La expresión facial denota nuestras emociones y envía información a otros individuos acerca de la emoción que sentimos, así lo explica la teoría del feedback facial, que propone que los movimientos faciales asociados a cierta emoción pueden influir en las experiencias afectivas. Esta es una de las teorías más representativas del estudio psicológico de las emociones y la cognición, por lo que continúa siendo discutida y experimentada constantemente.

En el siguiente artículo conocerás cómo se definió y cuáles han sido algunas de sus comprobaciones de esta teoría.

¿El movimiento del rostro crea emociones?

Esta teoría inicialmente fue presentada por el psicólogo estadounidense Silvan Tomkins, quien postuló la vinculación entre los movimientos musculares de la cara y la generación de las propias emociones. Es decir, algo así como que sonreír nos hace sentir felices, o poner cara de amargura evoca sentimientos de tristeza.

Entre otras cosas se ha intentado explicar cómo ocurren las emociones, de qué manera las hacemos conscientes, y cuál es su función tanto a nivel individual como social. Se le llama teoría de la “retroalimentación” facial, porque sugiere que la activación muscular del rostro puede generar una retroalimentación sensorial hacia el cerebro; cuestión que finalmente nos permite experimentar y procesar conscientemente una emoción.

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Estudios relacionados

Existen muchas investigaciones y estudios sobre como nuestra conducta corporal influyen sobre nuestra activación fisiológica y nuestras emociones. Sobre todo lo que se refiere a técnicas de autorregulación de la respiración, o de cómo nos afecta nuestra postura corporal en ciertas situaciones, además de que sabemos con certeza, que se han demostrado que existen estrategias efectivas de autorregulación relacionadas con conductas corporales incompatibles con el estrés o la ansiedad, como forma de regulación psicológica y fisiológica de la activación…

Un famoso y conocido estudio relacionado con este tema, es el del psicólogo social Alemán, Fritz Strack, realizado en 1988. En el estudio se les mostró una serie de tiras de humor gráfico a dos grupos de personas, y les pidió que valoraran cuán graciosos eran los dibujos. El primer grupo sostenía en la boca un lápiz como se muestra en la figura A. El segundo grupo también sostenía un lápiz en la boca, pero como se muestra en la figura B.

Sorprendentemente, para la gente del grupo A, las imágenes resultaron más graciosas que para los del grupo B. Los resultados del estudio se pueden interpretar como que la gente experimenta las emociones asociadas a la expresión facial. La mueca de risa provocada por el lápiz en el grupo A, les hizo ver más gracia en los dibujos.

La conclusión fue que las expresiones faciales asociadas con alguna emoción efectivamente pueden transformar la experiencia subjetiva de dicha emoción; incluso cuando las personas no están totalmente conscientes de los gestos faciales que están llevando a cabo.

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Nos inhibimos cuando somos observados

En el año 2016, el psicólogo y matemático Eric-Jan Wagenmakers, replicó junto con sus colaboradores el experimento del bolígrafo sostenido, casi tres décadas después de haberse realizado esa prueba, lo que evidenció que se no encontrara evidencia suficiente que sostuviera el efecto de la retroalimentación facial.

En ese caso el estudio se hizo con una cámara de video que grababa la actividad de cada uno de los participantes. De acuerdo con Strack, la experiencia de sentirse observado provocada por la cámara de video, habría modificado significativamente el efecto de la retroalimentación facial.

En sus investigaciones comprobaron que el efecto de la retroalimentación facial se presenta notoriamente cuando no hay un dispositivo electrónico grabando (con lo cual, los participantes no están preocupados por el monitoreo de su actividad).

Por el contrario, el efecto disminuye cuando los participantes saben que están siendo monitoreados mediante la cámara de video. La inhibición del efecto se explica de la siguiente manera: la experiencia de sentirse observado genera la necesidad de ajustarse a expectativas externas, para las cuales, la información interna no está disponible o no está preparada.

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Con información de psicologiaymente.com

 

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