En estos días de reflexión, siento la verdad, que la gran ausente en temas de cuidado personal, es el alma, es nuestro espíritu. Y ustedes me dirán: “no María Laura, ¿Cómo dices eso?” Yo de vez en cuando medito y/o voy a la iglesia o busco distraerme haciendo lo que me gusta. Pero mi pregunta es … ¿Verdaderamente lo hacen? O siendo justa ¿Lo hacemos? Yo diría que no. En estos días de menos actividad laboral que he tenido mas espacio para mi y después de ver un documental en Netflix denominado “Heal” llego a la conclusión que es muy poco lo que hacemos por construir nuestra salud desde el pensamiento y la emoción. La mayoría se centra en la “dieta”, pasar horas en un gimnasio tomándose fotos o buscando el tratamiento estético que mentirosamente acabe con la flacidez y las líneas de expresión.

Pero la salud no se reduce a tal “simplicidad”, ya que aunque me vean feo en este instante, está ligada cien por ciento a la salud mental y el pensamiento, esa es la conclusión de muchos especialistas de diversas áreas, hasta genetistas o científicos que dentro de su racionalidad así lo han asumido) y que, intervienen en este trabajo audiovisual compartiendo sus experiencias. Ellos manifiestan que nuestro pensamiento y estilo de vida en general determinan no solo las enfermedades que desarrollamos, sino también el cómo nos recuperamos de las mismas. Partiendo de ello y analizando mi cotidianidad, como les escribí, en estos días en los cuales uno baja el ritmo, asumo con total vergüenza, el poco trabajo que le dedico a ser más ecuánime y balanceada en mi pensar o sentir.

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El trabajo o esfuerzo por procurarnos calidad de vida, debe primero centrarse en nuestra espiritualidad y no en el físico porque a larga nadie que no tenga salud, lastimosamente, lucirá bien. Y veo con estupor más tristeza que, todos desde que se puso de moda la información de salud (yo tenía claro su importancia desde 1996) se centran únicamente en el ejercicio o en la moda de uno que otro alimento como lo único vital para ser saludables, pero pocos hablan de los verdaderos hábitos o de la suma de muchos de ellos como el camino al bienestar real, ya que se trata de llegar a viejitos lo menos achacosos posible.

Lo cierto es que, en este mundo, la fatuidad siempre esta presente en la vida de las mayorías y todos los temas se superficializan. La salud no ha escapado de este drama humano.

El manejo de los contenidos de salud, debe evolucionar, no solo a nivel comunicacional, sino también a nivel de lo que los médicos prescriben como herramientas preventivas y terapéuticas. Se debe terminar de asumir que para mantener la salud o recobrarla se debe revisar el espíritu, cultivarlo y enfocarlo en el amor, la bondad y la generosidad. Debemos centrarnos en ser mejores seres humanos, debemos mejorar la calidad de nuestros pensamientos y debemos buscar las estrategias para conseguirlo.

En otros artículos les he mencionado mis herramientas, como por ejemplo ayudar a los demás, rodearnos de buenas personas, buscar modelos humanos a seguir, la meditación, en fin, debemos comprometernos desde hoy a transitar el camino de la salud emocional en paralelo a lo meramente físico. El bienestar es integral y por tanto, no lo alcanzarán si no buscan en el mundo emocional y solo ven la solución en la vitamina, el ácido hialurónico, las pesas o el aceite de coco.

Dejen lo banal del mundo de la salud para los influencers de las redes sociales o las chicas explotadas del Instagram, de lo contrario al enfermarse, se encontraran haciéndose la pregunta ¿Por qué a mí?… ¡si yo hacía tanta dieta y ejercicio!

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María Laura Garcia

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