La mayoría de nosotros nos pasamos la vida pidiendo cambios sin pensar que dichos cambios, ya sea en el entorno o en los otros, difícilmente se suceden si nosotros no cambiamos. Si, aunque parezca mentira, nada cambia si uno, no cambia. Las transformaciones, buenas o malas inician en nosotros, de la puerta para adentro. Ya sea accionando y saliendo de la parálisis o la zona de confort, o transformando paradigmas o modificando conductas, o rodeándote de personas distintas.

Para mejorar nuestra calidad de vida, nuestro entorno e incluso nuestro país, tenemos que partir del amor propio, de querernos y amar lo nuestro. Las trasformaciones que nacen del amor, son las más sinceras y duraderas. Por ejemplo, aquellos a los que nos cuesta alimentarnos balanceadamente (ojo equilibradamente) no por razones económicas, sino por voluntad, nos debe motivar o empujar a hacer las cosas de la mejor manera, es el hecho de sentirnos bien, de saber que la recompensa es vivir más saludables o sintiéndonos mejor el tiempo que nos toque. Todo buen hábito que se ha vuelto permanente en mi vida lo he logrado convertir en algo constante pensando en el bienestar que me producen más que en lo superficial. Cuando tengo que esforzarme en realizar un trabajo agendado, dejarme de comer una torta o levantarme temprano para correr 10Kms, solo me enfoco en lo bien que me siento después de hacerlo. No veo los kilos menos, o la recompensa económica, sino lo satisfecha emocionalmente o lo positivo que experimento físicamente hablando.

El cambio

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Y ustedes se preguntarán, ¿a dónde quiere llegar María Laura con esta cháchara?… a hacerles entender que, el que suceda todo lo nuevo y bueno que aspiramos para nuestra existencia, es responsabilidad nuestra, de nadie más. Primero requiere una cuota de sacrificio, luego debemos estar convencidos y apasionados para comenzar a accionar, puesto que no le podemos achacar la responsabilidad al vecino.

En estos días, por primera vez sentí que el venezolano, comenzó a mostrar ese cambio interno que se requiere para que Venezuela salga adelante. Recientemente, en el pedacito de Venezuela, en cual yo me muevo y trabajo, vi a la gente laborando por convicción y no por obligación. Entendiendo que quedarse en casa era seguir aupando ese país que no queremos y necesitamos con desesperación dejar atrás. Hoy los vi seguros de querer hacer gala de renovados y positivos valores, que son los de la honestidad, el esfuerzo y la meritocracia. Los vi orgullosos de llegar a sus puestos de trabajo sin que nadie se los pidiera.

Y… ¿Saben qué? Esto me da esperanzas, porque imagino que ese aprendizaje que nos faltaba para que el cambio primario, es decir, el individual, se dé, pues está comenzado a manifestarse.

El cambio

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Hoy me vuelvo a llenar de fe, por ello, más que nunca, quiero segur siendo en un medio para el cambio, los invito a convertirnos en entes replicadores de valores y principios para llegar más temprano que tarde a esa “conciencia colectiva” que nos permita parir un mejor país: una nueva y buena Venezuela.

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Artículo publicado principalmente en Caraota Digital 

María Laura Garcia

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