A lo largo de la vida los seres humanos experimentamos constantes cambios que a veces sabemos cómo manejar y a veces no. Imagínate por un momento la crisis de los 30 ó 40, en fin, que ya siendo adultos puede que a muchos les caiga como un tsunami. Igualmente, les ocurre a los bebés y los dos años es algo así como una “adolescencia bebenil”, o así he querido llamar esta etapa.

Desde que estaba embarazada escuchaba frases como: ‘y espérate cuando llegue a los dos. Ahí sí te van a salir canas. Ahí sí vas a saber lo que es bueno’ y cualquier otra cantidad de oraciones terroríficas que me hacían querer detener el tiempo y que mi bebé no creciera jamás.

 Que no duerma, que llore, que se meta y pare en todo… Todo eso lo puedo soportar (pensaba), pero, ¿pataletas?, ¿berrinches?, ¿groserías?, ¡eso sí que no! Permítanme hacer una pausa y reírme de mi inocencia jajaja.

Les cuento que es inevitable. No hay poder humano, no hay libro, ni revista, ni canal en Youtube, ni blog, que pueda detener la llegada de las pataletas, de las rabietas, de los gritos “sin razón”, de los “¡Dios mío, dame pacienciaaaaa!”. Pero, lo que sí se puede hacer es ayudar a controlarlas y anticiparnos a las mismas para no enloquecernos.

terribles dos años

Foto cortesía

Lea también: Cuando creemos que nada nos puede pasar, algo pasa

¿Cuándo inicia esta etapa?

En teoría, es a partir de los dos años cuando los niños comienzan a conocer la rabia, la frustración, el egocentrismo, pero la verdad es que esta crisis puede comenzar antes. A mi bebé le empezó como a los 19 meses.

El horror inició cuando llegamos a casa, después del jardín, mi bebé quería agua y le dije: ya voy amor, ya te sirvo. Y eso fue la peor ofensa para él, no tener ya el vaso con el agua lista. Ha lanzado un grito que hasta me asustó y acto seguido se ha lanzado al piso. “¿¿¿¿QUÉ?????” Casi me da un yeyo y le dije: oye, oye, qué es eso, qué estás haciendo, hijito, párate. Esa se resolvió rápidamente, pero ese episodio se repitió como dos veces más.

Confieso que la tercera vez que mi bebé hizo pataleta reaccioné mal y le grité. Fue peor porque se asustó y en lugar de calmar el llanto, se incrementó. Hablé con el pediatra, con una psicopedagoga, con las maestras y entendí que ya en esta etapa es verídico que ellos son unas repetidoras.

Así como aprenden los números, las letras, los colores y todo lo que le enseñemos, así mismo aprenden las groserías, los gritos, los mordiscos, los manotones. Básicamente son unas esponjitas que están absorbiendo y grabando todo en su cerebro.

Entonces, si lo le grito cuando tiene una pataleta, qué va a hacer mi bebé, pues gritar más fuerte. Ahí fue cuando comencé a optar por tratar de identificar poco a poco las cosas o situaciones que le disgustan, entenderlo, preguntarle, si no le entiendo, trato de desviar su atención y retomar, para no frustrarlo tan rápido.

Conversamos mucho con él, le explicamos todo. Así su capacidad de entendimiento del mundo se va desarrollando. Cuando es “no”, es “no”, pero le explicamos el porqué. Y me inventé una manera de disolver rápidamente una pataleta y es cantándole o jugándole inmediatamente, desviando su atención. No sé si lo estaré haciendo bien o mal, lo que sí les puedo decir es que me ha funcionado.

terribles dos años

Foto Referencial

Además, les comento, que me siento ‘bendecida y afortunada’ porque, hasta ahora, mi bebé no ha hecho espectáculos en público. De hecho, cuando le comento a alguien lo de las pataletas que sufrimos en pocas ocasiones, casi que me ven como la loca de lo bien que se porta. ¡Amén!

Mantenerles sus rutinas o crearle algunas, irles mostrando cosas nuevas, un cuento nuevo, música nueva o un objeto nuevo, también les permite mantener su mundo curioso atento pero también ordenado y esto ayuda a prevenir que se obstinen.

Es fundamental dedicarles tiempo de verdad. Están descubriendo el egocentrismo, entonces sentarse a leerles, pero también explicarles cuando no pueden estar con ellos y deben jugar con sus cosas solitas, es importante.

Y mucho amor, el amor, aunque suene cliché, puede con lo que sea.

También es una etapa divina

Sin embargo, no todo ha sido malo en esta etapa. Ver a nuestro bebé que ya va teniendo cada vez más conciencia del mundo, ya comienza a preguntar, cada día aprende algo nuevo, poderle enseñar tantas cosas y verlo maravillarse por lo simple de la vida, es hermoso.

Vivir a diario con esa inocencia y esa pureza que con la adultez y la rutina diaria vamos perdiendo, no tiene precio. Estar trabajando, o simplemente sentada leyendo o escribiendo y que llegue mi bebé sin más a darme un beso, dos, o muchos besos y abrazos es un sentimiento que le llena el alma a cualquiera.

terribles dos años

Foto Referencial

En estos días me derritió completamente. Estaba muy agotada de mi trabajo y sin poder descansar. Estaba acostándolo, me dijo: “mami”. Me tomó la cara con sus manitos y me ha dicho: ‘mami, mamo (te amo)’. No tengo palabras para expresarle tanta ternura y tanto amor juntos.

Recuerda que una mujer feliz, cría a un bebé feliz.

Lea también: Mi bebé ya tiene 18 meses: estos han sido los cambios

https://twitter.com/adialasalasb?lang=es

Comenta y se parte de nuestra comunidad