Yo no sé por qué, pero siempre las mujeres tenemos una necesidad, casi inconsciente, de darnos palo, de juzgarnos, criticarnos. Y el rol de madre no escapa a ello.

Hace unos días hice un sondeo en mis redes sociales para saber si entre las mamás que me siguen, amigas, conocidas, había alguna que se hubiera sentido la peor mamá del mundo y mi sorpresa fue que todas, absolutamente todas se han sentido así no una, ni dos, sino muchas veces.

Lo pregunté porque yo acababa de pasar por un episodio así y la verdad me sentía mal.

Mi bebé está en los 17 meses. Esta etapa en bastante complicada porque los berrinches se están haciendo cada vez más seguidos y no importa lo que hagamos, como tratemos el tema, hay momentos en los que nuestro hijo se descontrola y no hay nada que podamos hacer.

Sin embargo, sí hay varias cosas que hacemos y no debemos. Gritarles, hablarles feo, amenazarlos con quitarles juguetes o castigarlos. Que levante la mano y tire la primera piedra aquella mamá que jamás, jamás, jamás haya tenido alguna de estas reacciones.

Les cuento la mía. Mi hijo duerme muy bien de noche, pero hace como una semana durante dos noches seguidas se despertó a la misma hora en la madrugada (1:30 a.m.) a llorar desconsoladamente, a gritos.

Nada lo calmaba. Le canté, lo mecí, lo abracé, le hablé susurradito al oído, mi esposo me relevó, se lo llevó fuera del cuarto a ver si quería jugar a esa hora, hasta recurrimos al televisor, le pusimos música. Nada funcionaba, por el contrario, parecía enfurecerse cada vez más con cada intento fallido que teníamos por calmarlo.

Mamá

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El horror apareció…

Cuando me acuesto con él en la cama y busco un librito que le fascina y él de la rabia lo rompió. Agarró una de las hojas y la tiró muy fuerte. Mi reacción inmediata, ya después de una hora de llanto y gritos seguidos, fue gritarle. Le grité tan fuerte. Le dije que era un grosero, que su papá y yo solo estábamos tratando de ayudarlo y él no se dejaba.

Mientras escribo esto me dan ganas de llorar al recordar su carita de terror. Se privó con mi grito. Su papá también perdió la paciencia y le habló muy fuerte. No solo yo me sentí la peor mamá del mundo, mi esposo también se sintió lo peor.

Nuestro bebé se privó por dos segundos y arrancó a llorar. Lo abrazamos, le pedimos perdón. Lloramos con él. Nos juramos que nunca más, nunca más íbamos a permitir que la paciencia se nos agotara de esa manera con nuestro hijo.

Pero, no, no somos unos malos padres. Somos humanos, simplemente eso. Seguramente a ti te ha pasado. Has perdido los estribos.

Este artículo no es para juzgar a nadie es para decirles que los entiendo y que me arrepiento de haber juzgado en algún momento a una madre o a un padre por haber perdido la paciencia.

Pero también es un llamado de atención. Por nada del mundo debemos caer en esto. Por muy agotados que estemos, por muy angustiados o desesperados.

Siempre habrá una manera de calmar a nuestros bebés y si no la encontramos, le podemos decir: hijito, hijita, no sé cómo calmarte, pero solo quiero decirte que estoy aquí contigo, para ti, que te amo y siempre te voy a amar y a proteger.

Mamá

Foto Referencial

¿Saben cómo calmé a mi bebé?

Lo abracé y lo comencé a mecer como cuando tenía tres meses, acurrucadito en mi pecho y le comencé a cantar el Himno Nacional de Venezuela. Santo remedio, cuando estaba en la segunda estrofa ya dormía plácidamente.

No lo acosté solito. Lo acostamos con nosotros y lo acurrucamos, le dimos mucho amor. Le volvimos a pedir perdón. En la mañana despertó feliz, espero no recuerde jamás ese episodio tan feo.

A la segunda noche que le pasó lo mismo, lo calmamos a punta de reguetón. No ha vuelto a ocurrir. Quizá estaba muy agotado, quizá tenía un dolor por la salida de las muelas, tendría frío o calor. Recordamos, porque siempre lo habíamos tenido muy presente pero ese día se nos olvidó, que es un ser indefenso, inocente que no sabe hablar todavía y su única manera de comunicarse es a través del llanto.

Espero no volverme a sentir la peor mamá del mundo, pero si ocurre, también trataré de recordar que soy humana y me equivoco, al igual que tú.

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Recuerda que una mamá feliz cría a un bebé feliz.

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