desesperanza aprendida
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En términos generales, la desesperanza es considerada un pesar, una enfermedad, una condena, de gran potencia limitante.

El filósofo Nietzsche, la consideraba “la enfermedad del alma moderna”. Puede decirse que es un estado en el que se ven debilitados o extinguidos, el amor, la confianza, el entusiasmo, la alegría y la fe. Es una especie de frustración e impotencia, en el que se suele pensar que no es posible por ninguna vía lograr una meta, o remediar alguna situación que se estima negativa. Es una manera de considerarse a la vez: atrapado, agobiado e inerme.

Desesperanza no es ni decepción ni desesperación. La decepción es la percepción de una expectativa defraudada, la desesperación es la pérdida de la paciencia y de la paz, un estado ansioso, angustiante que hace al futuro una posibilidad atemorizante. La desesperanza, por su parte, es la percepción de una imposibilidad de logro, la idea de que no hay nada que hacer, ni ahora, ni nunca, lo que plantea una resignación forzada y el abandono de la ambición y del sueño. Y es justamente ese sentido absolutista, lo que le hace aparecer como un estado perjudicial y nefasto.

Martin Seligman, creador de una corriente psicológica conocida como “Psicología Positiva”, estudió a fondo este tema, y junto con un destacado colaborador, Steven Maier sometieron a un grupo de perros a un experimento en el que se les aplicaba descargas eléctricas, impredecibles e incontrolables.

Entre sus conclusiones, reportaron que los animales se vieron impedidos de predecir o controlar el estímulo doloroso, por lo cual perdieron su motivación y lucían desanimados, lentos y torpes para actuar y limitados para aprender nuevos comportamientos.

Hoy sabemos que en la política y en la guerra se usan estrategias para generar en los disidentes, opositores y / o enemigos, estrategias de este tipo para desmoralizarlos y evitar iniciativas resistentes a los abusos de poder.

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Aquí algunos consejos para superar la Desesperanza aprendida

  • Comprender que se trata de una percepción y no de una realidad.
  • Asumir que todo pasa y que cada día es nuevo, y está lleno de posibilidades y potencialidades. Sin caer en el pensamiento mágico que las cosas se arreglan solas….
  • Buscar formas creativas de abordar la situación valorada como amenaza.
  • Apoyarse en personas que tengan otros recursos que usted no posea. Crear grupos de apoyo con amigos, vecinos y/o familiares.
  • Reevaluar o re conceptualizar la situación en busca de ángulos positivos.
  • Aceptar, adaptarse y esperar un mejor momento para actuar, si considera que realmente nada puede cambiarse aquí y ahora, sin que esto signifique, que no hará nada.
  • Centrarse en los recursos, dones y talentos, en vez de enfocarse en el problema o en sus posibles consecuencias negativas. Ocúpese no sólo preocúpese.
  • Buscar en su experiencia conductas que le hayan servido para superar situaciones similares.
  • Segmentar la acción. No se complique. Defina una estrategia y dé un paso a la vez para salir de la situación.
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Lo más importante aquí, es que comprenda que la gran mayoría de las veces, salvo en casos extremos de catástrofes naturales o eventos críticos inesperados, lo que vemos como “problema” es en realidad una idea mental que se genera cuando evaluamos una situación en razón de nuestras posibilidades de resolverlo. No es algo que está allá “afuera”, y sobre lo cual no tenemos influencia alguna.

Todos de alguna manera podemos participar en la resolución de los conflictos bien sean estos personales, sociales o individuales. Somos responsables incluso de lo “que no hacemos”.  Reflexione sobre esto, tome precauciones y viva lo mejor que le sea posible siempre con la esperanza que todo problema siempre tiene una solución y de Usted depende encontrarla paso a paso. ¡Llegó el momento de ocuparse!

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Lic. Stefania Aguzzi

Redes sociales: @stefaniaaguzzi

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