“Se aprovechan de mi nobleza”

(Roberto Gómez Bolaños)

 Una historia breve que explica eso de la gente que se aprovecha de otra

 Hace muchos años desayunando con quien es hoy mi mejor amiga, me dice: “estoy cansada de que se aprovechen de mi”.

Sin dudas ese era un mensaje para mí en el marco de nuestra naciente amistad. Ya tenía yo clara la manera como veo eso de aprovecharse de otras personas, pero antes de hacérsela saber, como si no fuese una advertencia para mí, le pregunté: ¿Cómo sabes que la gente se aprovecha de ti? Sin pensarlo mucho, como quien ya ha se ha respondido esa pregunta muchas veces antes, me dijo: “porque yo hago de todo por y para la gente y no recibo nada a cambio”.

Yo estaba seguro que esa sería su respuesta porque también la había escuchado muchas veces antes.

Una manera diferente de ver el aprovechamiento

Cuando ella me responde eso, hice silencio por unos segundos en los cuales ella me dice: ¿por qué te quedas callado? Eso me dio paso darle a conocer mi concepción del aprovecharse de otros, de hacerlo con respeto y con propósito consciente, porque…, todos los hacemos, todos nos aprovechamos de otros. Solo que podemos hacerlo con sentido humano y agradecido.

Entonces le dije: claro, es que todos nos aprovechamos de todos, ese es tal vez el fundamento de toda relación humana, si de toda relación humana. Ante esto me increpó con cara de – ¿queeeeeé? –  y me preguntó: ¿Cómo es eso chico, tú debes estar loco?

Gente aprovechada

Foto Referencial

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Pues no – le dije –, es solo una manera diferente y tal vez más sincera de identificar, reconocer y aceptar que todos nos aprovechamos de otros. Y es que todos, si todos, somos una oferta para otros y en consecuencia otros son una oferta para nosotros. Dicho de otra manera tú tienes algo que identifico útil y necesario para mí y viceversa y si además me lo ofreces a viva voz, no puedo escapar de la tentación de aprovechar la oferta.

Así, por ejemplo yo me aprovecho del tiempo que me mi amiga me dedica, me aprovecho de que me escuche, me aprovecho de su compañía en momentos en los cuales he necesitado su apoyo y ella desde sus posibilidades y deseos me lo da, me aprovecho de las miradas que le da a las situación que vivo y comparto con ella porque me han servido de alerta para cambiar el rumbo cuando lo he considerado necesario. Me aprovecho de su rico pabellón cuando lo hace y lo comparte conmigo, me aprovecho de lo bien que baila y de su gusto de bailar conmigo.

A estas alturas del texto seguro piensan que me quedo solo con esta mirada inmaterial del aprovechamiento, pues no, también me aprovecho de su carro cuando el mío esta malo, ella no lo está usando y quiere prestármelo, también de su dinero cuando me quedo corto y ella tiene la disponibilidad de prestarme con acuerdo claro de pago.

SI, si me aprovecho de mi amiga. ¿No lo haces tú?, de tu amigo, de tu jefe, de tus hermanos, de tus vecinos, de tus padres, de tus hijos, de tus familiares y de otras personas. ¡Si!

La cara fea del aprovechamiento

Si te pregunto para qué das lo que das cuando lo das y tu respuesta es, para recibir algo a cambio…, esa es la cara fea del aprovechamiento, porque posiblemente el otro no sabe qué esperas algo a cambio. Yo se que dirás, y yo también lo pienso: caramba mínimo las gracias.

Gente aprovechada

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Sin dudas el agradecimiento es una energía de intercambio que multiplica las puertas que alguna vez se abrieron, pero debes entender que cuando das, lo que sea que des, es una decisión personalísima y, que el acto mismo de dar debería ser tu recompensa y no un acto con el cual hipotecas al otro sin que lo sepa. Si tu plan es hipotecar, entonces debes establecer claras las condiciones, por ejemplo: te presto el carro y me lo entregas lavado y con el tanque de gasolina full. Ahora esta posición implica sin dudas que la relación de aprovechamiento acaba una vez que el carro regresa. Ojo, no quiero decir que esto este malo o bueno, pero sí que deja claro los límites del intercambio.

Cuando la relación de aprovechamiento es nutritiva, queda claro que lo que te doy no debe ser devuelto en iguales condiciones, es decir, carro por carro. En una relación nutritiva de aprovechamiento el agradecimiento e intercambio sano está en identificar y valorar lo que cada quien tiene para el otro y que se da por el placer de darlo y de recibir a cambio cuando sea necesario y sea posible para cada cual sin sensación de estar hipotecado porque también se condena la relación a muerte.

Se trata de valorar nuestras diferencias, al final si me das lo mismo que te doy significa que lo tengo y si lo tengo para qué lo quiero de nuevo y, si lo he perdido eso no implica que lo tengas.

Obviamente, no se trata de convertirnos en el depósito al que otros pueden venir a tomar lo que quieran sin reponer con otra cosa en otro momento, no se trata de eso.

Solo tú sabrás cuando ponerle limite y cuál de tus relaciones no es nutritiva y sabrás también cuando ponerle fin por tu salud y la de los involucrados.

De ser ese el caso, siéntete feliz por lo que diste y lo que recibiste, al final tú lo permitiste.

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Hernán Hernández

Doctor en Educación. Jefe de la cátedra de Psicología. Coach Neurolinguistico. Conferencista Internacional. Motivador. Radio & TV Host.

Instagram / Twitter:  @hernanjhernandez

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