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Ayudar a los niños a lidiar con sus emociones es algo fundamental para su desarrollo como personas y es una de las principales tareas de nuestro rol como padres o tutores. Pero esto se presenta como un reto cuando nosotros mismos no somos capaces de entender las nuestras. Por esta razón, debemos involucrarnos en estos temas y aprender a hablar y escuchar sobre los sentimientos, porque solo cuando somos capaces de controlarnos podemos ayudar a los niños manejar sus emociones.

En un artículo reciente para EFE Salud, Pilar González Moreno habla sobre la importancia de que los adultos aprendan a gestionar y a expresar su emocionalidad, así como a prestarle atención a la sensibilidad de los más pequeños. De este modo se crea un vínculo que le facilita a ambos el entendimiento y el control sobre sus emociones.

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Las emociones no se escogen, llegan

“Las emociones no se escogen, llegan. Tampoco están bien ni mal. Son dos mensajes claves para transmitir a nuestros hijos y estamos obligados a hablar con ellos de sus emociones y de las nuestras, pero ocurre que muchas veces no sabemos ni por dónde empezar”. Para González Moreno, esta es una de las primeras lecciones que los adultos debemos aprender, que el verdadero asunto con las emociones no es cómo nos sentimos ante una determinada situación, sino cómo reaccionamos ante esos sentimientos.

Bien sea amor, odio, ira, celos, vergüenza, compasión, decepción, tristeza, confianza, ilusión o envidia, es esencial poder concientizar nuestro estado de ánimo para manejarlo y no dejarnos llevar por la irracionalidad. En muchos casos, son los adultos a quienes les cuesta más comprender las emociones por las que atraviesan, lo que les dificulta la enseñanza a los niños.

Clara Más, especialista en educación emocional de la Nau Espacial, un centro interdisciplinar donde se trabajan las habilidades emocionales de los más pequeños, opina que muchas veces son los padres quienes necesitan educarse emocionalmente, mientras que a los niños se les hace muy fácil aprender a interiorizar lo que sienten, en especial cuando trabajan en ello desde muy temprano.

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Hablar sobre las emociones y ponerles nombre

Los niños aprenden en la medida en que pueden hablar constantemente sobre lo que sienten y teniendo buenos ejemplos. Por esto, es muy importante que los padres y los adultos los escuchen, para después contarles cómo hacen ellos para lidiar con sus sentimientos. Estas conversaciones estimulan al niño a expresarse y lo ayudan a entender que los adultos también pueden compartir su emotividad.

Por el contrario, cuando los mayores se cierran o no muestran sus sentimientos, esto le da una idea falsa al niño de que los adultos no son iguales a él, llevándolo a esconder o bloquear ciertas emociones, en especial las que lo hacen sentir débil.

“Si no naturalizan tener emociones, sobre todo las desagradables, lo que hacen es bloquearlas, [porque] las emociones sino se gestionan, no se van, se esconden”, explica Más.

Entonces, hay que aprender a identificar los momentos en los que los niños quieren compartir con nosotros cómo se sienten y ser muy receptivos para que se sientan cómodos. Si bien hay momentos en los que nuestras ocupaciones no nos dejan mucho tiempo para hablar con nuestros hijos, es muy importante hacer un esfuerzo para apoyarlos siempre que lo necesiten y hacerles ver que son nuestra prioridad.

Otra regla básica pasa por ayudar a los niños a manejar sus emociones, dice González Moreno, es ponerles nombre. De esta manera es mucho más fácil para ellos poder reconocerlas, comunicarlas y aprender a controlar sus reacciones ante ellas.

"El Gran Libro de las Emociones"
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El gran libro de las emociones

“El Gran libro las Emociones” es una obra infantil escrita por María Menéndez –Ponte, con la asesoría de Clara Más y todo el equipo de la Nau Espacial, que busca ayudar no solo a los niños, sino a los adultos a hablar de con sus hijos pequeños para ayudarlos a reconocer y comunicar lo que les pasa.

Este libro habla sobre el problema que representa que los padres estén muy ocupados para prestarles la atención que sus hijos se merecen, lo que disminuye la comunicación y el aprendizaje de los pequeños. También explica la importancia de que los niños aprendan a explicar sus emociones para su crecimiento y su felicidad.

Se compone de treinta cuentos que aluden a una emoción diferente y aconsejan tanto a los adultos como a los niños cómo manejarlas, como por ejemplo el miedo, la rabia, la alegría y el amor, además de hablar de las consecuencias de la mentira.

Para tener más información sobre esta obra o tener más información sobre educación emocional, recomendamos visitar el artículo original de Pilar González Moreno:

Las emociones no se escogen, llegan

Con información de:

efesalud.com

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