El sobrepeso y la obesidad, determinados por un aumento del índice de masa corporal, pueden afectar la salud de la mujer desde la adolescencia y hasta la tercera edad, y es un factor que podemos prevenir para evitar el desarrollo de ciertas enfermedades.

¿Por qué se produce el sobrepeso?

Aunque en algunas personas la obesidad tiene como origen un trastorno metabólico, en la mayoría de debe a la ingesta excesiva de calorías, es decir, alimentos cuyo índice calórico favorecen la acumulación de grasa corporal, especialmente si no gastamos esas calorías debido al sedentarismo.

El valor energético o calórico de un alimento es la cantidad de energía que se produce cuando es totalmente oxidado o metabolizado para producir dióxido de carbono y agua.

En nuestro día a día necesitamos un aporte continuo de energía para poder llevar a cabo todas nuestras funciones como el buen funcionamiento del corazón, del sistema nervioso, el sistema muscular, la actividad física la reproducción y reparación de tejidos y también para mantener la temperatura corporal. La energía que necesitamos para poder llevar a cabo estas funciones es suministrada por los alimentos que comemos y se obtiene de la oxidación de hidratos de carbono, grasas y proteínas.

Tenemos entonces que todos  los alimentos son potenciales administradores de energía pero en cantidades diferentes según su variable contenido de macronutrientes.

Si consumes exceso de calorías y nos las gastas, se acumulan en nuestro organismo como grasa.

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¿Qué consecuencias tiene la obesidad en la salud ginecológica?

Desde tempranas edades de la vida de la niña o joven, cuando comienza la aparición de los caracteres sexuales secundarios y la primera menstruación, la obesidad puede relacionarse con irregularidad de los ciclos menstruales y la aparición de síndrome de ovario poliquístico, caracterizado por alteraciones hormonales como exceso de andrógenos, trastornos menstruales, alteraciones metabólicas como hiperinsulinismo y acné. Posteriormente estas pacientes frecuentemente presentan problemas de fertilidad por los trastornos de la ovulación que genera el ovario poliquístico.

¿Qué sucede con la obesidad y el embarazo?

Las mujeres con exceso de peso corporal pueden desarrollar ciertas patologías como la hipertensión arterial y cuadros hipertensivos del embarazo como la preeclamsia, diabetes gestacional, distocias del parto y mayor frecuencia de cesáreas.

Es importante recordar que patologías como la preeclamsia representan un factor de riesgo para partos prematuro con todos los riesgos de morbilidad y mortalidad neonatal que esto implica. También se ha demostrado que hijos de madres con obesidad suelen presentar también esta entidad.

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Un riesgo a cualquier edad

Como todos sabemos, por todas las campañas de salud cada vez publicitadas, tanto para hombres como para las mujeres, la obesidad es un factor de riesgo importante para el desarrollo de enfermedad cardiovascular como hipertensión y cardiopatías y de algunos tipos de cáncer, como el cáncer de mama, endometrio, adenocarcinoma de esófago, cáncer de hígado y páncreas y cáncer colorectal. Por otro lado y no menos importante, la obesidad condiciona la aparición de diabetes tipo 2, con todas las consecuencias a nivel cardíaco, renal, y vascular que esto representa, además de afectar en ocasiones la autoestima del individuo.

Aprender a controlar el peso desde la juventud

Si educamos a la población infantil y juvenil en asumir hábitos alimenticios saludables, como la ingesta adecuada de frutas y vegetales, evitar el exceso de azucares refinados y alimentos procesados, además de adoptar la práctica de algún tipo de ejercicio, las posibilidades de desarrollar obesidad en el futuro son escasas.

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Otra herramienta es acostumbrarte a revisar el número de calorías que trae cada alimento señalado en la etiqueta, y así tomaras el hábito de comer en forma menos frecuente los alimentos con mayor cantidad de calorías como azúcar, pastas, chucherías, algunos panes, y grasas, y conocer qué tipo de alimentos puedes consumir con mayor frecuencia, como ensaladas verdes, granos, vegetales y carnes a la plancha. No se trata de imponer dietas ni rutinas estrictas; sino de asumir que algunos alimentos son menos nutritivos que otros, y que por lo tanto no podemos consumirlos diariamente.

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Por. Dra. Peggi Piñango

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