Bueno tendría que decir que no solo de mi bebé, sino de nosotros como papás. En el artículo anterior les había dado unos tips de cómo elegir el mejor jardín según nuestras necesidades y las de nuestros niños. Pero, aunque muchos nos dicen cómo va a ser -y aquí entró yo y me uno a las historias- la verdad es que no dimensionamos la realidad hasta que la vivimos.

Yo pensé que estaba preparada psicológica y espiritualmente para llevar esta transición de la mejor manera posible, pero no fue así. Cuando mi esposo y yo decidimos el jardín, llevamos a Lucas para que lo conociera y fue increíblemente, gritaba de la emoción, incluso creemos que alcanzó a decir en su idioma “¡a jugar!” antes de lanzarse en una deliciosa piscina de pelotas.

Al ver su felicidad supimos (entre otras cosas) que era el lugar donde queríamos confiar a nuestro bebé. Le estuvimos hablando de su jardín días previos, todo iba perfecto, hasta que llegó el día uno.

Jardín infantil

Foto Cortesía

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El día del horror

Por supuesto, estábamos ansiosos por su primer día de jardín. “Ya es oficialmente grande nuestro bebé”, pensamos.  Pero en medio de esa ansiedad había mucha alegría por una nueva etapa que estábamos conquistando juntos en esta montaña rusa que es la maternidad y la paternidad.

Sin embargo, era como si Lucas supiera que había un cambio. Ese día puso más problemas que nunca para vestirse. Se despertó serio y hasta medio lloroso. Tratamos de seguir con nuestra mejor actitud.

Desayunó, aunque no quiso comer mucho (también es algo raro en él). Jugaba son su morral, un león divino igual que él, nuestro leoncito amado. Fue hasta que nos montamos al carro que se puso feliz. Nos ilusionamos. ¡Ay, mira que feliz va para su colegio!, decíamos. Todo era una fantasía.

Su horario normalmente será todo el día, de 8 a.m. a 4 p.m., pero mientras esté en etapa de adaptación será solo medio día.

Era ver los ojos de tristeza y angustia de mi bebé para sentirme la peor mamá del mundo. Mi esposo lo cargó y lo llevó hasta su amada piscina de pelotas, pero ni ahí se quiso quedar. Lo dejaríamos ahí y nos iríamos, él lo presentía. Ya no era tan divertido ese lugar.

Lo dejamos con sus maestras y por ratos estuvo bien, pero mientras estábamos reunidos con las coordinadoras escuchábamos sus gritos al fondo (Lucas no llora, él grita). Era desgarrador. Traté de ser fuerte, insisto, me tragué muchas veces las lágrimas, pero fue irnos del jardín y escuchar sus gritos al fondo para destrozarme.

Jardín infantil

Foto Referencial

Estuve todo el día llorando, literalmente. Casi no me pude concentrar en el trabajo. Extrañaba a mi mamá, quien está lejos de mí. Gracias a Dios mi hermana estaba con nosotros, fue un apoyo saberla ahí conmigo.

Mi esposo, admirable, aguantó como un roble para darme fuerzas. La coordinadora estuvo toda la mañana enviándonos reportes, fotos, videos. De a ratos estaba feliz, pero recordaba que estaba allí “solo” y arrancaba a llorar. Estaba hinchado. Casi no comió.

Su papá lo buscó al mediodía. Yo lo pude ver hasta la noche. Lo abracé tanto, le dije que lo amábamos. Que el jardín era lo mejor para él, donde haría amiguitos, aprendería mucho y sería muy feliz. Que solo era cuestión de tiempo que se acostumbrara. Hasta una canción me inventé para el jardín.

Ya lo peor pasó

Así ha arribado a su primera semana de jardín. Ya no lo buscamos a las 12, ya puede estar hasta la 1 p.m. El reporte del su humor que nos envía su maestra ya son dos caritas felices, la meta son tres. Ya comió su merienda y almuerzo. Ya durmió en el jardín. No se le despega a su maestra, creemos que se enamoró.

En tan pocos días hemos visto su avance a pasos agigantados. Ese terror del primer día es difícil que se borre, pero definitivamente estamos seguros de que elegimos un excelente lugar para él y él se adaptará rápido y cada día será más y más feliz.

Viene el fin de semana y ya nos advirtieron que probablemente el lunes haya un retroceso (esperemos que no), pero es parte del proceso. Ya no nos sentimos los peores papás del mundo.

Jardín infantil

Foto Referencial

Estamos felices, es la verdad. Hay en el fondo un poco de tristeza porque es aceptar que creció y seguirá creciendo y pasará más tiempo en su colegio que en casa, y va a llegar un momento en que prefiera ir al jardín que estar en casa. Pero así es la vida, de soltar, de dar alas y siempre le daremos alas para volar a nuestro pollito amado. Eso nos hace felices.

Recuerda, una mamá feliz cría a un bebé feliz.

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