Existen diversas maneras de demostrar afecto pero sin duda una de las más naturales y espontáneas es a través del abrazo. El acercamiento físico es agradable, pero también es necesario para nuestro bienestar emocional, psíquico y físico al proporcionarnos alegría social, ya que los expertos aseguran que todos funcionaríamos cotidianamente mejor, si abrazáramos o nos dejáramos abrazar más.

En la medida que vamos creciendo y llegados a la adultez vamos perdiendo la costumbre de abrazar a otros, sin entender que el contacto físico con otros es más importante de lo que imaginamos. Un abrazo sentido nos regala una inmensa sensación de bienestar. Nos hará sentir queridos y a salvo, entre otras cosas por la liberación de endorfinas y dopamina, que “recablean” el cerebro dando lugar a una vida más feliz y saludable.

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¡Qué rico es un abrazo!

El abrazo es una conducta fraternal, de amor o ternura que activa la función del apego, además de inhibir la ansiedad social, porque el contacto con el otro incrementa sentimientos agradables de cariño, alegría, altruismo o pasión. Un abrazo puede representar apoyo, felicidad y cercanía.

Científicos aseguran que un ser humano necesita recibir abrazos y caricias en sus primeros años, “para evitar que sus neuronas mueran por la ausencia del contacto físico”, cito textualmente. En los pequeños la falta de contacto físico también impide la producción de la cantidad suficiente de la hormona de crecimiento que da origen a un problema que se conoce como “enanismo psicosocial”. Otras investigaciones revelan que los cerebros de los bebés no acariciados son un 20% más pequeños que los de aquellos que sí son cuidados con afecto.

Ahora bien, los abrazos son fundamentales en todas las etapas de nuestra vida.  Estudios indican que, a cualquier edad, cuando otros nos tocan o abrazan aumentan los niveles sanguíneos de oxitocina conocida como la “hormona del amor”, lo que implica en consecuencia, que baje nuestro ritmo cardíaco y baje nuestra tensión arterial. La oxitocina reduce el estrés porque propicia la disminución de los niveles de cortisol, hormona que se asocia a esta condición, razón por la cual baja la ansiedad, relaja, y atenúa las preocupaciones, potenciando nuestro bienestar.

Entonces queda claro que un abrazo de al menos 20 segundos merma los terribles efectos orgánicos causados por el estrés, por su impacto positivo en la presión arterial y frecuencia cardíaca. Un abrazo diario, podría ayudarnos a combatir infecciones, porque fortalece nuestro sistema inmunológico, aliviar la depresión y atenúa la fatiga.

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Contacto físico: una necesidad

Análisis psicosociales muestran que en gran medida la depresión de los ancianos se debe a la ausencia de la calidez del contacto físico.

Para el ser humano, el contacto físico y el cariño son una necesidad, porque permiten sentir protección, amor y reconocimiento del prójimo, como ya les comenté. Es tan esencial como el agua y el alimento. De hecho, es posible que el afecto recibido durante la niñez, determine la forma de darlo en el futuro y puede marcar definitivamente nuestra personalidad como adultos. Los especialistas comentan que una persona que ha crecido sin afecto, suele ser rígida, celosa, posesiva, insensible y/o violenta.

Un abrazo: ¡la mejor terapia!

El abrazo, es una forma simple y pura de manifestar afecto que funge como terapia porque propicia el alivio del dolor, la depresión, la ansiedad y la tensión emocional. En los enfermos significa una fuerza para seguir adelante. En los bebes les ayuda a crecer y a fortalecerse. Un abrazo ejerce un efecto positivo en el desarrollo del lenguaje y en el coeficiente intelectual de los pequeños.

En aquellos que tocan y son tocados, se producen alteraciones fisiológicas positivas y se dan lazos más estrechos porque se superan las barreras emocionales.

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María Laura Garcia

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