Actualmente todos estamos rodeados de aparatos electrónicos que absorben toda nuestra atención: tablets, smartphone, televisiones, ordenadores. La tecnología nos rodea y a los niños les encanta, pero ¿los padres debemos  fomentar su uso temprano en casa? ¿Sabemos realmente cómo influye la exposición a estas tecnologías en el desarrollo cerebral de nuestros hijos?

 Seguro que más de uno ha quedado asombrado ante el gran manejo que nuestros hijos tienen sobre las nuevas tecnologías. La tablet se ha convertido en uno de los grandes aliados de muchos padres. Ésta nos permite tener a nuestros hijos entretenido mientras nosotros estamos realizando diversas labores, o incluso en alguna ocasión nos han ayudado a gestionar alguna pataleta de los más pequeños. Pero… ¿de qué manera afectan las tecnologias a  nuestros hijos?

Efectos de la tecnología en los niños

Durante los primeros años de vida el cerebro del niño debe comenzar a dominar su concentración. A los pocos meses de edad sólo es capaz de fijar la atención en objetos que se mueven, tiene luces o hacen ruidos como por ejemplo, un sonajero o su madre que se asoma a la cuna. Poco a poco comienza a fijarse en objetos inertes como su muñeco favorito. A medida que se va haciendo mayor es capaz de tener un mayor autocontrol, hasta el punto de ser capaz de concentrarse incluso en aquellas cosas que le resultan menos interesantes. Mientras el niño va teniendo un dominio cada vez mayor de su atención la parte frontal de su cerebro se va desarrollando permitiéndole también ser más resistente.

Lo que hace que los videojuegos, apps y programas de televisión pensadas para niños sean tan divertidas y entretenidas es que no exigen ese nivel de concentración del niño, sino que precisamente retroceden a su primera infancia y atrapan su atención con movimiento, imágenes y sonidos al igual que lo hacía el sonajero.

La realidad es que las nuevas tecnologías han llegado para quedarse y negar su existencia puede ser tan dañino como no regular la exposición de nuestros hijos a ellas. La tecnología es una herramienta que tiene como fin facilitarnos la vida y también ayudarnos a disfrutarla. Ese es precisamente el sentido que podemos transmitir a nuestros hijos. Es normal que se introduzcan en las aulas de manera paulatina y siempre con un uso controlado y también es normal que en algún momento el niño comience a utilizarlas en casa, aunque posiblemente algo más tarde de lo que sucede en muchos hogares.

nuevas tecnologías en la infancia

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Padres ausentes, tecnología demasiado presente

A esto se suma la situación familiar: la mayoría de los pequeños crecen con la ausencia constante de sus padres debido a cuestiones laborales. Al mismo tiempo, se enfrentan con una exigencia muy alta por parte de sus papás y maestros tanto en la escuela como en las actividades extraacadémicas.

Los horarios demasiado saturados y la constante presión de su entorno para que sean los mejores y cumplan con diversas actividades pueden ocasionar trastornos de conducta. Vemos niños que están agotados en la escuela, durmiendo en clase, enojados e irritables, y sus reacciones emocionales también se alteran en el hogar.

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6 consejos para evitar sobreestimular a los niños

Si el mundo actual parece girar demasiado rápido y estamos en todo momento expuestos a más información y opciones tecnológicas que nunca antes, ¿es posible evitar que esto afecte negativamente el desarrollo de los pequeños? Aquí hay algunos consejos de tres expertas en desarrollo infantil para conseguirlo.

No tratar de acelerar su desarrollo natural: Aunque la estimulación temprana se ha vuelto muy popular, es un recurso cuyo uso debe ser valorado por un experto. Alejandra Mena Córdova, fisioterapetua y especialista en rehabilitación del Hospital Infantil Federico Gómez de la Ciudad de México explica que su uso es indicado cuando los niños tienen riesgo de presentar daño neurológico debido a factores genéticos, complicaciones durante su gestación o al nacer, o por accidentes.

El uso indiscriminado de técnicas de estimulación temprana no ayudará a que tener súper niños, sino que puede producir falta de atención, hiperactividad y en ocasiones poca tolerancia a la frustración, advierte. Si los menores no tienen ningún tipo de trastorno, los padres “sólo deben favorecer su independencia. Por ejemplo, si el niño no gatea pero nunca se le deja en el suelo, no desarrollará la habilidad”.

Contar con tiempo desestructurado. Alma Rosa Hernández, quien ha trabajado como terapeuta con niños y adolescentes, subraya que  los pequeños “requieren tiempo libre para jugar, interactuar con otros niños, dibujar o  hacer lo que les agrade más”. La mejor forma de saber cuáles son sus actividades favoritas es “observándolos, platicando con ellos, conociéndolos”. Además, el tiempo de juego es una gran oportunidad para los padres de fortalecer los vínculos afectivos con sus hijos.

Disfrutar de la naturaleza y actividades al aire libre. Algunas ideas que la psicóloga Brenda Rodríguez da para pasar tiempo de calidad y permitir a los pequeños aprender a disfrutar y apreciar el entorno son jugar a separar semillas mezcladas en un recipiente; pasear en triciclo o bicicleta por un parque, o cultivar plantas y hortalizas en casa.

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Proporcionarles una alimentación adecuada. “La deficiencia en nutrición puede ser factor que determine diferencias en cuanto al desarrollo” físico e intelectual, apunta Alma Rosa Hernández. Por ello “la dieta de los niños deberá incluir agua suficiente, proteínas, carbohidratos, grasas, vitaminas y minerales”.

Limitar el uso de dispositivos electrónicos.  Es necesario equilibrar el tiempo que pasan con la tecnología con otras actividades importantes para su desarrollo como el ejercicio físico y la convivencia social.  También es recomendable que en su recámara no tengan acceso a la televisión, tablets o consolas de videojuegos a la hora de dormir, ya que estos estímulos pueden dificultarles conciliar el sueño y afectar la calidad de su descanso.

Fomentar en ellos el asombro. Una de las cosas más importantes es brindarles la oportunidad de “conocer, experimentar, hacer, deshacer  y transformar por sí mismos”, señala Hernández.

Los niños desde que nacen tienen  interés de explorar y aprender, lo único que debemos hacer los adultos es no entorpecer su naturaleza” y permitirles tener.

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Con Información de psicologiaymente.com

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