Por ser poco común, la miastenia gravis es una enfermedad de la que muy pocas personas son conscientes. Sin embargo, esta puede reducir seriamente la habilidad de una persona para realizar las actividades más sencillas. Se trata de un defecto neuromuscular que interrumpe los estímulos nerviosos, causando debilidad muscular y una dificultad para controlar distintas partes del cuerpo.

Debido a la falta de conocimientos sobre este tema, nos parece conveniente hablar sobre este padecimiento, sus síntomas, causas, cómo diagnosticarlo, los tratamientos para reducir la afectación de los músculos y, aunque no se pueda prevenir, sobre algunas de las medidas que se pueden tomar para mejorar la calidad de vida del paciente.

¿Qué es la miastenia gravis y cuáles son sus síntomas?

La miastenia gravis es una enfermedad neuromuscular autoinmune que se caracteriza por la debilidad muscular. Es un padecimiento crónico que aumenta en los momentos de mayor actividad y suele bajar su grado de afectación con el descanso. Se produce cuando el sistema inmune de nuestro cuerpo destruye los receptores de acetilcolina, una sustancia neurotransmisora, bloqueando erróneamente los impulsos nerviosos que controlan la actividad muscular.

Usualmente afecta a mujeres jóvenes de menos de 40 años y a hombres de más de 60 años, pero se han dado casos en que niños y jóvenes la han padecido. La miastenia no es una enfermedad hereditaria y no puede contagiarse.

Su primer síntoma perceptible suele ser la caída de uno o de los dos párpados, algo que se conoce como ptosis, pero puede también afectar cualquier otro músculo, como los de la cara, la garganta, el cuello o las extremidades. Los síntomas más comunes son:

  • Caída de uno o ambos párpados, o ptosis.
  • Cambios en la expresión facial.
  • Visión doble, o diplopía.
  • Alteraciones en el habla y la voz.
  • Dificultad para masticar y tragar.
  • Babeo, o tialismo.
  • Debilidad en el cuello, brazos y piernas.

En los casos más severos, se pueden producir crisis miasténicas, las cuales consisten en el debilitamiento de los músculos que controlan la respiración. Es motivo de urgencia médica y requiere el uso de un respirador artificial. Generalmente, son causadas por el exceso de estrés, infecciones, fiebre o reacciones adversas a algún medicamento.

Como consecuencia de la miastenia, las personas afectadas también pueden desarrollar enfermedades como hipotiroidismo o hipertiroidismo, artritis reumatoide y lupus.

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Sus causas y los distintos tipos de miastenia

Como ya dijimos, la miastenia es causada por un defecto en la transmisión de los impulsos nerviosos a los músculos, porque el sistema inmune envía anticuerpos que bloquean la recepción del neurotransmisor que activa la contracción muscular, la acetilcolina.

Algunos médicos consideran que los defectos en la glándula del timo, un órgano linfoide que forma parte de nuestro sistema inmunológico, tienen que ver con el desarrollo de esta enfermedad, porque la mayoría de los pacientes presentan alguna anomalía. Esta glándula ayuda al desarrollo de este sistema en los primeros años de vida. Pero cuando no funciona correctamente se cree que genera instrucciones incorrectas sobre la producción de anticuerpos receptores de acetilcolina.

Se conocen varios tipos de miastenia, como:

  • La miastenia gravis ocular. Se limita a los músculos oculares.
  • Miastenia gravis seronegativa. Se relaciona con los anticuerpos contra la proteína 4 vinculada al receptor de lipoproteínas.
  • La miastenia gravis neonatal. Miastenia trasmitida por madre seronegativa durante el embarazo. Su puede tratar en el recién nacido.
  • Síndrome miasténico congénito. Es una forma bastante rara de miastenia hereditaria. Es causada por genes defectuosos que controlan las proteínas en los receptores de acetilcolina o acetilcolinesterasa, el inhibidor de la enzima colinesterasa que impide la destrucción de la acetilcolina liberada.

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Diagnóstico y tratamientos para la miastenia gravis

Para diagnosticar esta enfermedad se recurre a un examen físico que puede incluir, aparte del repaso de la historia clínica, el análisis de los reflejos, el tono y la fuerza muscular, el tacto y la vista, la coordinación y el equilibrio. Además de esto, los doctores pueden valerse de:

  • La prueba de edrofonio, una inyección de cloruro de edrofonio que mejora temporalmente la fuerza muscular.
  • Un análisis de sangre que busque la presencia de anticuerpos anormales que estén alterando la unión neuromuscular.
  • Un estudio de estimulación repetitiva del nervio. En este se colocan electrodos sobre la piel de los músculos para medir la capacidad del nervio para enviar una señal al músculo.
  • Una electromiografía, o EMG, que mide la actividad eléctrica entre el cerebro y los músculos.
  • Tomografías computarizadas (TC) o una resonancia magnética (RM) que puedan confirmar si hay una anomalía en el timo o un tumor en esta glándula.
  • Las pruebas de función pulmonar, que evalúan cómo afecta la enfermedad a la respiración.

Los tratamientos, por su parte, consisten en fármacos, terapia intravenosa o una cirugía en el caso de que exista un tumor en la glándula del timo, llamada timectomía. Cada caso es tratado de manera individual y la mayoría de los tratamientos se enfocan en el control de los síntomas.

Los medicamentos recomendados frecuentemente son los inhibidores de la colinesterasa, que mejoran la comunicación entre nervios y músculos; los corticosteroides, para limitar la producción de anticuerpos; y los inmunosupresores, que reducen la actividad del sistema inmune. Los procedimientos intravenosos suelen ser la plasmaféresis, el filtrado de la sangre para eliminar los anticuerpos; la inmunoglobulina intravenosa, que proporciona anticuerpos normales; y administrar un anticuerpo monoclonal que altere el sistema inmunitario.

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La miastenia gravis no se puede prevenir

Desafortunadamente, la miastenia gravis no tiene prevención. Sin embargo, se pueden tomar ciertas medidas para no agravar los síntomas. Las personas que padecen esta enfermedad no pueden realizar las tareas diarias de forma normal, por lo que deben actuar en los momentos en los que dispongan de mayor energía y pedir que los asistan cuando sea necesario. Del mismo modo, su rendimiento escolar o laboral se puede ver fuertemente limitado por esta condición por lo que deben adecuarse a una menor carga de trabajo y evitar el estrés a toda costa. Es fundamental que puedan descansar lo suficiente y no se expongan a altas temperaturas. Por último, también puede ser provechoso que cuenten con el apoyo psicólogo de las personas que los rodean para sobrellevar sus limitaciones.

Con información de:

lavanguardia.com

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