migrar con niños
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La migración tiene múltiples causas y diversas expresiones y maneras de canalizarse. La peripecia de cada migrante es una historia única y propia.  Sin entrar en la casuística individual, nada puede negar que la migración constituye un factor de riesgo para las familias y, en particular, para los niños que la viven. Entre otros, por los siguientes elementos de diverso orden que suelen estar presentes en ella, afectando la vida familiar y el contexto de la crianza de los niños:

Inestabilidad económica. El cambio geográfico no siempre trae aparejadas las soluciones esperadas, además también se pierde parte del capital social existente y acumulado en el lugar de origen.

Incertidumbre. La emigración implica la apertura de un nuevo plano de vida para la familia. A menudo se presenta como una etapa para solventar emergencias acuciantes, que se prolongan en el tiempo.

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Desintegración familiar. La cohesión de las familias, que ya atravesaba por dificultades, se ve sometida a una fuerte presión cuando el jefe de familia o ambos miembros de la pareja emigran.

Pérdida de referentes. Los niños sufren particularmente el desarraigo, que implica un cambio o, en casos más extremos, una ruptura con muchas de sus figuras referentes: abuelos, amigos, vecinos, ídolos locales.

Dificultades escolares. Algunas veces el acceso a la educación (por problemas de documentación) puede llegar a dificultarse. Pero aun lográndose, la suma de dificultades para la adaptación (cambios de textos, de algunas valoraciones históricas, nuevas costumbres y prácticas) hace que el niño se desinterese de la vida escolar, y entre en el círculo vicioso de la apatía, la repetición del curso y el abandono de la escuela.

Sobrecarga de la figura materna. La emigración masculina deja a la mujer con una sobrecarga de tareas.

Precariedad al instalarse. La urgencia y la desinformación con que se mueven a veces los migrantes, los hacen tomar decisiones equivocadas al momento de instalarse en su nuevo destino.

El riesgo de la urgencia. La imperiosa necesidad de obtener ingresos en el nuevo destino que justifiquen la inversión en el movimiento migratorio, hace que el migrante se vincule rápidamente a empleos informales, insalubres o de baja remuneración, tareas de reciclaje o de ventas ambulantes, asociándose a áreas de riesgo social.

Falta de recursos. La instalación en un nuevo medio hace que el migrante o la familia deje atrás el capital social acumulado por él o su familia.

Aceleración de la adultez. La llegada a un nuevo medio, que entrega algunas soluciones pero también nuevos problemas, lleva a que niños y adolescentes terminen incorporándose tempranamente al mercado de trabajo, sin terminar los ciclos educativos correspondientes y sin la capacitación profesional que sería deseable, insertándose antes de lo debido en el mundo adulto.

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Aumento de la vulnerabilidad infantil. Todo lo anterior, la presión sobre la vida familiar, la pérdida de apoyos y referentes materiales y afectivos, la caída del rendimiento escolar del niño, la pérdida de pautas culturales y familiares claras y firmes, la incertidumbre sobre el devenir de su entorno más inmediato pone al niño emigrante en una situación de alta vulnerabilidad.

En definitiva, el cambio de ambiente, cultura y circunstancias de vida acaban generando incomprensión en los niños y adolescentes. Pueden no entender por qué están así, cuáles son las razones que les han llevado a su situación actual. Estas reacciones sólo son debidas a acontecimientos traumáticos, sino que es un proceso normal por el que pasan la mayoría de los niños y adolescentes y que es paralelo a este.

La seguridad personal, familiar y social de su vida anterior al proceso migratorio se ha visto completamente alterada y, dada su edad, el proceso de comprensión del mismo no ocurre de manera lógica y habitual como se esperaría. Es normal la aparición de numerosas preguntas al respecto formuladas a todo su entorno, a las cuales hay que contestar de la manera más clara, evitando ambigüedades y atendiendo a las edades y capacidades de cada persona.

Se hace indispensable cuidar de la estabilidad tambaleante de  los niños migrantes y así garantizar su futuro, no olvidar que:

¨Siempre hay un momento en la infancia cuando la puerta se abre y deja entrar al futuro¨      Graham Greene

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Mariangel González Medina

Pediatra

Otorrinolaringólogo

Corporación ATIEMPO 

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