Todos los días en mi consulta dispongo un tiempo para conversar con cada paciente, y cada vez es más frecuente encontrar historias en común: abuelos sin poder disfrutar a sus hijos y nietos, parejas que pasan más de seis meses separadas mientras uno busca ingresos en otro país, amigos que ya no están. Vivimos el fenómeno de la diáspora venezolana, donde miles de compatriotas se ven en la necesidad de mudarse a otras latitudes, viviendo regados en diferentes países del mundo.

En estos tiempos que nos tocó vivir, sin perder la esperanza por un futuro mejor, para muchos la realidad es abrumadora: una Venezuela ahogada en la falta de oportunidades y la miseria que aumenta. Entonces el día a día se colma de despedidas: más de la mitad de mis pacientes o se han ido o tienen planes próximos de irse a vivir a otro país; algunos por avión, y otros por viajes en carretera que duran cinco días o más.

Unos se van otros se quedan. Admirable es quién decide irse, empezando generalmente desde cero, incluso cambiando o dejando atrás su profesión, a cambio de tener mejor calidad de vida; y más respetable aún la decisión de quedarse. Seguir en este país actualmente  representa un gran reto para la mayoría. Es un riesgo en todos los puntos de vista: la salud principalmente, sin dejar de mencionar la seguridad, la educación y claro el mayor de todos: el riesgo económico al ver que tu ingreso no es suficiente para vivir dignamente.

La depresión puede visitarnos en ambos casos: seamos inmigrantes o no, la tristeza es una oportunista de estas situaciones, y la mayor razón es no tener a nuestros seres queridos cerca.

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¿Esta situación afecta nuestra salud?

Como todo proceso que cause tristeza a largo plazo, una de las consecuencias más importantes es la aparición de un estado depresivo crónico, en el cual se permanece en esa situación de apatía y desgano por algunas semanas y puede incluso  requerir medicación para su control. La estadística de personas medicadas por depresión es habitualmente mayor a la que creemos, especialmente la tercera edad.

La persistencia de un estado depresivo influye directamente en nuestro sistema inmunológico, oportunidad para la aparición de patologías que van desde lo más simple como un cuadro gripal repetitivo, pasando por complicaciones respiratorias como el asma, bronquitis, enfermedades gastrointestinales como el colon irritable y la enfermedad ulcero péptica, recurrencias de virus como el VPH, herpes simple y el herpes zoster o varicela responsable de la famosa “culebrilla”; y a largo plazo las implicaciones de este sistema inmunológico debilitado pueden ser determinantes en la aparición de procesos malignos.

¿Qué puedo hacer para aliviar esta sensación de pérdida?

Lo primero es  entender que no podemos sumergirnos en lo negativo y solo ver la ausencia. Puede que tu familia y amigos no estén tan cerca como para verlos a diario pero haz el ejercicio mental de saber que están felices, que sus oportunidades de prosperar y lograr sus sueños son muchas, a diferencia de la vida que estaban viviendo.

Visualiza y decreta su próximo encuentro: aunque estén lejos, en países como Australia por ejemplo, no cedas al pesimismo ni a la idea de no volver a verlos. Por difícil que parezca nada es imposible. Si te lo propones y con la ayuda de tus seres queridos que tendrán una vida mejor, más pronto de lo que crees cumplirás dos sueños: ver a tus seres amados y viajar.

Encuentra nuevos amigos: intenta relacionarte con nuevas amistades. Siempre hay otras personas con quienes podemos conversar y congeniar.

Distrae tu mente: quedarte en casa no es una buena opción, la mente fácilmente se deja envolver por la apatía. Comienza la práctica de algún tipo de actividad física y si es en grupo mucho mejor para buscar nuevas amistades.

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Procura hacer tu trabajo lo mejor posible: nuestro país necesita gente seria y responsable; muchos de los que se han ido eran parte del gran talento profesional de este país, sin embargo la población seguirá necesitando sus capacidades. Si te empeñas en ser excelente tendrás  una oportunidad para destacar  y ser el mejor en lo que haces; con el tiempo tendrás el reconocimiento que siempre has deseado.

Tu familia y amigos necesitan tu apoyo: la decisión de emigrar es difícil y hacerlo sabiendo que deja a una familia triste lo hace más cuesta arriba. Contar con el apoyo de la familia es un primer gran paso, y siembra las bases para una comunicación constante.

Apóyate en la tecnología: hace solo veinte años quien decidía emigrar solo podía comunicarse por teléfono. Actualmente tienes herramientas que te  permiten hablar y ver en vivo a tus seres queridos, además de los mensajes de texto, correos electrónicos, etc.

No juzgues: apoya a otros en tu misma situación puede ayudarte. Valiente  es aquel que decide irse y también  valiente quién  decide quedarse. Evitemos comentarios como: “¿por qué se fue?, ¿por qué se va para ese país?, ¿y si no le va bien? ¿Y van a vender todo? ¿Y por qué no llevan al perro?”…. No todos podemos irnos, la situación de cada quien es respetable, no todos podemos irnos al mismo país, especialmente cuando las leyes de inmigración son cada vez más estrictas, sin contar que hay países donde puede ejercerse la profesión y otros donde tienes que olvidarte de tu carrera

Espero esta lectura les sea útil a todo aquel cuyo familiar o amigo se ha ido a vivir a otro país, una realidad creciente para cada venezolano.

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Por. Dra. Peggi Piñango

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