Esta última semana, en la cual nuestra rutina se ha trastocado, he escuchado decir a gente muy cercana: _ “necesito volver a trabajar, necesito la “normalidad”, quiero mi rutina de vuelta”. Y una coyuntura como ésta me hace reflexionar sobre, que incluso, aquellas cosas que solemos ver como algo negativo, pues no lo son, en este caso, me refiero al trabajo.

Tradicionalmente muchos suelen satanizar el trabajo, viéndolo como un castigo o tortura. Quizás porque, esa mayoría no tienen la suerte de haber encontrado una responsabilidad que les guste o apasione, pero ciertamente, como todo en la vida, el trabajo, según especialistas, tiene aspectos positivos que debemos valorar para poder vivirlo o realizarlo desde el agradecimiento, y seguramente así, obtendremos mejores resultados, ya sea porque lo vamos a hacer con más gusto o nos vamos a sentir mejor haciéndolo o simplemente vamos a ser reconocidos como merecemos.

En mi caso, sobre todo en los últimos tiempos, estoy valiéndome del trabajo como una herramienta terapéutica en la que me sumerjo para no tener esos pensamientos catastróficos que suelen ser recurrentes en el país que nos ha tocado vivir. En resumen: “me ocupo y no me preocupo”.

Trabajar, es eso que busco hacer para no deprimirme o para sentir que, en medio de esta crisis, estoy invirtiendo el tiempo en algo que, en algún momento va a tener sus frutos y no en ideas que por lo general suelen ser paralizantes y desesperanzadoras. ¿El resultado? Siempre hay una ganancia, siempre consigues cosas o avanzar en otras, o sencillamente te sentirás útil.

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¿Qué piensan los expertos?

Según especialistas, esta actividad social proporciona salud física y mental ya que, para comenzar, el trabajo reduce el aislamiento social, uno de los factores que mayor deterioro cognitivo genera. Trabajar o formar parte de un equipo, nos da la oportunidad de establecer relaciones interpersonales y crear un círculo cercano en el cual apoyarnos en circunstancias difíciles. Diversos estudios demuestran que aquellas personas que no socializan y se aíslan tienden a enfermare más y vivir menos. Ahora bien, esto obviamente no aplica si se trata de un trabajo en el cual seamos víctimas de acoso.

Contar con un empleo mejora la autoestima, porque nos permite sentir que estamos haciendo “algo que sirve”, por lo cual la actividad que llevemos a cabo, aunque sea para otros, incide favorablemente en nosotros mismos, es decir, en nuestro bienestar mental.

Igualmente, el trabajo permite ganar confianza, tener una mejor autoimagen e incluso, otorga a la persona la capacidad de verse y sentirse, un mejor individuo. Más aún, que se nos asignen tareas en nuestro empleo hace que nos sintamos útiles, valiosos y seguros; lo que, sin duda, repercute positivamente en nuestra autoestima, como ya les escribí.

Algo que vale la pena destacar, es que el trabajar ayuda a combatir la tristeza o depresión, porque mantiene a las personas ocupadas y sin tiempo para pensar en aquello que suele restarle sentido a la vida. Aunque a veces nos cueste creerlo, pero a mí me pasa, el trabajo generalmente representa una de las mejores razones para levantarme mañana a mañana, cuando el individuo es responsable.

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Una cosa es estar de vacaciones, y otra no tener nada que hacer permanentemente. Para mí, el descanso también cansa, y no tener nada que hacer por un tiempo prolongado, genera frustración y depresión, es mas a muchos puede angustiar y generar ansiedad.

Finalmente, si bien el trabajo genera, muchas veces estrés; y hay momentos en los que no queremos que nos hablen del tema, los beneficios sociales y personales de realizar una actividad productiva son innegables. Así que solo por hoy, agradezcan el poder disfrutar de todos los beneficios que nos brinda el hecho de tener un empleo y hágalo con gusto, que tarde o temprano, en esa medida será recompensado.

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María Laura Garcia

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