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El médico Andrew Wakefield publico un artículo en 1988 en una revista médica (the Lancet), relacionando la vacuna triple viral (Sarampión, Rubeola y Parotiditis) con el Autismo, generando controversias e indujo a que miles de madres y padres dejaran de vacunar a sus hijos.  Este médico sometió a niños autistas a procedimientos invasivos e innecesarios para tratar de comprobar su hipótesis.

Un reportaje del Sunday Times, señalando la existencia de conflictos de intereses financieros por parte del Dr. Wakefield, obligo a abrir una investigación pertinente del caso.

El Consejo Médico General del Reino Unido investigo y luego de comprobar la falsedad y manipulación de los datos, dictamino que el Dr. Wakefield actuó de manera deshonesta e irresponsable, y le fue suspendida su licencia.  En 2010 la prestigiosa revista The Lancet elimino de sus archivos esta publicación.

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Esta lamentable historia desato el miedo en algunos sectores de la población y genero los llamados movimientos anti vacunas.  Los fake new, la inmediatez y el uso generalizado de las redes sociales han fomentado mitos sobre la efectividad de las vacunas que mucha gente termina por creer, poniendo sus vidas en riesgo y de sus seres queridos.  El precio a pagar por esta decisión puede ser muy alto.

Las vacunas son una de las invenciones en materia de salud pública que más vidas han salvado en la historia de la humanidad.  Se calcula que han evitado la muerte de 2.5 millones de personas al año y protegen a millones más de enfermedades y discapacidades.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), alerta sobre el auge de los movimientos anti vacunas que comienzan a ser una amenaza cada vez mayor para salvaguardar la vida de las personas.

De acuerdo con cifras de la OMS cada año se producen 1.5 millones de muertes infantiles por enfermedades que podrían prevenirse con vacunas que ya se encuentran disponibles.

La falta de vacunación fomentada por campañas de desinformación ha provocado brotes de enfermedades como el Sarampión, Difteria, Tuberculosis, etc.

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El argumento que utilizan los activistas en contra de las vacunas se basa en los efectos colaterales o reacciones que en algunos casos pueden llegar a ser severos, pero estos son mayores cuando no hay vacunación, lo cual ratifica que la prevención es lo mejor.

Sin vacunación enfermedades que se han controlado e incluso erradicado pueden rápidamente resurgir y causar serios daños a la población.

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Dr. Lenin Vivas

Medicina Interna / Medicina Critica

Corporación ATIEMPO

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