El estilo de vida actual, tan acelerado, propicia un tipo de adicción que aunque les parezca increíble afecta a muchos: “adicción al estrés”. ¿Por qué? El exceso de conectividad gracias a los teléfonos celulares e inteligentes, las portátiles, la demanda que implica el uso de las redes sociales, hace que todo suceda muy rápido pero además que nos sobre carguemos de responsabilidades y compromisos, más que nos exijamos demasiado en cuanto a la velocidad y capacidad de respuesta.

Sin duda, muchos de nosotros vivimos acelerados, en estado de alerta permanente lo cual da pie a la producción de altas dosis de cortisol y adrenalina de parte de nuestro cuerpo, sustancias que si se producen de manera crónica pueden deteriorar nuestra salud de forma importante y de diversas maneras. Ahora bien, de manera extraña el cuerpo para sentirse energizado, por estar sometido a estados de alerta permanente, puede hacerse dependiente de ese estrés, como detonante de ese esfuerzo extra que permanentemente se requiere.

Por otra parte, nos podemos considerar adictos cuando surge la necesidad permanente de repetir un determinado estado, conducta o acción para sentirnos bien; es decir, cuando la adicción nos controla o hace actuar de forma ansiosa, impulsiva y se vuelve indispensable en nuestra vida. Por ejemplo, los workaholic, o “trabajadores obsesivos” o aquellos que no pueden prescindir de la adrenalina del trabajo. Hago referencia a aquellos que como yo, al pasar 4 días de vacaciones, ya comienzan a sentirse ansiosos siendo el descanso algo que se convierte en pecado y piensan que están perdiendo el tiempo cuando se ven sin hacer nada.

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¿El estrés, una costumbre?

Son comunes aquellos que viven estresados porque sencillamente les cuesta relajarse y tomarse las cosas con serenidad. Este tipo de adictos, saltan de un tema a otro de manera contante, no se concentran y generalmente dan una rápida mirada a las cosas, sin profundizar. Están permanente ocupados, con mil cosas pendientes, corriendo contra reloj.

Para algunos, lo anterior puede ser agotador, pero los afectados, como yo, esta forma de vivir, nos hace sentirse vivos y/o motivados. De lo contrario, insisto, sería sentirse que desperdician su vida o no van a alcanzar sus metas por no estar enfocados.

Como toda adicción tiene un precio…

Ahora bien, que se los digo yo, vivir así tiene su costo sobre la salud y el bienestar. Por ejemplo, es difícil sostener relaciones personales y familiares nutridas, de esas que nos llenan de afecto y verdadera felicidad. Además provoca un agotamiento mental y físico, que tardaremos en reconocer, y que admitiremos por lo general, cuando se presente una dolencia o enfermedad que nos haga detener.

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¿Qué podemos hacer?

Si se reconocen en este cuadro, ya dieron el primer paso para avanzar y dejar de lado la adicción al estrés. Lo segundo es decidirse y esforzarse para bajar el ritmo. Bájenle dos a esa rutina estresante, respiren hondo y den una vuelta para estirar las piernas. Descansen su mente. Para comenzar sería bueno aprender a meditar, tomarse tiempo para hacer algo que les guste: ejercitarse, ver una película, o leerse un  libro capítulo a capítulo, compartir con amigos, en fin, buscar la manera de, a diario, al menos por una hora, parar su cuerpo y mente. Son muchos los artículos que he escrito dándoles datos para prender a relajarse y ganar en salud… así que tomarse el tiempo para aprender a ganar en bienestar, por allí pueden comenzar ese descanso que merecen para dejar de ser adictos.

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María Laura Garcia

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