Este arribo al año y medio de mi bebé no ha sido fácil, pero dentro de lo difícil también son numerosos los momentos que nos llenan de ternura, emoción y alegría.

Quiero comenzar este relato de nuestra experiencia este mes, el 18, por lo no tan agradable  y de cierta manera angustiante: la dolorosa salida de los dientes.

La parte dolorosa de esta etapa

Esta tanda de dientitos ha sido complicada, han llegado colmillos y muelas al tiempo, tanto arriba como abajo. Los ataques de dolor van y vienen, solo queda esperar y consolar porque ningún paliativo nos sirvió con nuestro chiqui.

Ya mi bebé parece un cachorrito con las puntas de los colmillos y muelas afuera, lo que quiere decir que lo peor ya pasó. Pero fueron varios días trágicos, de noches en las que se despertaba a llorar y gritar, literalmente, “¡ayayayay!”.

Otros episodios que son pasajeros, aunque no tan pasajeros como la dentición, son las temidas pataletas. Volvieron en un patrón difícil de definir. Nuestro bebé pasa de la felicidad a la rabieta en cuestión de segundos, pero así mismo se le pasa.

Mi bebé

Foto Cortesía

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Hemos descubierto que no es buena idea ignorarlos cuando están en estos momentos de “no me hallo” porque se pone peor, tampoco es bueno gritarle porque básicamente le estaríamos enseñando que las cosas “se resuelven” a los gritos y no queremos que aprenda eso. Cuando está así tratamos de distraerlos con juegos, canciones, juguetes o cosas que sabemos le gustan.

Si nada de eso funciona, lo abrazamos, le damos un besito y le decimos: ·”hijito, sabemos que tienes algo que te incomoda, pero solo podemos ayudarte con amor. Tranquilo, ya se te va a pasar, acá estamos”. Al cabo de unos minutos se calma y todo vuelve a la normalidad.

El pediatra nos ha dicho que son normales estas rabietas, pues está descubriendo su personalidad, su carácter, entendiendo qué le disgusta y qué le agrada, pero le cuesta expresarlo, entonces esto le genera frustración, de allí, las pataletas. Es algo que le pasa a todos los niños en esta etapa, tal vez a unos les pegará más que a otros o les durará más que a otros.

Lo maravilloso de esta etapa

Creo que aquí es vital el nivel de paciencia y comprensión que tengamos los papás. Recordemos que nosotros somos modelos a seguir para nuestros hijos, entonces creo que mostrarles el análisis de las situaciones, el diálogo, entender qué está sucediendo y no desesperar es fundamental.

Ahora sí quiero hablarles de los momentos más bellos que hemos vivido estos días. La ternura y el cariño de nuestro bebé están en niveles potenciados. Nos abraza, nos besa, sin decirle nada. Es un acto totalmente espontáneo que viene, se acerca y nos regala un besito o nos agarra la cara con sus manitas o nos da el mejor abrazo que se pueda sentir.

Además, está aprendiendo cada vez más palabras. Parece una esponjita, todo lo que le decimos lo repite, obviamente a su manera. Está enamorado de todos los electrodomésticos entonces abre los gabinetes, juega con ellos, lo llamamos chefcito. Claro está, lo dejamos jugar con los que no son peligrosos y allí estamos atentos.

Cuando quiere que lo ayudemos con algo se acerca, nos toma de la mano para llevarnos con él y acompañarlo o auxiliarlo. Cada vez que hace esto, acompañado de un tierno “maaami” o “paaaapi” nos derrite de amor.

Ya reconoce objetos, animales, repite sus ruidos, reconoce algunos colores, letras y números, tanto en español como en inglés. Y nos hemos dado cuenta de todo lo que le enseñan en el jardín porque parece un lorito repitiendo todo ya en casa.

Mi bebé

Foto Referencial

Todo lo que le llama la atención lo señala y le da su propio nombre. Acá entra un reto enorme de aprender a entender ese idioma “bebenil” y no morir en el intento.

Disfruta mucho sus juguetes, tanto solo como acompañado. Ya come solito con tenedor (se le facilita más que con la cuchara) aunque hay veces que quiere hacer desastres y se está negado a usar el cubierto para solo comer con las manos. Lo dejamos tranquilo, con tal de que se coma toda la comida, en eso sí soy estricta.

Y lo más bello que ha hecho estos días: ya se reconoce y dice su nombre.

Estos no son meses fáciles, pero al mismo tiempo son meses bellísimos porque vemos cada día cómo nuestro bebé avanza a pasos agigantados y es un momento de oro para enseñarles todo lo que se nos ocurra que los haga felices y personitas de bien.

Recuerda que una mamá feliz cría a un bebé feliz.

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