Muchos de ustedes, claro esta no necesariamente todos, saben que estuve estos últimos meses entrenando para correr un maratón. Normalmente el entrenamiento para una prueba de esta naturaleza es de 4 meses y dependiendo del plan que elijas seguir, tienes que cumplir con 3 o 4 corridas semanales de diverso tipo, para sumar entre 50 y 60Kms, más cruzar dichas corridas, con fortalecimiento y cardiovascular sin impacto. La verdad, un reto mayúsculo: nada fácil y muy comprometedor a nivel del tiempo que demanda y a su vez del descanso que amerita para lograr una verdadera recuperación que le permita al cuerpo rendir de forma afectiva. Porque paradójicamente si no hay descanso no se corre bien.

Mi entrenamiento comenzó el 18 de agosto, si no recuerdo mal, y durante los dos primeros meses puedo decir que cumplí en un 70% con el “deber ser”, pero sin duda, y los que me leen seguramente coincidirán conmigo, la realidad venezolana representa para todos un maratón emocional y físico que nos está sometiendo “a todos” a un tipo de prueba que jamás hubiésemos escogido.

Los venezolanos estamos siendo obligados a participar en una carrera de fondo para la cual no hay entrenamiento que valga, y aquellos que la están atravesando mejor, es decir, sin tantos efectos colaterales, son los que han trabajado o “entrenado” su espíritu durante años, o están tomando conciencia que ese es el único camino para salir airosos.

El maratón de la vida

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En tales circunstancias, tener las energías para plantearse un reto de esta naturaleza, es decir, prepararte para correr 42 kilómetros, es una locura. ¿Se puede? Si, ¡Claro que se puede!, pero considerando 2 cosas: la primera, que puedes enfermarte si te exiges lo suficiente como para cumplir 100% con el “plan” diseñado por tu médico deportivo; y la segunda (en simultáneo), que tampoco puedes dejar de trabajar o bajar el ritmo de lo que debes “currartela” para poder mantenerte en pie económica y familiarmente hablando en nuestro país. Además, existe un agregado letalmente agotador e imposible de eludir y es la lucha que implica solventar los escollos que las carencias que este país impone, es decir, buscar medicinas y alimentos, asumir el trabajo de los que se van más superar las tristezas de las perdidas personales y las despedidas de los afectos. Lo anterior es lo que denomino como “imprevistos”, que por cierto, a diario son muchos/ Ejemplos: me robaron la batería, se fue la luz, se calló el internet, etc. ¿Las consecuencias?… merma del tiempo o menos vida.

Esto me ha pasado a mí, he tenido que decidir, entre superar los retos de la venezolanidad y no enfermarme, o llevar al tope el esfuerzo de mi cuerpo con un entrenamiento exigente. Me ha tocado escoger entre descansar o correr, porque dejar de trabajar y luchar, pues no puedo. Me ha tocado decidir, entre seguir el instinto de la niña explotadora y perfeccionista que está dentro de mí exigiéndome hacer las cosas bien para correr el maratón sintiéndome cómoda en el trayecto y mejorar mi velocidad; o bajar el nivel de la preparación para no colapsar físicamente. Y les cuento, nunca he buscado ser la más veloz, jamás, solo correr tranquila porque mi cuerpo está bien acondicionado. Mi lema: lo suficientemente rápido, pero sin lesionarme. Y hasta ahora corrí 4 maratones sin problemas, gracias a Dios.

No ha sido fácil, decidir priorizar el sobrevivir laboralmente y como ser humano, dejando de lado la presión del entrenamiento. Porque precisamente eso es lo que más me gusta: entrenar. Sí amigos, entrenar es lo que me hace sentir bien física y emocionalmente, es mi “droga buena”. Por ello, el “soltar” ha sido muy frustrante, pero en pro de mi bienestar tuvo que privar la humildad. El cuerpo no me daba para tanto, y tuve que conformarme (que palabra tan horrible, ¡la detesto!) con entrenar 2 días a la semana y a veces hasta uno, para al menos salir al maratón y poder terminarlo lo menos maltratada posible. Renunciar, por ahora, no es una opción que encaje en mi estructura mental.

Estoy segura, que ya vendrán tiempos mejores, en los cuales Dios me permita disfrutar de una de las cosas que mas me gusta: correr y entrenar.

La vida es así, siempre hay una elección por delante. ¡Si excepción! Con estas líneas, lo único que deseaba era compartirles, que tengo muy claro que la vida no es perfecta, y si te da limones sencillamente has limonada. Trata siempre de sonreír y vivir de la mejor forma que puedas lo que Dios te manda. Acepta, agradece y sigue. Todo el creador lo sincroniza de forma perfecta.

A lo mejor este, desde el principio, es el maratón que me regala la vida solo para disfrutar del recorrido y sonreír. Quizás es un reto para ganar precisamente en humildad y entender que el control no es mío, y que tengo que andar con lo que se me da y se me permite.

Definitivamente, con lo poco, nos corresponde hacer mucho con total dignidad. Y eso es lo que pienso hacer en honor a Dios que tanto me ha dado, correr lo mejor que pueda, entendiendo que no somos nada, solo una ligera pluma que mueve el viento.

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María Laura Garcia

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