Muchos en diciembre se sumergen en tristezas y nostalgias, en gran medida, porque quizás le dan a la navidad un significado equivocado, cargado de materialismo y alejado del agradecimiento.

A través de cada uno de los espacios que tengo para comunicarme con ustedes, siempre les he hablado de la importancia del agradecimiento y de encontrar el lado positivo, que absolutamente la gran mayoría de las cosas que suceden tienen, incluso las malas. Dios, para mí, orquesta todo de forma perfecta y armoniosa, pero solo la madurez y el tiempo, nos permiten comprobarlo y palparlo.

Para mí eso es la navidad, una época para agradecer la vida y para regalar lo mejor de nosotros mismos, conscientemente, al prójimo, comenzando por los que amamos. No es que solo lo debamos hacer en este mes, sino que ésta tal vez sea la época de recordarlo y dejar las excusas de lado para hacerlo.

Navidad es para compartir las tradiciones en familia, con lo mucho o lo poco que se tenga. Los padres además tienen la obligación de transmitir a sus hijos, la importancia de dar y recibir amor, de ser solidarios, de cultivar el espíritu más de disfrutar de las pequeñas cosas de la vida, pues esto constituye el mejor regalo que podemos ofrecer a nuestros seres queridos.

Navidad, es un tiempo para renovar la fe en Dios, amar a los demás y promover la paz. Fundamentalmente, y sobre todo en Venezuela, el enfoque de los padres debe ser, compartir con los hijos valores y enseñarles que la felicidad no solo está en los regalos materiales. Lo primordial es disfrutar con alegría y espiritualidad. Háblenles sobre la renovación de la fe y la alegría que debe acompañar nuestras tradiciones ya que esa es la única manera de cultivar el espíritu y encontrar felicidad en nuestro interior.

Navidad

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Un regreso o reencuentro con la espiritualidad…

Quizás las carencias son para ello, para tener la oportunidad de regresar a lo esencial. Los seres humanos parecieran no revisar o buscar lo verdaderamente importante dentro de sí, hasta que encuentran en medio de situaciones complicadas o desesperadas.

La Navidad, es la oportunidad ideal para reflexionar y orar juntos, para hablar sobre el significado de las distintas tradiciones religiosas y contar anécdotas sobre la celebración de dichas tradiciones en la familia, en tiempos pasados, para buscar la manera de revivirlas en el momento que las circunstancias cambien y así no se pierdan.

La Navidad es tiempo de costumbres que invitan a participar de un mensaje de amor y de entrega, es decir, es la oportunidad de dar más que de recibir. Motiven a sus hijos y al resto de la familia a pensar en los demás sin limitarse a sus amigos cercanos o conocidos. Enséñenles a compartir con los necesitados, a ser solidarios y a estar dispuestos a dar desinteresadamente. No se enfoquen en los regalos materiales que ya no se pueden dar y pongamos la mirada en aquello que pedimos desde nuestro corazón.

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Aprovechen para rescatar, tradiciones sencillas, como por ejemplo, cantar villancicos. Ante todo, con sus hijos, una actitud amorosa, generosa y alegre es lo mejor que les puede transmitir, insisto, “lo vital”.

Por último y resumiendo, consideren que para fomentar este espíritu navideño, es necesario el acompañamiento, el ejemplo, más el fomento de actividades lúdicas y religiosas; porque “los momentos tranquilos, en buena compañía, vividos con humor y optimismo, son lo que propician la expansión del espíritu, dan descanso al cuerpo y traen paz al corazón”.

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María Laura Garcia

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