Ana era una mujer de 42 años de edad, obsesionada por coleccionar libros había creado un espacio para clasificar por áreas  cada uno de ellos. Era sorprendente ver la cantidad de libros que poseía, desde salud hasta historias contemporáneas, para ella cada libro dirigía una etapa de su vida. Todo comenzó tras la ruptura de su matrimonio y el no saber manejar el duelo,  la llevo a pensar que debía buscar consuelo en algo o en alguien, pensaba que necesitaba un guía espiritual. Por esto decidió que la mejor manera de curarse era encontrar algún libro. Nunca creyó en psicólogos, terapeutas y mucho menos coach, ella estaba convencida que la forma de propiciar el cambio era siguiendo una especie de ruta a través de las líneas que otro escribe.

Ana inició el encuentro con su primer libro, llamado “amar o depender” y fue así como logró entender que quizás lo que estaba experimentando era producto de la necesidad de compañía, así abrió su camino para recuperar lo que había perdido, la fortaleza para salir adelante pese al fracaso de su matrimonio, lo que Ana no aprendió fue como expresar todo lo que sentía y en su deseo por sentirse bien y superar lo que había sucedido empezó a crear una especie de parche emocional.  Pero, ¿Qué sucede con el parche al pasar del tiempo? Si hablamos de un caucho puede despegarse, o empezar a desinflarse, lo cual se traduce a que es una solución temporal, y fue al cabo de 5 años que Ana se dio cuenta que el trabajo personal que creía haber hecho, no había funcionado. Estaba sentada en un café, tomando su acostumbrado té de la tarde y de pronto vio a su ex esposo y fue como si todo volviera a empezar de nuevo, sentía que todo se movía dentro de ella, tenía ganas de llorar, quería golpearlo, muchas ideas inundaban su cabeza pero solo pudo hacer una cosa, quedarse paralizada.

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Mientras ella vivía un huracán emocional, su ex esposo no alcanzo a verla. Ana paso el resto del día pensando en lo sucedido y todo lo que le había ocasionado verlo, no entendía porque había experimentado tales sensaciones y emociones, por lo cual decidió llegar pronto a casa y revisar en su biblioteca desesperada  y repetía “aquí tiene que estar lo que me ayudara con esto” revisó varias veces el área de autoayuda,  y nada parecía acercarse a lo que ella estaba sintiendo.  Ana necesitaba que un libro le diera respuestas y eso no estaba sucediendo.  Porque esta vez no había un libro que la dirigiera, y esto la llevo a pensar “esto está sucediendo porque no he actualizado mi  biblioteca, claro eso es lo que está pasando” ansiosa y desesperada por encontrarle sentido a todo lo que sentía decidió comentarle a su mejor amiga Sarah. Al comenzar a relatarle lo sucedido, su amiga le dijo: Ana por cuánto tiempo vas a seguir engañándote, desde que te divorciaste no has visitado ningún médico, la solución a tus dolores las consigues con las recetas medicinales para casa, o el equilibrio de tu vida lo consigues leyendo medita y equilíbrate. ¡Basta ya! deja de  creer que cada libro soluciona cualquier cosa de tu vida, ¿No crees que has olvidado afrontar las situaciones por ti misma? Deberías hablar con las personas correctas.  Llevas años con dolores en la espalda y tan solo te curas con lo que lees y aún así no mejoras.

Ana tu creías que el dolor que te causó romper con tu matrimonio de  15 años se resolvería con lecturas intensivas, olvidaste expresar lo que sentías, lo que realmente te dolía de ese proceso, preferiste obsesionarte con la sanación y obviaste lo necesario de la confrontación, ver cara a cara el problema o la situación que duele o afecta, sentirla, vivirla y guiarla pero, tenías que ir conociéndola pero sobretodo ir conociéndote. Todo este tiempo no fue más que un engaño, no existen recetas mágicas existe vivir lo que nos corresponde vivir, creando nuestras propias estrategias para salir adelante sin esperar que un par de hojas de papel te digan que hacer. Me alegra que te hayas encontrado con él, para que ahora decidas recibir la ayuda que necesitas.

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Ana no podía pronunciar una sola palabra, un par de lagrimas empezaron a correr por su rostro y tan solo pudo decir, así fui desde pequeña todo debía solucionarlo sola, pedir ayuda solo demostraba mi debilidad y por eso cuando todo terminó, una vez más tenía que levantarme sola, ahora sé que me he equivocado y esto que siento no puedo canalizarlo sola, buscaré ayuda.

Aceptar que no puedes con una situación no es debilidad, es fortaleza. Esa fuerza que te lleva a decidir “voy a recuperarme y por eso voy a buscar quien me ayude a ordenar los pedazos que quedaron sueltos”. Selecciona el terapeuta de tu preferencia, con el enfoque o el modo que más te guste y se identifique contigo, pero no te auto-engañes como Ana.  Los libros no sanan las heridas del alma.

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