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Después de tomarnos unos cuantos cocteles con familiares y amigos, es muy común que sintamos ganas de comernos una hamburguesa o un perro caliente. Otras veces, incluso queremos combatir la resaca con una buena pizza con extra queso. Pero, ¿qué relación puede haber entre el consumo de alcohol y comida chatarra? Resulta que estas ansias se producen porque el alcohol envía un mensaje a nuestro cerebro, pidiéndole comidas altas en calorías.

Este vínculo se ha tratado de aclarar a través de un par de investigaciones recientes, realizadas por varias universidades de los Estados Unidos. La primera observó el comportamiento de roedores por varias semanas, mientras que los sujetos de prueba del segundo estudio fueron jóvenes universitarios.

Entre las conclusiones de estos estudios, los científicos destacan que este hábito es extremadamente dañino para nuestra salud, por aumenta el riesgo de padecer desde deshidratación y obesidad, hasta enfermedades cardiovasculares. Por otro lado, también sugieren que la conexión entre el deseo de consumir alcohol y comida chatarra se puede deber a que ambos activan un mismo circuito en nuestro cerebro.

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Las ganas de consumir alcohol y comidas altas en grasa comparten circuito cerebral

Los investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad Estatal de Pensilvania, concuerdan en la potencial relación entre la obesidad y el alcoholismo porque “… el consumo excesivo de dietas ricas en grasa y el abuso de alcohol pueden utilizar el mismo circuito cerebral«. La hipótesis de su trabajo coincide con investigaciones previas que sugieren que el consumo de alcohol afecta las mismas áreas del cerebro que controlan las ganas de comer.

Este equipo de investigación analizó los patrones de alimentación y bebida de tres grupos de ratones machos adultos. Un grupo tuvo acceso continuo a comidas altas en grasa, a una solución de alcohol diluida en agua y acceso limitado de agua potable. Esto se hacía por cuatro horas al día, cuatro días a la semana. El segundo grupo tuvo un acceso más limitado a esta dieta alta en grasas y a la solución de alcohol, mientras que el tercer grupo tuvo una dieta normal para roedores. Al grupo expuesto a las grasas y el alcohol se le incrementó gradualmente la proporción de alcohol en el agua, pasando de 10 a 20% en el transcurso de ocho semanas.

Al escanear la actividad cerebral del primer grupo, se observó esta relación entre el consumo de alcohol con el deseo de comer grandes cantidades de grasa y calorías. Como era de esperarse, este grupo también mostró un aumento de peso y problemas de salud asociados con comer en exceso.

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Este comportamiento es muy frecuente en los jóvenes

Por otro lado, un grupo de investigadores, liderados por Jessica Kruguer, profesora de la Facultad de Salud Pública y Profesiones Médicas de la Universidad de Buffalo, buscó analizar los patrones de alimentación de jóvenes universitarios después de tomar cantidades considerables de alcohol.

Este estudio se valió de varias encuestas para entender los hábitos alimenticios de un grupo de estudiantes universitarios durante su rutina, incluyendo los días en los que habían consumido alcohol. Los resultados de la investigación señalan que los estudiantes cambiaban radicalmente sus hábitos alimenticios cuando consumían alguna bebida alcohólica, sobre todo a la hora de acostarse, cuando se volvían más propensos a consumir comidas grasosas o saladas, como pizzas o hamburguesas, y evitaban tomar agua o comer como vegetales.

Cuando una persona bebe alcohol, la cantidad de glucosa en la sangre cambia y envía una señal al cerebro, estimulando la sensación de hambre y la necesidad de comer algo con altas calorías para compensar. Los investigadores aseguran que esta conducta es muy dañina para nuestra salud, porque aumenta el riesgo de padecer deshidratación, obesidad, diabetes y enfermedades cardíacas. Las conclusiones de este trabajo se pueden leer en la Revista Californiana de Promoción de la Salud.

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La resaca no se cura con comida chatarra

La relación entre alcohol y comida chatarra se hace más visible cuando aparece la resaca. Cuando nos encontramos en esos  momentos de bajón, nuestro cuerpo suele pedir comidas enérgicas que, desgraciadamente son altas en calorías y grasas. Sin embargo, la comida chatarra empeora el malestar, haciendo que la resaca dure más.

El alcohol deshidrata e inhibe la hormona antidiurética, por eso orinamos más. Así perdemos más agua y, también, más minerales, azúcar y sal. De ahí que nos apetezcan más las comidas fuertes que otras saludables cuando estamos con resaca”, explica el médico experto en nutrición, Manuel Viso, en una conversación La voz de Galicia.

Por esta razón, es preferible prevenir la resaca con alimentos ricos en fibra, proteínas o hidratos de carbono, antes de empezar a tomar. Y para combatirla siempre es mejor tomar mucha agua.

Con información de:

20minutos.es

enter.co

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