En nuestros tiempos, el dolor emocional, generalmente tiene un mayor impacto en nuestra calidad de vida que un dolor físico. El estrés y las emociones negativas que se derivan de los continuos eventos que se presentan en la cotidianidad venezolana, son los causantes de muchas de las enfermedades y el dolor orgánico que experimenta la mayoría. Incluso ese dolor físico constante puede traducirse o representar una fatiga crónica, fibromialgia o síndrome Burnout (quemado o fundido). Este último vale la pena destacarlo porque se trata de “un tipo de estrés laboral, un estado de agotamiento físico, emocional o mental que tiene consecuencias en la autoestima, y está caracterizado por un proceso paulatino, en el cual se pierde el interés en las tareas, y se puede entrar en un cuadro de profunda depresión”.

¿Por qué el dolor emocional enferma?

Porque el estrés emocional está íntimamente ligado con una inflamación crónica que genera infinitos problemas de salud, la disminución de la función inmunológica, una mayor presión arterial, la alteración en la bioquímica cerebral, el mayor crecimiento tumoral y paren ustedes de contar.

Pero lo peor no es eso, es que la angustia permanente, la preocupación o lo que muchos expertos han calificado como dolor emocional puede ser tan limitante que interfiere con nuestra capacidad de disfrutar la vida y en casos severos, hasta podría hacer que los afectados se cuestionen si vale la pena vivir, es decir, se pueden sumergir en una fuerte depresión que les impulse a quitarse la vida.

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¿Cómo aliviar el dolor emocional?

Enfocarse en superar la pérdida o rechazo. Uno de los principales causantes del dolor emocional es el rechazo. Cuando no nos aceptan en un trabajo, cuando nuestros amigos nos evitan, cuando nos deja una pareja o cuando un gobierno subestima nuestra existencia; todo eso es rechazo y no hay algo que nos haga sentir más miserables y sin valor propio.

Ante el rechazo debemos valernos de todas las herramientas que existan para superarlo. Este tipo de frustración estimula las mismas “vías” en el cerebro que se activan cuando se experimenta dolor físico, y es precisamente por ello por lo que nos duele igual.

¿Han sentido alguna vez el corazón roto? Yo sí, y… ¿Sienten que les duele un montón, cierto? Cuando nos sentimos rechazados, por la tristeza, uno ve mermado sus capacidades o habilidades mentales. Nos volvemos incapaces de pensar, recordar situaciones del pasado e incluso, tomar decisiones. Por ello, debemos buscar a toda costa, superar rápidamente los “guayabos”, de cualquier tipo, para preservar nuestro equilibrio mental.

Evitar los pensamientos negativos recurrentes. Ciertamente pensar es bueno, porque el reflexionar sobre lo malo que nos sucede nos puede permitir tener el crecimiento emocional y el conocimiento necesario para no volvernos a tropezar con la misma piedra. En otras palabras, pensar en un evento doloroso nos puede ayudar a entenderlo y darle un cierre, pero cuando “la pensadera” se vuelve permanente e incluso en nuestro único tema de conversación, lo único que lograremos es aumentar nuestros niveles de estrés y es algo que incluso puede terminar siendo adictivo.

Cuando pensamos cosas dolorosas nuestra bioquímica cerebral se altera negativamente y dichas sustancias generan inflamación y por consiguiente enfermedad. Y esto se vuelve un circulo vicioso, porque ese malestar nos causará preocupación y esta preocupación ejercerá el mismo efecto pernicioso sobre el cerebro.

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Ver lo bueno en lo malo…

Ser positivo es vital para vivir más plenos y evitar la enfermedad emocional más por consiguiente física. Si dan lugar en su alma a la impotencia, después de experimentar un fracaso, o atribuyen éste a su incapacidad o mala suerte, esto sin duda lesionará su autoestima.

Lo sano es analizar lo que se hizo mal e implementar los correctivos correspondientes, porque normalmente los errores se generan por factores que pueden modificarse. Es inútil sentir que no servimos porque simplemente no es así, siempre podremos mejorar.

Por ejemplo, si se trata de un trabajo u ocupación, o nos preparamos mas o nos enfocamos en otro proyecto para el cual si manejemos toda la experticia. Debemos intentar todo lo que se pueda sin desilusionarnos, ni desmayar.

Manejar la culpa para lo positivo. La culpa puede ser buena si nos sirve para entender que debemos hacer para evitar dañar a otros, pero solo hasta ese punto; si la misma perturba nuestra capacidad de concentrarnos y disfrutar la vida, pues no es útil.

Si se siguen sintiendo culpable después de haberse disculpado y haber procesado suficientemente la situación negativa, entonces deben asegurarse de expresar al afectado su empatía y hacerle saber el hecho de que ustedes entienden el impacto que tuvieron sus acciones. Esto probablemente les permita recibir un perdón sincero y aliviar así su remordimiento.

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La clave de la salud emocional: pensamiento positivo

Las afirmaciones o pensamientos positivos que podamos construir en nuestra cabeza pueden ayudarnos a superar los tropiezos que tengamos en la vida y reforzar esa autoestima menoscabada por un fracaso o rechazo.

Pudiéramos comenzar haciendo una lista de esas cosas que hacemos bien o de nuestras cualidades, por ejemplo, en mi caso: «Tengo una gran ética de trabajo», “Soy cumplida y responsable”, “Tengo voluntad y pasión”, “Soy respetuosa de las necesidades y capacidades de otros”. Este tipo de afirmaciones positivas para con uno mismo, pueden ser un ejercicio mental maravilloso que nos hará sentir mejor. Y al sentirnos mejor tendremos la energía para seguir adelante y superar cualquier escollo.

Igualmente podemos realizar una lista con aquello que debemos mejorar o cambiar, para estar pendientes y enfocados en eso que puede ser perfectible para evitar nuevos tropiezos en la vida.

En síntesis…

Lo importante es accionar para no quedarnos en las lamentaciones, en la depresión y todo aquello que nos sumerja en el dolor emocional tan perjudicial para nuestra salud mental y física.

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María Laura Garcia

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