser evaluada debido a que hay factores genéticos que ameritan cuidado. Ejemplo los hijos de pacientes hipertensos deben ser controlados anualmente a partir de los 3 años, ya que tienen un riesgo en comparación a los hijos de padres con presión normal.

El primer profesional que debe ser consultado es el médico de familia, el clínico de cabecera, que debe detectar el problema y avanzar en los análisis y en el diagnóstico para definir las estrategias preventivas y curativas. En la mayoría de los casos es necesario prescribir medicación y el seguimiento debe ser estrecho y prolijo para comprobar los resultados o la aparición de efectos colaterales. La medicación actual es segura y efectiva si el paciente sigue estrictamente las indicaciones profesionales: no debe automedicarse ni saltear dosis ni suspender tratamientos sin indicación médica. El rol del cardiólogo es fundamental en los casos más difíciles, rebeldes al tratamiento, con mayor riesgo o con complicaciones cardiovasculares.

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Con Información de www.clarin.com

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