En el teatro de la vida somos unos excelentes actores, interpretamos nuestro papel a la perfección proyectando la imagen que los demás están esperando ver. Nos mostramos con esa máscara que, sabemos, es agradable para el resto y hacemos lo que los demás esperan de nosotros; todo para demostrar lo buenos y brillantes que somos, estamos en una lucha constante por demostrar más y más.

Sin embargo, no nos damos cuenta que en el camino abandonamos lo que realmente somos, perdemos nuestra esencia y dejamos de ser actores para convertirnos en marionetas; pero ¡¡no pasa nada!! Porque soy capaz de demostrarle al mundo lo lista que soy, lo guapa que soy, lo inteligente, lo divertida, cuánto dinero tengo, etc. etc. y, eso permite que nuestro ego nos dé palmaditas en la espalda y nos diga que somos buenas chicas, ¡¡que lo estamos haciendo bien!!

En ocasiones, cuando tenemos un momento de soledad, nos damos cuenta que no nos sentimos bien. Que, a pesar de todos nuestros logros, bufff, hay algo que nos falta, como una pieza que no encaja; pero en vez de pararnos y reflexionar, huimos porque nos da miedo enfrentarnos a nosotros mismos y saber qué queremos de verdad. Porque quizá si nos hacemos caso ya no encajemos en la sociedad, porque igual ya no tenemos nada que demostrar a los demás, porque no tendremos la aprobación, porque ya no seremos ¡ways! y, porque el ego no nos lo va a permitir.

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¿Cuándo nos vamos a dar cuenta de que hemos venido a aprender?

Cada uno tiene su propia lección y que, si no apruebas, se va a repetir una y otra vez hasta que la hayas aprendido; además, cada vez que se repite tiene más dificultad, no porque seamos malos alumnos ni mucho menos; sino simplemente para captar nuestra atención y que nos demos cuenta de que no vamos por el camino correcto para nosotros.

Nada ni nadie nos pone zancadillas ni obstáculos en el camino para que no avancemos. Somos nosotros mismos los que aumentamos el nivel de dificultad de nuestro aprendizaje cuando nos negamos a escucharnos y nos empeñamos en seguir viviendo una vida que no es la nuestra.

Permítete tu momento, respétate, escúchate, coge impulso, date la mano y, empieza a caminar. No esperes a que la Vida tenga que encontrar el momento por ti, porque la lección será más difícil.

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¡Si dejas que la vida tenga que buscar el modo de hacerte reflexionar y darte cuenta, la lección será más dura!

Recuerda siempre sonreír 

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Maite García

Terapeuta, especialista en terapia Ayurveda, naturales, Reiki, PNL, Ho’oponopono, sanadora personal y coach.

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