dientes
Foto Referencial

Cada vez que a nuestro hijo le viene un diente de leche nuevo nos parece lo más tierno del mundo, pero también se esconden noches de terror en las que no sabemos, a veces ni qué hacer.

Desde que mi bebé nació, uno de los temas principales por el que muchos mostraban preocupación era por la dentición. Cada vez que Lucas pasaba alguna noche sin dormir, la frase preferida era: “y espérate cuando le salgan los dientes”.

Dios mío, ya mi esposo y yo estábamos al borde de traumatizarnos con esa etapa, que tardó en llegar. No fue ni a los cuatro, ni a los cinco meses.

La salida de los primeros dientes de mi bebé, la verdad, fue un paseo. A los seis de Lucas comenzaron a brotar los dos blanquitos que lo hacían ver como el ratoncito más tierno del mundo. No hubo fiebre, diarrea, dolores, nada.

Cuando le salieron los dos de arriba para ahora transformarlo en un mordelón conejito, seguía la dicha. Ninguno de los temidos síntomas había apareció en su momento.

Seguimos a la espera de más dientitos y nada que llegaban. Mi bebé se mantuvo con cuatro dientes hasta casi el año. Una semana antes de su cumpleaños, comenzaron a brotar otros dos.

El paraíso continuaba. Unas gotitas que me recomendó una amiga médica llamadas Nenedent fueron mi salvación, pues apenas lo sentía un poquito molesto con las encías se le echaba gotitas y a los pocos minutos ya estaba tranquilo.

dientes
Foto Referencial

Sin embargo, comenzaron algunas noches de vela. El llanto sin cesar de mi bebé, sus manitos metidas en la boca con desesperación nos hicieron caer en la cuenta de que, tal vez, el paseo de la dentición había terminado.

Comenzaba la vida real. Al pasar esta primera camada de dienticos inició la formación de muelas y colmillos. ¡Ahora sí comenzó Cristo a padecer!

Lea también: Las mamás tenemos superpoderes, pero también colapsamos

Síntomas de alarma

Lucas es de excelente comer. Se puede caer el mundo, pero para él la comida es primordial. Pues, con la salida de muelas y colmillos pasó unos días que no quería sino tomar líquido. Agua y tetero. La comida, solo sopitas, avena y huevito. Nada muy sólido, nada que le representara un esfuerzo para masticar.

Ahí comenzamos a pensar: “qué le pasa a Lucas. Lucas tiene algo, él nunca deja de comer. Esto le duró como dos días”.

Pero, lo que nos comenzó a preocupar de verdad fue un cambio en su estado de ánimo. Mi bebé es un niño feliz. Sin embargo, por varios días estuvo muy irritable, por cualquier cosa lloraba, hacía pataleta.

La opinión de las abuelas siempre fue: “Eso son los dientes”. Y sí, eran los dientes.

Resulta que se le estaban formando las muelitas (o muelotas) y este proceso es más largo y doloroso. Lógicamente, pues son dientes más grandes. Le compramos todos los mordedores que se nos ocurrieran y solo le calmaban los minutos que estaban congelados, luego volvía el dolor.

Encías súper inflamadas, rojas y rompiéndose poco a poco. ¿Quién no va a estar irritado con semejante tortura? ¡Pobres bebés!

Además, se convirtió en un monstrico mordelón. Gracias a dios, esto le duró pocos días también.

dientes
Foto Referencial

Su apetito normal fue regresando poco a poco y pensamos que lo peor había pasado. Hasta que un día nos llaman del jardín que tenía casi 40 de fiebre. Bueno, llamamos al doctor y dos dio las indicaciones: ponerle ropa fresca, bañarlo con agua tibia, darle acetaminofén, mucha agua y monitorearlo. Así como hacer que durmiera lo más posible.

Así lo hicimos y mejoró rápidamente. A ese malestar se le sumaron dos días de diarrea terrible y no poder dormir. Lucas se despertaba en las madrugadas gritando, literamente: ¡ay, ay, ay! Y agarrándose la mandíbula, se la quería como arrancar.

Queríamos llorar con él. Pero la recomendación magistral de abuelas, abuelos, maestras y pediatra fue una sola: paciencia y mucho amor.

No hay mejor remedio que el amor de mami y papi, es la verdad. Ahora, Lucas, a sus 17 meses, parece un cachorrito. Tiene puntitas de colmillos y muelas por doquier, creemos que lo peor ya pasó (o eso rogamos).

Recuerda, una mamá feliz cría a un bebé feliz.

Lea también: Mi bebé tiene 15 meses… ¡Ay, Dios mío!

https://twitter.com/adialasalasb?lang=es

Comenta y se parte de nuestra comunidad