La osteoporosis se ha convertido en las últimas décadas en una enfermedad, que debido a su trascendencia tanto a nivel clínico como socioeconómico, están motivando un interés constante en el campo de la medicina preventiva.

En Venezuela se estima una prevalencia de osteoporosis del 25% para mujeres mayores de 45 años y 50% para las mayores de 60 años.

La osteoporosis ha pasado de ser considerada un proceso fisiológico, a ser una enfermedad claramente relacionada con una serie de alteraciones del metabolismo óseo, deteriorando la calidad del hueso.

La masa o densidad ósea de una persona en un momento dado, corresponde a la diferencia entre lo que se gana durante la niñez y la adolescencia, así como lo que se pierde a lo largo de la vida.

Tanto la osteoporosis como la osteopenia son condiciones importantes del adulto que tienen origen en la niñez.  Existe actualmente un interés creciente en la salud ósea de niños y adolescentes, incluyendo estudios sobre nutrición, ejercicio, y genética en el desarrollo normal de los huesos, pues una falla en estas etapas y conociéndose el alcance máximo de la densidad mineral ósea, la cual se alcanza antes de los 30 años para luego declinar, como los factores más importantes en la prevención de la osteoporosis en el adulto.

densidad mineral ósea

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Los defectos en la mineralización ocurridos durante los primeros años de la infancia puedan ser compensados más adelante. Sin embargo, es posible que las interferencias que se presentan en la pubertad condicionen un riesgo real de osteoporosis, difícil de compensar

El 60% de la adquisición de la densidad mineral ósea está determinada genéticamente, la adquisición de masa ósea requiere de la interacción de varias hormonas, siendo la más importante: los esteroides sexuales, la hormona de crecimiento, el factor de crecimiento insulinico y las hormonas tiroideas. Sobre estos factores internos pueden actuar factores ambientales en los que se puede intervenir modificando la dieta y los estilos de vida.

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¿Quiénes presentan mayor riesgo de osteoporosis?

Niveles adecuados de estrógenos, forman parte importante de una serie compleja de eventos que llevan a la ovulación y a la menstruación.  Hay una relación directa entre la historia menstrual y la densidad mineral ósea, en donde mujeres con menarquia tardía e irregularidades menstruales suelen cursar con menor densidad mineral ósea.

Las mujeres presentan un mayor riesgo de osteoporosis, tienen 2.5 veces mayor riesgo de presentar osteoporosis, y esta aumenta en la posmenopausia.

Por otra pare factores modificables como el peso corporal, son considerados un factor importante de la densidad mineral ósea, independientemente de la edad o el sexo.  Estudios demuestran una relación positiva entre el peso y la densidad mineral ósea, y el mecanismo es la estimulación mecánica así como la mayor cantidad grasa ejerce un mecanismo metabólico y de protección ósea.  De ahí que las mujeres con índice de masa corporal menores a 19, tengan mayor riesgo de osteoporosis.

densidad mineral ósea

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El tabaquismo, el hipogonadismo, la alimentación inadecuada, el sedentarismo, el uso de medicamentos (glucocorticoides, L Tiroxina, Antiepilépticos, Neurolépticos, etc.), favorecen la baja densidad mineral ósea.

El ejercicio y su efecto sobre la densidad mineral ósea

Existen numerosos ensayos clínicos que presentan los resultados de la influencia de la actividad física en la masa ósea, a lo largo de las edades biológicas, presentando algunos estudios de la influencia de los estrógenos y el calcio sobre el hueso, en relación con el ejercicio.

Utilizar cargas funcionales para influir en la masa ósea y su arquitectura tiene un amplio fundamento, ya que hay evidencia de que el efecto mecánico es uno de los principales factores osteogénicos (formación de hueso). Las tensiones dinámicas que recaen sobre el hueso influyen sobre la respuesta biológica del mismo. El estrés óseo actúa sobre la micro arquitectura, geometría y composición de la matriz ósea.

El estímulo más importante ocurre cuando las cargas exceden las habituales, siendo más importante la intensidad que la duración. Sobre todo las cargas de distribución inusual, en alta proporción y magnitud, parecen ser particularmente estimulantes de la osteogénesis. Esta respuesta puede condicionarse por numerosos factores e incluso saturarse, después de determinadas repeticiones, por mecanismos de adaptación.

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Una consecuencia práctica de ello sería que cada sesión de ejercicios, destinada a influir positivamente sobre la masa ósea, no habría de ser muy prolongada, sino que más bien debería incluir tantas tensiones de nueva distribución u orientación como fuese posible, preferentemente de considerable fuerza y frecuencia. Para mantener cualquier nivel de masa ósea en un individuo se requiere que los estímulos sean continuados, realizados en carga y de una frecuencia preferentemente diaria o alterna.

Finalmente, trabajos recientes sobre metabolismo óseo y entrenamiento deportivo se obtiene evidencia de que los cambios metabólicos y el consiguiente incremento de DMO se producen principalmente en niños y en adultos jóvenes pero no tanto en ancianos, en los que se reduce la pérdida mediante ejercicios con peso. La prevención a través de la evaluación médica oportuna, será la mejor manera de afrontar en mejores condiciones.

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Dr. Lenin Vivas 

Medicina Interna

Corporación ATIEMPO

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