Había una vez un hombre que cada noche se asomaba a la ventana para ver pasar a los grandes hombres de la ciudad que pasaban con sus autos modernos, cada noche se preguntaba, ¿Será que algún día podré llegar a ser como ellos? El hombre estaba convencido que había algo que hacían esos hombres que él no estaba haciendo. Un buen día decidió bajar a mirar de cerca a los hombres que tanto admiraba, y fue así como se dio cuenta que, ellos vestían muy bien. Bajaban los vidrios para conectarse con la gente, y recordar sus raíces. Trabajaban diariamente en algo que les gustaba, por eso sonreían entre ellos, tenían reuniones para que sus empresas funcionarán a la perfección.

Todo esto, se lo imaginaba el hombre y fue así como decidió, atreverse a hablarles y pensó “debo hacer algo para captar su atención”, fue a buscar un cartel para escribir y colocó, mi nombre es Rodrigo, yo solo quiero saber lo que tengo que hacer para ser como ustedes.  Y así se dispuso la noche siguiente a esperar verlos pasar, estaba en el ángulo perfecto para ser observado. Ya era el momento en el que debían pasar, y allí venían, sonriendo como siempre por haber culminado una jornada laboral. Cuando de pronto, se escuchó: “oye tú Rodrigo, te espero mañana a las 8 en mi oficina aquí tienes todo”. 

Lea también: El propósito de las emociones

El hombre no podía creer que la simple decisión de dejar de admirar tras la ventana lo acercaría a su sueño. El siguiente día en la mañana estaba listo desde temprano, preparado para ir al que sería el cambio de su vida.

Al llegar a la oficina, tuvo que esperar un par de minutos y cuando lo hicieron pasar, estaba allí el gran hombre que admiraba sentado en la silla presidencial, con su traje ejecutivo y una especial sonrisa, de inmediato se puso de pie y con un apretón de manos le dijo:

“Rodrigo me alegra mucho que estés aquí, que bueno que dejaste de admirar y decidiste ir por lo que querías. Muchas personas esperan que las oportunidades vayan a la puerta de su casa, mientras que otros crean sus propias oportunidades. Te felicito por hacerlo distinto, por crear tu propia realidad y sobre todo por apropiarte de tu sueño. Si todo eso lo hiciste sin conocer la clave del éxito yo no tengo más que enseñarte. Quiero que seas parte de mi equipo, acá necesitamos a personas como tú, con el sello de la autenticidad, la constancia y la determinación. Las personas decididas a transformar su vida en éxito son las que realmente lo consiguen. He aquí la oportunidad de lo que tanto deseabas, tú no vas a ser como yo, tú eres tú mismo y eso es suficiente y sabes ¿Por qué? Porque ser tú mismo te ha llevado a lograr algo. Tú nos enseñaste que hay personas que aceptan una realidad que no le gusta, tú estabas viviendo la realidad que tenías pero simultáneamente estabas creando la que deseabas y estabas seguro que merecías, Bienvenido”.

Lea también: Claves que te ayudarán a recuperarte emocionalmente

Comenta y se parte de nuestra comunidad