Luego de un largo y agradable sueño durante el fin de semana, es normal que el lunes nos sintamos tentados a dormir unos minutos más, antes de ir a cumplir con nuestras responsabilidades. Algunas personas colocan varias alarmas entre los 30 minutos previos a su hora de despertar. Otros, simplemente, pulsan el botón de posponer cada 5 minutos, hasta que se ven obligados a levantarse. Y esto se repite casi todos los días sin tener en cuenta cómo puede afectar nuestra salud. Por esta razón, queremos hablar de los efectos de posponer la alarma en nuestro organismo y sobre algunas recomendaciones de expertos del sueño para evitar este terrible hábito.

¿Posponer la alarma realmente nos ayuda a descansar? Pues la verdad es que no. Por el contrario, tratar de dormir un poco más, luego de habernos levantado, altera nuestros patrones de sueño y nos hace entrar en un estado de letargo, un adormecimiento del que difícilmente podemos salir en el día. Esa sensación se conoce como “inercia del sueño”.

Cuando nos levantamos por cuenta propia, o por el sonido de la primera alarma, generalmente estamos saliendo de la última fase del sueño, llamada REM (Rapid Eye Movement), la cual prepara el cuerpo para la actividad física. Al intentar dormir de nuevo, el cuerpo busca regresar a la “fase del sueño profundo. Sin embrago, si solo dormimos esos 5 o 10 minutos de más, ese proceso se interrumpe y nos levantamos con debilidad muscular y somnolencia. Pero tratemos de explicar mejor qué son las etapas del sueño.

Foto Referencial

Las cinco etapas del sueño

Para tener un sueño reparador hay pasar por cinco etapas. La primera de estas, la etapa I, se conoce como adormecimiento. Durante este proceso, la actividad de los ojos y los músculos se ralentiza y es muy frecuente despertarse fácilmente. Suele durar unos diez minutos desde el momento que nos acostamos a dormir.

En la etapa II se reduce el tono muscular, el sueño se hace más profundo y disminuye el  ritmo cardíaco y respiratorio. Los ojos se quedan quietos y las ondas cerebrales se hacen más lentas. En este momento se hace más difícil despertarse o estar consciente de nuestro alrededor. También es en esta fase en la que se produce la sensación de caída al vacío que experimentamos de vez en cuando al dormir.

La tercera etapa no suele durar más de tres minutos y sirve de transición hacia la IV, la “fase del sueño profundo”. Es en este momento que podemos descansar tanto física, como mentalmente. Estas cuatro primeras etapas se denominan no REM.

Finalmente, entramos en la fase REM  o Rapid Eye Movement, llamada así por la velocidad a la que se mueven los ojos bajo los párpados. Durante esta fase, que dura entre 15 y 30 minutos, nuestro cerebro presenta una gran actividad pero los músculos se mantienen adormecidos, por lo que podemos sentir una especie de parálisis si nos despertamos en medio de la noche. Durante esta etapa ocurren los sueños. A lo largo del sueño, las etapas no REM se pueden alternar con la REM. Solo cuando atravesamos estas etapas correctamente es que podemos tener realmente un sueño reparador.

Lea también: ¿Qué hacer para optimizar las mañanas?

Foto Referencial

Interrumpir las fases del sueño

Normalmente, el despertar natural se produce en los últimos minutos del REM, cuando el sueño es más ligero y el cuerpo se empieza a preparar para la actividad. Durante esos últimos instantes, el cuerpo va subiendo su temperatura y segrega dopamina y cortisol, las sustancias que inhiben la sensación de cansancio y somnolencia. El uso del despertador puede ayudar a nuestro cuerpo a levantarse siempre a una misma hora, creando una rutina y permitiendo que descansemos lo suficiente. Claro, siempre y cuando durmamos una buena cantidad de horas.

Ahora, el hecho de utilizar una alarma también puede interrumpir alguna de las fases del sueño, en especial, cuando nos desvelamos o solo disponemos de pocas horas para dormir. Cuando esto sucede, la mayoría de las personas intenta postergar el disgusto de tener que abandonar su cama antes de tiempo. Pero es preferible mantenerse activo luego de despertar, que tratar de extender el sueño solo por unos minutos. Lejos de ayudarnos, esto último tiene efectos negativos en nuestro organismo, tal como advierte el doctor Robert S. Rosenberg.

El director del Centro de Trastornos del Sueño en Arizona, explica que posponer la alarma… incita al cuerpo a entrar en un nuevo ciclo del sueño sin tiempo suficiente para completarlo [se despierta y se vuelve a dormir para despertarse 5 minutos después]…”. Cuando el cuerpo trata de regresar a las fases del sueño, los músculos y el cerebro vuelven a relajarse. La interrupción de este proceso hace que nos levantemos más cansados mentalmente y sin poder coordinar nuestras extremidades. Estainercia del sueño, dice Rosenberg, tarda al menos una hora y media en despejarse y, a veces, se puede sentir durante todo el día. Además, nuestra presión arterial y ritmo cardíaco aumentan cuando nos levantamos abruptamente.

Foto Referencial

¿Cómo evitar posponer la alarma?

La doctora Reena Mehra, Directora de Investigación de Trastornos del Sueño de la Clínica de Cleveland, recomienda que hagamos de nuestro sueño una prioridad y tengamos entre siete y ocho horas de sueño todos los días. Según Mehra, muchas personas piensan que pueden operar con menos de esa cantidad, sin darse cuenta que esto puede perjudicarlos. Además de potenciar el hábito de posponer la alarma, muchas investigaciones han demostrado que el sueño insuficiente contribuye con el aumento de peso, los riesgos cardiovasculares e incluso la muerte.

Por otro lado, si después de dormir la cantidad recomendada de horas se sigue teniendo la necesidad de posponer la alarma, esto puede ser una señal de un problema distinto. En estos casos, la doctora Mehra recomienda consultar a un médico para asegurarse de que no exista algún trastorno del sueño no diagnosticado.

Con información de:

elpais.com

hipertextual.com

health.clevelandclinic.org

Lea también: En medio del caos… ¡Aprovechar y rendir el tiempo!

Comenta y se parte de nuestra comunidad