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Si bien no podemos predecir con exactitud hasta que edad viviremos, el estudio de ciertos factores genéticos, ambientales y de conducta podría darnos una idea de nuestra longevidad y de nuestro estado de salud en el futuro. Este fue el objetivo de una investigación realizada en la Universidad de California (UC) en San Diego, Estados Unidos, en la que se analizaron los genes y el historial familiar, de una considerable cantidad de mujeres, en relación con el proceso de envejecimiento. Los resultados arrojaron que, cuando sus padres vivían más de 90 años, las mujeres tendían a superar esta edad también.

Un artículo de ABC Familia repasa los métodos y las conclusiones de este trabajo, llevado a cabo por los investigadores de la Escuela de Medicina de la universidad, que además de prever que las mujeres podían alcanzar más de 90 años, también tienen más probabilidades hacerlo sin padecer enfermedades físicas o trastornos de la mente.

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Envejecer saludablemente, una prioridad ante el crecimiento de la población

Este estudio, publicado en la revista oficial de la Sociedad Británica de Geriatría, ‘Age and Aging’, infirió que cuando las madres vivían por encima de los 90 años, la probabilidad de que sus hijas alcanzaran este número, y lo superaran, aumentaba un 25%. En el caso de que ambos padres superaran esa edad, las probabilidades de las mujeres subían hasta el 38%. Pero más allá de estas cifras, también encontraron que podían vivir libres de padecimientos graves o crónicos, como enfermedades cardíacas, derrames cerebrales, diabetes, cáncer, fracturas de cadera u otras debilitantes discapacidades.

Aladdin Shadyab, primer autor de este trabajo y becario postdoctoral en el Departamento de Medicina Familiar y Salud Pública, de la Facultad de Medicina de la UC, advierte sobre la necesidad de monitorear el estado de salud de las personas mayores, a raíz de su aumento progresivo en la población mundial:

lograr un envejecimiento saludable se ha convertido en una prioridad crítica de salud pública a la luz del rápido crecimiento de la población que envejece en los Estados Unidos [y en el mundo]. Nuestros resultados muestran que estas mujeres no solo llegaron a los 90 años, sino que también envejecieron evitando enfermedades graves y discapacidades”, explicó.

Para Shadyab “no se trata solo del número de velas en el pastel”, sino del estado de salud con el que arriban a los 90 años y después. “Estas mujeres eran independientes y podían hacer actividades diarias como bañarse, caminar, subir escaleras o participar en pasatiempos que les gusta, como el golf, sin limitaciones”. Entonces, fue necesario que los investigadores estudiaran, además de la longevidad, los hábitos y la salud general de los padres, para poder rastrear su relación con el envejecimiento de sus hijas.

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La edad de la madre tiene mayor incidencia que la del padre

A diferencia del caso de la madre y el de ambos padres, este estudio no encontró ninguna evidencia de que la longevidad del padre influyera directamente en la salud de las mujeres o en su probabilidad de vivir más de 90 años.

Para llegar a estas conclusiones, el grupo de trabajó analizó los datos de aproximadamente 22.000 mujeres posmenopáusicas que participan en la Iniciativa de Salud de la Mujer, un estudio nacional a gran escala, enfocado en la investigación de los principales factores de riesgo de enfermedades crónicas en la mujer. Por esto, es importante aclarar que los investigadores no abordaron los efectos del período de vida de los padres en los hijos varones.

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El peso de los genes, el ambiente y la conducta en la longevidad

Aun cuando es imposible predecir con exactitud cómo va a envejecer una persona, Shadyab y el resto del equipo partieron de la idea de que una combinación de factores genéticos, medioambientales y conductuales, transmitidos a las generaciones posteriores, influyen  en el proceso de envejecimiento de los hijos.

Ahora tenemos evidencia de que el tiempo que viven nuestros padres puede predecir nuestros resultados a largo plazo, incluso si envejeceremos bien, pero necesitamos más estudios para explorar por qué. Tenemos que aclarar cómo ciertos factores y comportamientos interactúan con los genes para influir en el envejecimiento (…)”, fueron las palabras del primer autor.

Otro aspecto que arrojó este estudio fue que, cuando las madres alcanzaban más de 90 años, las mujeres tenían también más probabilidades de ser graduadas universitarias, casadas, con altos ingresos, tener una dieta saludable y hacer ejercicio constantemente.

Shadyab finaliza diciendo que “aunque no podemos determinar nuestros genes, nuestro estudio muestra la importancia de transmitir comportamientos saludables a nuestros hijos. Ciertas elecciones de estilo de vida pueden determinar un envejecimiento saludable de generación en generación”.

Con información de:

abc.es/familia

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