Tal como su nombre indica, los hidratos de carbono son biomoléculas compuestas por carbono, hidrógeno y oxígeno que suministran energía rápida para el organismo y para la formación estructural de los seres vivos. También conocidos como carbohidratos, glúcidos o sacáridos, se encuentran en una gran variedad de alimentos de nuestra dieta básica, como en el arroz, el trigo, el maíz y la avena; en el pan, la pasta, los tubérculos, las legumbres y, en menor medida, en vegetales y frutas. El almidón y el azúcar son sus principales fuentes. Ahora, si bien sirven como combustible biológico, los hidratos de carbono también están ligados al desarrollo de ciertas patologías.

En este sentido, las personas que padecen de alteraciones en alguno de sus sistemas, deben ajustar su alimentación para no agravar las molestias. Controlar la ingesta de carbohidratos es esencial para prevenir la aparición de problemas digestivos, metabólicos o inmunológicos que puedan comprometer nuestro bienestar. Ángela Arrizabalaga y Henar Fernández, en un artículo para EFE Salud, nos exponen cuáles son algunas de las condiciones fisiopatológicas en las que consumir de hidratos de carbono resulta contraproducente.

De acuerdo con la especialista Laura González, responsable del área Nutrición y Salud de Nestlé España, los trastornos o enfermedades que requieren un plan nutricional especial son:

El favismo

Esta alteración genética produce el déficit de una enzima presente en los glóbulos rojos, la glucosa 6 fosfato deshidrogenasa. El favismo puede causar una anemia severa por la  destrucción de los glóbulos rojos.

El cuadro clínico varía según la persona, pero, por lo general, los síntomas de la anemia se presentan de manera similar, provocando palidez, debilidad, fiebre, mareos, taquicardias incluso ictericia. A pesar de no tener cura, los pacientes pueden tener una vida normal si adaptan su dieta en función de los síntomas. Esto significa, claro, limitar el consumo de hidratos de carbono.

Foto Referencial

La alergia al trigo

Esta reacción es confundida frecuentemente con la enfermedad celíaca. Arrizabalaga y Fernández explican que “mientras en la celiaquía la reacción anormal del sistema inmunitario se debe a la presencia de gluten, la alergia al trigo se da cuando se producen anticuerpos en presencia de las proteínas del trigo. Tales como la albúmina o el gluten”.

La alergia al trigo puede ser consecuencia del consumo de este cereal en particular o alimentos que lo contengan, como la pasta, la sémola o la harina. Incluso si se inhala por accidente la harina de trigo puede causar alergia. No es inusual que las personas con esta condición también sean alérgicas a la cebada o el centeno.

La reacción del cuerpo ante el trigo provoca urticaria e inflamación de las vías respiratorias, llegando a inducir un shock anafiláctico en los peores casos.

Para tratar esta afección, es necesaria la exclusión total del trigo de la dieta y de todos los alimentos que contengan este cereal.

Lea también: Cómo llevar una dieta libre de gluten sin tantas limitaciones

Foto Referencial

Sensibilidad al gluten

Se caracteriza por síntomas intestinales parecidos al cuadro clínico de la enfermedad celíaca, pero también presenta unos no digestivos como dolor de cabeza, erupción cutánea o confusión mental. No se conoce con exactitud las sustancias responsables de esta reacción. Podría ser el gluten así como una sustancia que esté contenida en el trigo”, aclaran Arrizabalaga y Fernández.

La reacción del sistema inmunológico no es fácil de identificar y para poder ser  diagnosticada se debe descartar tanto la enfermedad celíaca, como la alergia al trigo y otros trastornos con síntomas similares.

Para tratar esta sensibilidad es necesaria la supresión temporal del gluten hasta la reducción de la inflamación intestinal, reducir la ingesta de medicamentos y el consumo de hidratos de carbono fermentables. Generalmente, los nutricionistas recomiendan una dieta llamada Fodmap.

Enfermedad celíaca o hipersensibilidad alérgica al gluten

Arrizabalaga y Fernández aseguran que “El 1 % de la población mundial padece esta enfermedad, aunque la mayoría aún no lo sabe. La celiaquía es una alteración autoinmune, y se dan en individuos genéticamente predispuestos a padecerla. Les causa una atrofia de las vellosidades del intestino delgado, por lo tanto los nutrientes se absorben peor con síntomas de alto alcance”.

El gluten es una proteína que se encuentra en el trigo, la cebada, el centeno, en la avena y en otros tipos de cereales. La celiaquía se diagnostica a través de un análisis de sangre o, a veces, una biopsia del intestino.

Además de los síntomas digestivos, también puede causar cansancio, irritabilidad, anemia, retraso del crecimiento, o incluso infertilidad. El único tratamiento es una dieta libre de gluten para toda la vida.

Foto Referencial

La diabetes

Como bien sabemos, la diabetes es una enfermedad que hace que los niveles de glucosa, o azúcar, en la sangre se eleven demasiado porque el cuerpo no produce la insulina necesaria. Esto evita que la glucosa entre en las células puede ser utilizada como fuente de energía, haciendo que se acumule en la sangre. En el caso de esta afección es muy importante controlar el tipo, la cantidad y el reparto de los hidratos de carbono en la dieta diaria para contrarrestar los síntomas.

Para finalizar su artículo, Arrizabalaga y Fernández advierten que “los cambios requeridos en la dieta [con respecto a los carbohidratos] pueden poner en riesgo la cobertura de la energía y por lo tanto aumentar el riesgo de malnutrición. Es importante siempre ponerse en manos de un profesional de la salud”.

Con información de:

efesalud.com

Lea también: ¿Existe la adicción a los carbohidratos?

Comenta y se parte de nuestra comunidad